Esta fiesta, muy característica de la ciudad, tiene su origen en la Edad Media, en la que las familias ofrendaban a la Virgen con un cohete por cada uno de sus hijos. Hoy aquella tradición ha derivado en el lanzamiento de cientos de palmeras que se lanzan de manera coordinada y alterna desde diferentes puntos de la ciudad. Además, los ciudadanos adquieren y lanzan pirotecnia de forma individual y espontánea en el tiempo que dura la lluvia de fuego.