NUESTROS EXPERTOS
NUESTROS EXPERTOS
JUAN CARLOS RAD MORADILLO
Recientemente, hemos visitado y establecido una valiosa línea de colaboración con el Dr. Juan Carlos Rad Moradillo, destacado edafólogo. Su profunda experiencia en el estudio de los suelos ha supuesto una aportación invaluable para nuestro proyecto, permitiéndonos comprender con mucha más precisión las interacciones químicas y físicas entre nuestra película de agar y los diferentes entornos sedimentarios de los yacimientos.
FIDEL TORCIDA
Recientemente, tuvimos el privilegio de compartir una enriquecedora videollamada con Fidel Torcida, director del Museo de los Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos). Durante la conversación, Fidel nos adentró en los entresijos del trabajo de campo paleontológico y nos explicó una de las técnicas más curiosas y vitales de su profesión: la creación de "momias" para el transporte de restos frágiles.
Fidel nos aclaró que, aunque el término nos haga pensar en el antiguo Egipto, en el argot de la paleontología una "momia" (también conocida como camisa de yeso o plaster jacket) es un embalaje protector hecho a medida.
Cuando el equipo de excavación halla un fósil, este suele ser extremadamente frágil tras haber pasado millones de años bajo tierra. Intentar levantarlo tal cual supondría que se fragmentara en cientos de pedazos. Para evitarlo, los paleontólogos "momifican" el fósil siguiendo un proceso meticuloso:
Aislamiento: Se excava alrededor del hueso dejándolo sobre un pedestal de tierra.
Primera capa: Se cubre el fósil con papel húmedo, papel de aluminio o papel higiénico para que el yeso no se pegue directamente al hueso.
El vendaje: Se empapan tiras de tela de saco (arpillera) en una mezcla de agua y escayola, y se van colocando alrededor del fósil y de la roca que lo envuelve, cruzándolas como si estuvieran vendando una herida.
Extracción: Una vez que la escayola fragua y se endurece como una roca, se excava por debajo del pedestal, se voltea la pieza y se sella la parte inferior con más escayola.
Tal y como nos explicó Fidel Torcida, esta técnica es absolutamente fundamental para el éxito de las excavaciones en la comarca de la Sierra de la Demanda. Gracias a estas robustas "momias", los delicados restos de dinosaurios pueden soportar el traslado desde los escarpados yacimientos, a menudo en vehículos todoterreno y por caminos irregulares, hasta el laboratorio del museo en Salas de los Infantes.
Una vez a salvo en el laboratorio, los preparadores abren cuidadosamente la momia, a menudo usando sierras especiales, para comenzar el largo y minucioso proceso de limpieza y restauración del fósil.
Fue una charla fascinante que nos hizo valorar la enorme precisión, el esfuerzo físico y el ingenio que requiere rescatar el pasado antes de que llegue a las vitrinas de un museo.
FIDEL TORCIDA
Recientemente, tuvimos el privilegio de compartir una enriquecedora videollamada con Fidel Torcida, director del Museo de los Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos). Durante la conversación, Fidel nos adentró en los entresijos del trabajo de campo paleontológico y nos explicó una de las técnicas más curiosas y vitales de su profesión: la creación de "momias" para el transporte de restos frágiles.
Fidel nos aclaró que, aunque el término nos haga pensar en el antiguo Egipto, en el argot de la paleontología una "momia" (también conocida como camisa de yeso o plaster jacket) es un embalaje protector hecho a medida.
Cuando el equipo de excavación halla un fósil, este suele ser extremadamente frágil tras haber pasado millones de años bajo tierra. Intentar levantarlo tal cual supondría que se fragmentara en cientos de pedazos. Para evitarlo, los paleontólogos "momifican" el fósil siguiendo un proceso meticuloso:
Aislamiento: Se excava alrededor del hueso dejándolo sobre un pedestal de tierra.
Primera capa: Se cubre el fósil con papel húmedo, papel de aluminio o papel higiénico para que el yeso no se pegue directamente al hueso.
El vendaje: Se empapan tiras de tela de saco (arpillera) en una mezcla de agua y escayola, y se van colocando alrededor del fósil y de la roca que lo envuelve, cruzándolas como si estuvieran vendando una herida.
Extracción: Una vez que la escayola fragua y se endurece como una roca, se excava por debajo del pedestal, se voltea la pieza y se sella la parte inferior con más escayola.
Tal y como nos explicó Fidel Torcida, esta técnica es absolutamente fundamental para el éxito de las excavaciones en la comarca de la Sierra de la Demanda. Gracias a estas robustas "momias", los delicados restos de dinosaurios pueden soportar el traslado desde los escarpados yacimientos, a menudo en vehículos todoterreno y por caminos irregulares, hasta el laboratorio del museo en Salas de los Infantes.
Una vez a salvo en el laboratorio, los preparadores abren cuidadosamente la momia, a menudo usando sierras especiales, para comenzar el largo y minucioso proceso de limpieza y restauración del fósil.
Fue una charla fascinante que nos hizo valorar la enorme precisión, el esfuerzo físico y el ingenio que requiere rescatar el pasado antes de que llegue a las vitrinas de un museo.
EDUARDO CARMONA
Recientemente, nos pusimos en contacto por correo electrónico con Eduardo Carmona Ballesteros, investigador y docente de la Universidad de Burgos (UBU). En su detallada respuesta escrita, Eduardo nos ayudó a entender el inmenso y complejo rompecabezas al que se enfrentan los investigadores cuando toca clasificar los materiales recuperados en una excavación.
Un abanico de restos muy diferentes
En su correo, Eduardo nos explicó que lo que sale de la tierra rara vez es uniforme. En un mismo yacimiento conviven restos de naturalezas muy dispares: fragmentos de cerámica, herramientas de piedra, huesos humanos, restos de fauna o incluso material vegetal fosilizado.
Nos detalló cómo, a simple vista y cubiertos de sedimentos, un trozo de hueso fosilizado o una piedra pueden parecer exactamente lo mismo. El gran reto para los investigadores es saber separar e identificar correctamente este caos aparente.
La porosidad como clave de clasificación
Para resolver esta duda, Eduardo nos subrayó el papel fundamental que juega la porosidad. Nos enseñó que, más allá de la forma externa, hay que fijarse en la microestructura del objeto para clasificar los restos correctamente:
La prueba del hueso vs. piedra: Mientras que la mayoría de las rocas son densas y macizas, el hueso tiene una estructura celular. Observar esa textura porosa (llena de diminutos huecos) es clave para confirmar que estamos ante un resto biológico y no geológico.
Identificación anatómica: La porosidad también da pistas sobre la parte del cuerpo a la que pertenece el resto. La capa externa de los huesos es compacta, pero el interior (hueso esponjoso o trabecular) es altamente poroso. Esto ayuda a clasificar fragmentos muy pequeños.
Estado de conservación: Finalmente, nos indicó que evaluar los poros de un resto revela cuánto se ha degradado o cuánta humedad ha absorbido del terreno. Un resto muy poroso y ligero suele ser más frágil, lo que obliga a adaptar los métodos de limpieza en el laboratorio.
BÁRBARA DE AYMERICH
Para complementar nuestra investigación, tuvimos el privilegio de mantener una videollamada con la reconocida química y divulgadora científica Bárbara de Aymerich. Durante este encuentro, pudimos comprobar de primera mano cómo la ciencia, y en concreto la química, es un pilar fundamental para rescatar y proteger nuestro pasado.
Un análisis profundo de nuestro proyecto
Bárbara dedicó una parte fundamental de la llamada a conocer y evaluar nuestro proyecto en detalle. Con su enfoque analítico y científico, nos ofreció un análisis profundo, dándonos un valioso feedback y aportando una perspectiva química y metodológica que enriqueció enormemente nuestro trabajo. Sus observaciones nos ayudaron a enfocar nuestras ideas con mayor rigor científico.
¿Qué criterios rigen la conservación de los restos?
Aprovechando su experiencia, le preguntamos sobre las reglas de oro a la hora de preservar el patrimonio. Bárbara nos explicó que la conservación no se hace al azar, sino que se rige por criterios científicos muy estrictos para evitar que los restos se desintegren:
La naturaleza del material: Nos aclaró que no se puede aplicar el mismo protocolo a un hueso, a un trozo de hierro oxidado o a madera milenaria. Cada material tiene una composición química distinta que reacciona de forma diferente a los tratamientos.
Estabilidad ambiental: La conservación a largo plazo depende de frenar las reacciones químicas que causan la degradación. Para ello, es vital controlar estrictamente tres factores: la humedad relativa, la temperatura y la exposición a la luz.
El principio de reversibilidad: Un criterio ético y científico clave en la conservación moderna es que cualquier sustancia química (como pegamentos o resinas) que se aplique al resto arqueológico debe poder ser retirada en el futuro sin dañar la pieza original, por si se desarrollan técnicas mejores.
El delicado proceso de extracción
Finalmente, Bárbara nos detalló el complejo proceso de sacar un resto de la tierra. Nos explicó que, durante miles de años, un fósil o un artefacto alcanza un "equilibrio químico" con el suelo que lo rodea.
Al desenterrarlo, el resto sufre un "shock ambiental": entra en contacto repentino con oxígeno fresco, luz y cambios bruscos de humedad, lo que puede provocar que se resquebraje o se convierta en polvo en cuestión de horas. Para evitarlo, el proceso de extracción requiere:
Consolidación in situ: A menudo, antes de mover la pieza, se le aplican consolidantes químicos en estado líquido que penetran en los poros y actúan como un esqueleto interno para darle fuerza.
Aislamiento: Se intenta mantener el microclima del objeto, extrayéndolo a veces junto con el bloque de tierra que lo rodea (como vimos con la técnica de las "momias") para que el cambio ambiental sea gradual y controlado en el laboratorio.
La charla con Bárbara de Aymerich fue reveladora, demostrándonos que la labor en un yacimiento es un esfuerzo multidisciplinar donde la química es la encargada de detener el reloj y asegurar que los hallazgos sobrevivan para ser estudiados.
VISITA AL LABORATORIO DE CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DEL CENIEH
Recientemente, nuestro equipo dio un paso fundamental al tener la oportunidad de visitar el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) en Burgos. Esta institución, referente indiscutible en la investigación de nuestro pasado, fue el escenario perfecto para poner en contexto y validar todo el trabajo que hemos estado desarrollando.
Durante la jornada, tuvimos el privilegio de ser recibidos por Pilar Fernández y su equipo de compañeras. Hablamos de profesionales que se posicionan, sin lugar a dudas, entre las mayores expertas a nivel nacional en los métodos de restauración y conservación de restos arqueológicos. Ellas nos abrieron las puertas de sus instalaciones para enseñarnos de primera mano los rigurosos procesos y metodologías que aplican en la preservación del patrimonio.
El punto culminante de la visita fue el tiempo que pudimos compartir debatiendo largo y tendido sobre nuestro proyecto. Exponer nuestras ideas y desarrollos ante especialistas de este calibre y recibir su feedback directo ha sido una experiencia de un valor incalculable.
Lo más gratificante del encuentro fue la confirmación de los usos reales de nuestro trabajo. Junto a Pilar y su equipo, pudimos analizar y visualizar cómo nuestro proyecto tiene una aplicación directa y práctica en el campo de la arqueología, aportando valor al delicado y crucial trabajo de la restauración.
Esta visita supone un enorme respaldo para nosotros. Comprobar que nuestro esfuerzo tiene cabida en un entorno científico tan exigente nos impulsa a seguir trabajando con más fuerza y convicción que nunca.
VISITA A LA FÁBRICA DE HISPANAGAR
Tras confirmar las aplicaciones de nuestro proyecto en el ámbito de la conservación arqueológica, hemos dado un nuevo salto cualitativo visitando las instalaciones de Hispanagar, empresa líder en la fabricación y tratamiento de agar.
Durante la jornada, tuvimos la oportunidad de sumergirnos por completo en los procesos industriales que se siguen para la extracción del agar. Conocer de primera mano las distintas calidades de este material y comprender los parámetros técnicos precisos que influyen en su comportamiento ha sido una fase formativa clave para afianzar la base de nuestro trabajo.
Sin embargo, la experiencia fue mucho más allá de una visita guiada. El equipo de Hispanagar se involucró activamente en nuestro proyecto, asesorándonos desde su profunda experiencia industrial hasta proporcionarnos el tipo de agar ideal y específico que requieren nuestras necesidades.
Como broche de oro a esta colaboración, nos abrieron las puertas de su propio laboratorio. Contar con sus instalaciones nos permitió realizar in situ todas las pruebas, testeos y ensayos necesarios con el agar proporcionado, asegurándonos de que el material responde exactamente como buscamos.
Contar con este nivel de apoyo técnico e industrial es un impulso gigantesco. Unir el conocimiento experto en patrimonio que recibimos recientemente con el músculo de investigación y desarrollo de materiales de Hispanagar consolida enormemente nuestro proyecto y nos acerca cada vez más a nuestro objetivo final.