Los griegos tenían dos palabras para el tiempo: chrónos y kairós.
Chrónos es el tiempo lineal, que se mide con el reloj.
Kairós es el momento justo, no el tiempo cuantitativo sino el tiempo cualitativo de la ocasión, la experiencia del momento oportuno.
El Dios griego Kronos era representado como un gigante que estaba tan asustado de ser suplantado por sus hijos, que se los comió vivos. Por eso simboliza el tiempo que pasa, irrepetible, irrecuperable y limitado, que tenemos que aprovechar.
El Dios griego Kairós era representado como un ser pequeño y calvo con un único mechón de pelo que colgaba detrás de su cabeza. Si la persona era capaz de agarrarse a él en el momento preciso, obtenía suerte; pero si tardaba un solo instante más, sus manos resbalaban y perdía la oportunidad de ser feliz. Por eso es que el tiempo Kairós posee calidad y no puede medirse con el reloj, ya que se vive en función de la carga afectiva que posee. Somos lo que somos a causa de los momentos especiales.
En castellano tenemos muchas palabras derivadas de la palabra CRONOS:
- Cronómetro → Instrumento para medir el tiempo con precisión.
- Cronología → Estudio o relación de los acontecimientos según el orden del tiempo en que ocurrieron.
- Cronista → Persona que narra hechos históricos en el orden en que ocurrieron.
- Sincrónico → Relativo a lo que ocurre o existe al mismo tiempo.
- Anacrónico → Que está fuera de su tiempo histórico o cronológico. Se usa para referirse a algo que no corresponde a la época a la que se le asigna.
👉 A diferencia de CRONO, la raíz griega KAIRÓS ha generado muy pocos derivados léxicos directos en español.
Su presencia es sobre todo filosófica, retórica, teológica y conceptual:
- Kairológico / Kairológica → Relativo al kairós, es decir, al tiempo oportuno o significativo.
- Kairomántico / Kairomancia → Práctica adivinatoria basada en identificar el momento propicio para actuar (uso marginal y esotérico).
¿Por qué creeis que el lenguaje "estandar" o el "coloquial" no utiliza palabras derivadas de KAIRÓS?
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El vocablo mangante y su diminutivo mangui son dos sinónimos de ladrón que provienen de la lengua de los gitanos. Surgen del verbo mangar.
En caló significaba originalmente ‘pedir, mendigar’.
La popularización de dichos términos hizo que con el tiempo se relacionara a quienes se dedicaban a mendigar con la delincuencia y, de ahí, que se transformara el significado original.
Quinqui es otra forma de denominar a los delincuentes.
El término se popularizó hacia finales de la década de 1970 y toda la de 1980 por el gran número de películas que se rodaron y cuya temática era la delincuencia juvenil.
Pero el vocablo no surgió entonces, sino que es muy anterior.
Hacía referencia a aquellos que se dedicaban a vender quincalla (baratijas, piezas de escaso valor), comúnmente conocidos como quincalleros, cuyo apocopé es quinqui.
Estos solían ser de la etnia de los mercheros, un pueblo nómada dedicado a la venta ambulante y cuyos miembros tenían fama de delincuentes.
Fuente: Blog de Alfred López: "Ya está el listo que todo lo sabe".
Voz latina que significa "lado" o "borde".
La cuesta es el lado de una montaña.
El extremo de la tierra, cuando se junta con el mar se llama... costa.
Las costillas están en el lado del cuerpo. (Por proximidad, a la espalda también se la llama "costal". De ahí, llevar a alguien "a cuestas".
Cuando te tumbas de lado, apoyando las costillas, te... acuestas.
Costar (esto cuesta 10 euros), como sinónimo de "valer dinero", no comparte la misma etimología.
Costar proviene de "constare", que significa "llegar a un acuerdo".
Fuente: Elaboración propia + etimologias.org
El origen de esta expresión está en Madrid. Un pino que por lo visto se plantó durante la época del reinado de Felipe V en el siglo XVIII como parte de una serie de pinos. El primero de los cuáles se colocó en el Paseo del Prado, y luego se fueron plantando otros cuatro en el mismo eje hasta llegar a Nuevos Ministerios (Parque del Retiro, Puerta de Alcalá, Castellana)
El quinto pino estaba muy alejado y semiescondido y por ello, era el perfecto para que las parejas que querían algo de intimidad. En el caso de las jóvenes que acudían con carabina a sus citas, sólo tenían permiso para ir hasta el cuarto pino pero nunca más allá, mientras la carabina se quedaba siempre en uno de los pinos anteriores.
A partir de entonces nació esta curiosa expresión para referirse a un lugar lejano en el que poder encontrarse y tener algo de intimidad. Con los años también ha cambiado el sentido o la intención con la que se dice el ‘quinto pino’ y ya no la usamos para referirnos únicamente para una connotación que tenga que ver con encuentros de amantes o de parejas, sino para hablar sencillamente de aquellos sitios que están muy lejos o que de hecho, nos ha costado mucho llegar.
Autora: Blanca Espada (OK Diario)
El origen de esta expresión está en los escribanos que transcribían los textos clásicos antes de que apareciera la imprenta en el siglo XV. Al parecer, para demostrar que su transcripción había sido fiel al original, los frailes añadían la frase “de palabra a palabra” a sus textos. De ahí la abreviatura “de P. a P.”, para indicar que algo se había expresado de forma íntegra.
Fuente: Xabier Villatella (La Vanguardia)
Hoy empleamos esta expresión cuando queremos aludir a alguien que desvela un secreto que puede afectar a otros, pero tiene un origen más bien oscuro. ¿De dónde proviene esta expresión? ¿Levantar la manta que escondía la inmundicia, como quien levanta la alfombra que esconde el polvo? Tiene sentido, pero no se trata exactamente de eso.
La versión más extendida es que la locución empezó a usarse en Tudela. Desde el siglo XVII, en el interior de la catedral de esa ciudad pendía una gran manta que contenía nombres de personas condeandas por haber realizado actos impuros o, sencillamente, por descender de una familia de "no cristianos". "Tirar de la manta se refería a "rastrear" el origen familiar de estas personas dando por supuesto que sus antepasados tenían algo vergonzante que esconder. En aquella época, la expresión "ser de los de la manta" era un insulto.
Algunos historiadores aportan otros matices al relato. Según esta otra versión, la existencia de esos lienzos fue fuente de conflictos y murmuraciones en muchas parroquias. De ahí que algunos párrocos y alcaldes decidieran taparlas con enormes mantas. “Tirar de la manta”, por tanto, provendría de ese gesto de “destapar” el lienzo o mantilla para descubrir los nombres que estaban debajo.
Autor: Xavier Villatella (La Vanguardia)
Poner los cuernos es una expresión tan habitual como despectiva. La Real Academia Española (RAE) limita su uso a una infidelidad matrimonial, para referirse a alguien que está siendo infiel a su pareja.
"Poner los cuernos" es un modismo empleado en el español desde hace siglos, puesto que ya encontramos referencias en el Diccionario de Autoridades de 1729, donde se define como "faltar o hacer faltar a la fe del matrimonio".
La expresión"poner los cuernos" retrotrae a la Edad Media, época en la que el señor feudal, supuestamente, tenía derecho a acostarse con la esposa de su vasallo la noche de bodas. Cuando ejercía ese 'derecho de pernada', se colgaba en la puerta de la casa del marido una cornamenta de ciervo como aviso para que no fueran molestados.
Fuente: 'Guía etimológica', de la filóloga Héloïse Guerrier, vía Elmundo.es.
Los excrementos y residuos que se amontonaban por las calles de Madrid en el verano de 1834 dieron lugar a un brote de cólera que se extendió por media España . Esteban Fernández, más conocido como Tío Esteban, era un madrileño que se ganaba la vida con un carrusel infantil con cuatro caballos de juguete en la calle Paseo de las Delicias. De pronto, el Tío Esteban cayó enfermo fruto de la epidemia y murió . Su fallecimiento causó mucho dolor a los vecinos del barrio, especialmente a los niños que se entretenían en su «atracción» día tras día.
Cuenta la leyenda que los familiares y amigos del Tío Esteban le colocaron en un ataúd abierto y le llevaron al cementerio en un cortejo fúnebre pasando por delante de su negocio. En el momento en el que se encontraban delante de su carrusel de «caballitos» se escuchó una voz procedente del interior del féretro. «¡Estoy vivo!, ¡estoy vivo!». Era Esteban Fernández que milagrosamente había «vuelto al mundo».
Una vez recuperado el Tío Esteban regresó a su trabajo. Su fama se propagó como la pólvora. Había incluso los que se desplazaban hasta el lugar simplemente para ver que realmente estaba vivo. «El tío vivo» se convirtió en una celebridad y aunque a Esteban en un principio no le gustaba la manera en la que se referían a él, al final lo aceptó y se quedó con el apodo.
Su atracción paso de llamarse «los caballitos» a «los caballitos del Tío Vivo» a, finalmente, «El Tío Vivo» . Supuestamente es de esta historia de donde proviene la palabra «tiovivo», que tan extendida está ya por nuestro país.
Fuente: 'Costumbres populares", de Sofía Tartilán 1881; adaptada en ABC.
Infante, infantil, infancia... Son palabras que se refieren a los niños pequeños y que comparten la misma etimología: del latín "in-fari" (niño pequeño incapaz de hablar)
Porque "FARI"= hablar + "IN"= no.
De ahí que trastornos del lenguaje como la afasia o la disfasia también vengan de la raíz latina "fari" = hablar. --> fablar.
En inglés, "infant" se sigue denominando al menor de 12 meses, pero en Francia, "enfant" significa "joven" o "menor de 14 años".
Por eso en castellano se utiliza la palabra "infantería" para denominar a los soldados que van a pie porque en la Edad Media era una labor que desarrollaban los más jóvenes. Los soldados a caballo eran jóvenes nobles más maduros.
Siguiendo con la raíz "fari", una persona afable es con la que se puede hablar.
Algo inefable es algo que no se puede expresar con palabras y el prefacio es el prólogo de un libro (las primeras palabras).
De la misma raíz son palabras como "fama" o "famoso"; es decir, gente de la que se habla mucho.
Pero también "infamia", "infame", "difamar"... Que significa lo contrario, "hablar mal de alguien".
Fuente: Parentescos insólitos del lenguaje, de Fernando A. Navarro.
Un catedrático o una catedrática es una persona que ocupa una cátedra. Es decir, es una persona que enseña una asignatura en la universidad.
La diferencia entre un profesor que es catedrático y otro que no lo es (simplificándolo mucho), es que el catedrático es fijo y el otro no.
La explicación es muy sencilla si nos fijamos en la etimología: "Kathedra" en griego significaba silla. Por tanto, un catedrático es aquella persona que tiene un silla fija desde la que impartir su asignatura.
Y cuando posamos las nalgas en dicha silla, ¿qué parte del cuerpo es la que está más próxima? ¡La cadera!
De ahí, que una palabra proviniente del griego que significaba "silla" entrara en el castellano a través del latín con dos significados diferentes aunque próximos: cátedra y cadera.
Fuente: Blog de Lengua de Alberto Bustos
¿Qué significa pontífice? ¿Quién es el actual sumo pontífice?
Un pontífice es un obispo de la iglesia católica y el actual sumo pontífice es León XIV, cuyo nombre es Robert Francis Prevost.
Las palabras puente y pontífice vienen del latín PONTEM. En gallego y portugués, por ejemplo, puente se dice "a ponte". Es curioso porque "a ponte" sigue siendo una palabra de género femenino. Pontem también era femenina. ¿Por qué? No hay una razón etimológica. Se sospecha que por el uso que le dieron los hablantes. Pasa lo contrario con las palabras "sanguinem" (sangre) y "fontem" que pasaron de masculinas a femeninas. En castellano solo queda un resquicio de puente en femenino en un "topónimo" (nombre de un lugar): La Puente. Que igual os suena porque es un apellido.
Por cierto, en avéstico y en sánscrito existen las palabras panthah y pantam que significan 'camino' y que pueden estar relacionados con el latín PONS, que es una palabra un tanto misteriosa etimológicamente. La verdad es que un puente y un camino comparten un significado parecido.
A la persona que tenía, en la antigua Roma, la máxima autoridad religiosa se la llamaba PONTIFEX MAXIMU, lo que nosotros llamamos emperador, título que después pasó al obispo de Roma.
Pues, no casualmente, el título PONTIFEX significaba etimológicamente 'el constructor de puentes', ya que esa persona construía relaciones entre los mortales y los dioses.
Fuente: Linguriosa
Según la RAE, un asesino es aquel que asesina, simplemente, y asesinar es matar a alguien con alevosía, enseñamiento o por una recompensa. Y dentro de esta misma definición vemos que se introduce la variable por una recompensa, que es la que nos interesa para los sicarios, que son los asesinos asalariados según, de nuevo, la RAE.
En resumidas cuentas, que un asesino no tiene por qué cobrar, pero un sicario siempre cobra.
La palabra asesino nos viene del árabe haššāšî, que era una persona que bebía hašîš, y seguro que esta palabra ya os suena de algo, porque, sí, es de donde viene nuestra palabra hachís. Para ellos era una bebida que se hacía con la sustancia del cáñamo, para nosotros es un producto que se saca de esta planta. Estos haššāšî eran famosos por sus trances y por cometer asesinatos políticos, magnicidios en muchos casos.
Y luego están los sicarios, nombre que viene de SICARIUS en latín, que era la persona que llevaba una SICA. La SICA era un cuchillo con la punta curva, era muy pequeño y podía esconderse muy bien entre los ropajes, de ahí que fuera el arma favorito de estos maleantes.
Fuente: Linguriosa
Está claro que nuestra palabra perro no viene del latín CANEM.
De esta palabra latina hemos cogido prestadas can, cánido, canino...
El español es la única lengua romance (procedente del latín) que al perro lo llama "perro".
En la mayoría de las demás lenguas romances, para denominar al "perro" recurren al latín CANEM (Portugués: cao; gallero: can; francés: chien; italiano: cane...)
¿De dónde viene la palabra "perro"?
El origen es incierto y no está demostrado.
La primera constancia escrita es del siglo XI.
Algunas teorías aseguran que es un sonido onomatopéyico que procede del sonido con el que se llamaba a los "canes": ¡¡Prrrrrrrrrrrr!!