La subida de los precios tiene consecuencias que van mucho más allá de pagar más por la compra, la vivienda, la energía o los servicios. También puede provocar un efecto menos visible: terminar pagando más IRPF aunque nuestra capacidad económica real prácticamente no haya mejorado.
Este fenómeno se conoce como “progresividad en frío” y aparece cuando los ingresos nominales aumentan como consecuencia de la inflación, pero los distintos elementos del IRPF no se actualizan en la misma proporción.
Para entenderlo podemos pensar en un ejemplo sencillo. Un trabajador cobra 30.000 euros al año y, como consecuencia del aumento del coste de la vida, su empresa decide subirle el salario un 4 %. A partir de ese momento pasa a cobrar 31.200 euros.
A primera vista parece evidente que gana más dinero. Sin embargo, si durante ese mismo periodo los precios también han aumentado aproximadamente un 4 %, su capacidad real para comprar bienes y servicios prácticamente no ha cambiado.
El problema aparece cuando el sistema fiscal considera esos 1.200 euros adicionales como un aumento de renta ordinario. Si los tramos del IRPF, los mínimos personales y familiares, determinadas reducciones o los límites de algunas deducciones no se actualizan al mismo ritmo que la inflación, el contribuyente puede terminar soportando una mayor carga tributaria.
Es decir, puede ocurrir algo aparentemente contradictorio: ganar más euros, pagar más impuestos y, al mismo tiempo, no ser realmente más rico.
No exactamente.
La progresividad en frío no requiere que el Gobierno apruebe formalmente una subida de los tipos del impuesto. El efecto puede producirse simplemente manteniendo sin cambios determinados parámetros del IRPF mientras salarios y otras rentas aumentan nominalmente debido a la inflación.
Por eso se trata de una cuestión especialmente relevante en periodos de fuertes subidas de precios.
El propio Banco de España ha estudiado este fenómeno y ha señalado que la falta de actualización de determinados parámetros del impuesto ante la inflación puede provocar un incremento de los tipos efectivos soportados por los contribuyentes.
Además, según los datos comunicados por el Gobierno a la Comisión Europea, la no adaptación del IRPF a la inflación habría supuesto aproximadamente 2.294 millones de euros adicionales de recaudación durante 2025.
Conviene aprovechar este debate para aclarar otro error bastante habitual.
Pasar a un tramo superior del IRPF no significa que todo nuestro salario vaya a tributar al nuevo porcentaje.
El IRPF es un impuesto progresivo. Cada parte de nuestra renta tributa al tipo correspondiente a su tramo. Por tanto, una subida salarial nunca provoca que todo el sueldo pase automáticamente a tributar al tipo superior.
Sin embargo, sí puede provocar que una parte mayor de nuestros ingresos quede sometida a tipos más elevados y, como consecuencia, que el aumento neto que finalmente llega a nuestro bolsillo sea bastante inferior al incremento bruto del salario.
El problema no se limita exclusivamente a los tipos y tramos del IRPF.
Muchas deducciones, reducciones y beneficios fiscales establecen determinados límites de renta. Si esos límites permanecen congelados durante años mientras los salarios nominales aumentan, puede ocurrir que algunos contribuyentes pierdan determinadas ventajas fiscales sin haber experimentado una mejora equivalente en su nivel de vida.
Por ejemplo, una pequeña subida salarial podría provocar que una persona supere el límite establecido para aplicar una determinada deducción.
De nuevo, sobre el papel gana más dinero, pero el resultado final puede ser muy diferente cuando se tienen en cuenta el aumento de los precios, el mayor IRPF y la eventual pérdida de beneficios fiscales.
Por eso, cuando recibimos una subida salarial o aumentan nuestros ingresos, no deberíamos fijarnos únicamente en la cifra bruta.
Para saber si nuestra situación económica realmente ha mejorado habría que analizar al menos tres elementos: cuánto han aumentado nuestros ingresos, cuánto han subido los precios durante ese periodo y cuánto ha aumentado nuestra factura fiscal.
Solo después de comparar esas tres variables podemos saber si realmente hemos ganado poder adquisitivo.
La diferencia entre ganar más dinero y ser económicamente más rico puede parecer pequeña, pero en periodos de inflación elevada puede tener un impacto importante sobre las familias, trabajadores y autónomos.
Desde Javier Avial Asesoría seguiremos analizando las novedades fiscales y económicas que puedan afectar a trabajadores, autónomos, empresas y familias, intentando explicar de una manera sencilla cómo pueden repercutir realmente en nuestro bolsillo.
Porque entender los impuestos también es una forma de cuidar tu bolsillo.