¡¿El enamorado?! ¿Ese nombre me pusieron? Primero que nada no sé quién interpretó esta historia tan erróneamente pero quiero hablar con su supervisor y segundo no puedo dejar a todos viéndome de esta manera, así que voy a contar los verdaderos hechos.
Entonces, resulta, que yo me encontraba en mi cama y no podía dormir debido a los mosquitos molestando por allí, el gato por allá y lo peor de todo, el lado frío de la almohada había desaparecido. Cuando vi cómo la puerta de mi casa se abría lentamente e ingresaba una figura que no me agradó para nada, la verdad. Llevaba zapatos y tengo una estricta regla sobre los zapatos sobre mi tapete de entrada. Pero cuestión que me empieza a hablar sobre algo de que su espíritu era la muerte y que el poco tiempo, no sé muy bien, perdí el interés cuando dijo que no me podía regalar su hacha. Pero lo que sí entendí era que este espíritu invadiendo mi casa y arruinando las vibras de esta iba a hacerme pasar a mejor vida.
La verdad es que no estaba nada sorprendido con todos mis dolores y medicamentos por lo que gentilmente le dije que había estado esperando con ansias su visita y que quitarse los zapatos me haría el hombre casi muerto más feliz del mundo. La muerte parecía un poco como si mi reacción la hubiera tomado por sorpresa pero accedió y dejó sus zapatos junto a la puerta.
Yo estaba a punto de acceder a mi destino cuando me di cuenta de algo. No puedo dejar que alguien se crea inteligente por lograr quitarme la vida, ¡no puedo darles el gusto! Entonces debería hacerlo yo mismo. Pero sabía que la muerte no estaría de acuerdo con esto por lo que ideé un plan mientras invitaba a la muerte a una taza de té. Al tiempo que el espíritu parloteaba con sus recientes experiencias y cómo le molestaba que la gente se suicide y le arrebate el privilegio de matarlos con sus propias manos (lo que generó un deseo aún más grande de ejecutar el plan dentro de mí) yo comencé a demostrar, poco a poco, temor a la idea de morir (soy un gran actor) hasta que finalmente rompí en llanto y le rogué que me dejara ir a ver a “mi amada” (que no tengo) una vez más. Esta, no se por qué, accedió y me dejó ir, pero advirtió que si no volvía me iría a buscar.
Una vez fuera de la casa, busqué una torre lo suficientemente alta como para que entrara una doncella dentro. Di vueltas y vueltas por aproximadamente veinte minutos sin éxito, pero no me iba a rendir, mi orgullo no me lo permitiría. Por fin encontré una torre que debía tener, no sé, cuarenta o cuarenta y cinco metros de alto. Y en el interior se oía el canto de una doncella (horrible por cierto). Pero me acerqué, tomé las rocas y comencé a subir.
A mitad de camino, la doncella me vio y creí que todo se había acabado pero estaba muy oscuro y me confundió con un novio suyo llamado Gabriel o algo por el estilo. Y cantó aún más fuerte para su “dulce pancito de miel”. A los tres cuartos no pude aguantarlo más, ni a mis manos sangrientas, ni a mis brazos cansados y acalambrados, ni al horrible canto, y decidí tirarme. Me solté.
Mientras caía vi a la muerte que había venido a buscarme y estaba lanzando un tipo de hechizo para que cayera, pero ya era muy tarde, ya lo había hecho yo mismo (no se si debería estar tan orgulloso de eso). La satisfacción me invadió e incluso disfruté los últimos metros de caída. Pero...¿ vieron lo que dicen de que el último sentido que se pierde cuando uno fallece es el oído? Bueno, logré oír a la doncella decir:
—¡Usted es la muerte! ¡Usted ha asesinado a mi amado Gabriel! Todo el mundo sabrá esto.
—Okey, pero su nombre es Carlos, no Gabriel, recuerde agregar eso —le respondió la muerte con tono burlón.
—¿Toda pareja tiene sus cosas verdad? —exclamó ella con una risa nerviosa
Pero no logré escuchar lo que la muerte le contestó.
Seguro fue esa arpía con voz de gallo la que manchó mi orgulloso nombre y le dijo a todo el mundo que era una pobre víctima de la muerte. Mi plan hubiera sido perfecto si esa chismosa se hubiera metido en sus cosas. Espero que la muerte le haga una visita pronto y luego podremos hablar y discutir lo sucedido.