cuando las palomas se reproducen incontroladamente podríamos hablar de superpoblación provocando muchos y variados problemas:
Sus deyecciones corroen la piedra de los edificios históricos, estropean cornisas y tejados, ensucian los monumentos y degradan las fachadas en las que anidan o reposan.
Ensucian azoteas, balcones y terrazas hasta tal punto que, en algunas zonas, no es posible tender la ropa fuera de recintos cerrados.
Destrozan los parterres de los jardines y sus plantas ornamentales.
Ocasionan ruidos molestos en horas intempestivas.
Llegan a provocar problemas de salud transmitiendo a la población infecciones de origen ornitológico.
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