Las Virtudes
Virtud: Hábito operativo bueno. Las virtudes son los Valores hechos vida.
Virtud: Hábito operativo bueno. Las virtudes son los Valores hechos vida.
"Se comporta de acuerdo con unas normas lógicas, necesarias para el logro de algún objetivo deseado y previsto, en la organización de las cosas, en la distribución del tiempo y en la realización de las actividades, por iniciativa propia, sin que sea necesario recordárselo." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El momento oportuno para educar el orden es desde los 0 hasta los 6 años. Se inicia con el orden en el tiempo: el bebé tiene un horario de comidas, de baño, de dormir. Al ir creciendo ordena sus juguetes y su ropa. De pequeño las "normas lógicas" las imponen papá y mamá, en la medida que crece el mismo va definiendo sus propias normas y así hace suyo el orden.
Procuremos vivir el orden en nuestros hogares:
Orden en las cosas: "un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar". Orden en el tiempo: "un momento para cada actividad y cada actividad en su momento". Orden en el amor: (si crees en Dios) primero a Dios , después a la familia y luego a los demás.
"Manifiesta, si es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado, lo que ha hecho, lo que ha visto, lo que piensa, lo que siente, etcétera, con claridad, respecto a su situación personal o a la de los demás". David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El momento oportuno para educar la sinceridad es desde los 3 hasta los 9 años.
Para ser sincero no basta con decir lo que pienso, lo que siento, lo que he visto. Solo será sinceridad si se respetan los tres primeros aspectos a los que se refiere esta definición: "si es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado."
Muchos entienden la sinceridad cómo decir siempre la verdad. Sin embargo un niño puede ser sincero diciendo algo que sea falso si cree que eso que dice es verdad. Esto no implica que la verdad sea relativa, que depende de lo que yo pienso. Lo que sí depende de lo que pienso y de lo que siento, es la virtud de la sinceridad: soy sincero cuando lo que digo se adecua a lo que pienso, a lo que creo.
La sinceridad debe ser dirigida por las virtudes de la caridad (el amor al prójimo) y de la prudencia (pensar antes de actuar). De este modo se asegura que manifestaremos "si es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado"
Ayuda a tus hijos a tomar conciencia de la realidad que los rodea, a reflexionar sobre sus pensamientos para que se adecuen a la verdad.
Luego exígeles que sean coherentes al manifestar lo que piensan y lo que sienten. Felicítalos cuando sean sinceros y reconóceles el valor qué tiene el decir la verdad.
"Acepta, asumiendo como decisiones propias, las de quién tiene y ejerce la autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia, y realiza con prontitud lo decidido, actuando con empeño para interpretar fielmente la voluntad del que manda." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El momento oportuno para educar la obediencia es desde los 3 hasta los 10 años.
Al obedecer, la persona asume con convencimiento (por convicción o por fe) que lo que le están mandando es lo más conveniente, que es lo correcto.
La obediencia inteligente supone que la persona utilizará los recursos a su alcance para lograr de la mejor manera posible, esa tarea, esa norma, y la asume como propia.
Para educar la obediencia en nuestros hijos debemos:
-Tener normas en la casa.
-Dar las órdenes de manera clara y completa, acorde a las edades de tus hijos.
-Hacer cumplir: "Orden dada, orden cumplida"... y si en alguna oportunidad no estás dispuesta a "pelear" para hacer cumplir, no des la orden, simplemente pregunta si lo quieren hacer....
Orden dada, orden cumplida
Virtud Cardinal: "En situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer grandes empresas". David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
La fortaleza tiene dos vertientes:
La primera: Resiste y Soporta las molestias y
La segunda: Entregarse con valentía, avanzar a pesar del cansancio o las dificultades.
En la educación de tus hijos, deja que "sufran", que tengan malos ratos, esto les enseñará a resistir y a soportar. Si quieres que tus hijos no sufran déjalo sufrir.
También anímalos a que logren las metas, a que se planteen objetivos y a que sigan luchando por alcanzarlos aunque le cueste, aunque estén cansados. Esto los hará fuertes.
"Una vez tomada una decisión, lleva a cabo las actividades necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades internas o externas o pese a que disminuya la motivación personal a través del tiempo transcurrido." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
La edad ideal para educar la perseverancia es desde los 7 a los 12 años.
En cuántas ocasiones hemos visto que se inician proyectos, arreglos o construcciones y quedan inconclusos... La gran cantidad de personas que se inscriben en un gimnasio y las pocas que se mantienen... Las dietas al iniciar la semana y los propósitos de año nuevo...
Empezar con entusiasmo es fácil, pero el entusiasmo puede pasar y sin embargo se deben terminar las cosas.
Para lograr una meta hay que dar el primer paso, pero no se alcanzará si no se continua hasta lograrla a pesar de las dificultades.
Enséñale a tus hijos a llegar hasta el final en todo lo que empiecen. Anímalos con consignas: "El que persevera alcanza", "Lo que se empieza se termina", "Cualquiera inicia, los mejores terminan"
"Asume las consecuencias de sus actos intencionados, resultado de las decisiones que tome o acepte; y también de sus actos no intencionados, de tal modo que los demás queden beneficiados lo más posible o, por lo menos, no perjudicados preocupándose a la vez de que las otras personas en quienes puede influir hagan lo mismo.“ David Isaac, La Educación de las Virtudes Humanas.
Entre los 7 y los 12 años es la edad idónea para educar la virtud de la Responsabilidad.
La Responsabilidad tiene dos vertientes:
1.- Asumir las consecuencias (buenas o malas) de los actos y las decisiones. El Responsable asume las consecuencias de los actos que intencionalmente realiza y de aquellas cosas que hace sin querer.
2.- Cumplir con el deber. El cumplir con el deber termina siendo consecuencia de lo primero: Decidí estudiar, como consecuencia debo cumplir con mis deberes. Decidí casarme y por tanto asumo la consecuencia de hacer crecer mi matrimonio y mi familia. Decidí trabajar, por tanto cumplo con mis encargos y deberes profesionales.
Enséñale a tus hijos a asumir las consecuencias de las cosas que hace cada día, reconociéndole las cosas Buenas que hace, y llamándole la atención por lo Malo, (conversando a solas, con tranquilidad), y en cuyo caso deberá tener una consecuencia de acuerdo a la situación, deberás enseñarle y exigirle que pida disculpas y, si es el caso, a que repare el daño causado.
Y si genera un mal sin querer, tal vez no deba ser reprendido, pero si debe disculparse y reparar el daño.
Exígele a tus hijos que cumplan con sus encargos en la casa y que cumpla con sus tareas del colegio… Cumpliendo las tareas del colegio no va a llegar a la luna, pero si aprenderá a ser Responsable.
Sin saber algún idioma, sin dominar algún instrumento o sin destacar en algún deporte, puede que nuestros hijos tengan éxito en la vida pero,
sin Responsabilidad, tienen asegurado el fracaso.
“Cumple diligentemente las actividades necesarias para alcanzar progresivamente su propia madurez natural y sobrenatural, ayuda a los demás a ser lo mismo, en el trabajo y en el cumplimiento de los demás deberes." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
De los 6 a los 12 años ocurre el período sensitivo para educar la virtud de la Laboriosidad, es la edad idónea para desarrollarla.
Laboriosidad viene de “Labor“ que significa “trabajo“. En la definición se habla de cumplir “diligentemente“, “diligente“ viene de “diligo“ que significa amor. Por tanto podemos entender Laboriosidad como trabajar con amor y cuando se pone amor en lo que hacemos, lo hacemos bien.
Pon encargos a tus hijos en casa y exígeles que los cumpla bien.
Que hagan su mejor esfuerzo al realizar las actividades del colegio.
Que se acostumbre a hacer todos sus trabajos bien hechos: Bien en cuanto al contenido, Bien en cuanto a la presentación.
Las tareas escolares son una excelente oportunidad de educar en tus hijos la virtud de la Laboriosidad. Es una excelente oportunidad de aprenderán a hacer bien lo que hay que hacer…
“Una vez conocida o presentida una dificultad a superar o algún bien deseado que tarda en llegar, soporta las molestias presentes con serenidad.“ David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la virtud de la paciencia es de los 6 a los 12 años.
La paciencia se vive cuando se soporta un mal (algo malo que nos está pasando o la molestia de esperar que llegue algo bueno) y lo hacemos con serenidad, sin perder la calma.
Estar atrapado en el tráfico, hacer la cola (fila) en el supermercado, esperar que llegue la hora de la comida, soportar la sed, la velocidad del internet, tener una enfermedad, esperar la llegada de un paquete (delivery), escuchar al que habla mucho, acompañar a un anciano... La vida está llena de oportunidades para vivir la paciencia.
Enseña a tus hijos a esperar con alegría:
- no satisfagas sus deseos de manera inmediata.
- que haga actividades que requieran un cierto tiempo para lograr el fin previsto.
- que se esfuerce para dominar alguna molestia corporal.
- que controle el deseo de moverse o de actuar incesantemente.
- que no revise el celular cada vez que llega una notificación...
Paciente no es el que va al médico, pero ir al médico requiere ser paciente...
"Actúa en favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad o la necesidad de la aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la virtud de la generosidad es de los 8 a los 12 años.
Para que sea generosidad se requiere:
1.- Dar algo que le es útil al que lo recibe.
2.- Sin esperar nada a cambio.
3.- Por el bien del otro.
Dar algo que el otro no necesita, no es generosidad.
Dar buscando felicitaciones o reconocimiento, no es generosidad.
Cuando los padres dejamos de darle cosas o dejemos de ayudar a nuestros hijos, dejándolos que ellos resuelvan, estamos viviendo la generosidad con ellos. Al no darles, les estamos dando la oportunidad de que crezcan, que se desarrollen.
Enseña a tus hijos a detectar las necesidades de los demás y anímalos a que compartan sus cosas, su tiempo, sus juegos con los demás.
Los hijos tienen muchas oportunidades en su día a día de ser generosos con sus hermanos, con sus padres, con sus amigos… ayúdalos a que las descubran, anímalos a que sean generosos y felicítalo cuando lo es. Que practique este hábito hasta que lo convierta en virtud.
¿Cómo fomentas la generosidad en casa?
Virtud cardinal: "Se esfuerza continuamente para dar a los demás lo que les es debido, de acuerdo con el cumplimiento de sus deberes y de acuerdo con sus derechos -como personas (a la vida, a los bienes culturales y Morales, a los bienes materiales), como padres, como hijos, como ciudadanos, como profesionales, como gobernantes, etc.- y a la vez intenta que los demás hagan lo mismo." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la Justicia va de los 8 a los 12 años.
Hay quienes piensan que para ser justos le deben dar lo mismo a cada uno se sus hijos. Nada más alejado de la realidad.
El reconocimiento por un logro, el ser reprendido por una falla, el pago por un trabajo, el respeto a la persona son actos de justicia siempre y cuando el que los recibe lo merezca.
Enseñemos a nuestros hijos, en su camino de crecimiento personal, a dar a cada quien lo que les es debido.
Enseñémosles a reconocer y vivir la Justicia.
Virtud Cardinal: "Tiene dominio y control sobre sus actos, mantiene el equilibrio a través del disfrute de las cosas buenas, sin caer en el exceso, modera los apetitos y la atracción que ejercen los placeres a partir de la razón".
La templanza es la virtud del autodominio, es la virtud de “hacer lo que quieras… no lo que te de la gana“. “Hacer lo que quieras“ significa actuar con la Voluntad iluminada por la razón (inteligencia). “Hacer lo que te de la gana“ es dejarse llevar por lo que provoca, aun cuando no sea lo que más convenga y trae como consecuencia una voluntad débil y manipulable.
La templanza, el autodominio, se traduce en libertad. La persona templada -la que es capaz de dominar sus impulsos, de encausar sus emociones- tendrá el carácter para no ser influenciado o dominado por los demás.
Ayuda a tus hijos limitándoles las cosas materiales, no les des todo lo que pidan. Que tengan un horario de comidas, incluida la merienda, para que no estén “chucheando“ a cada rato.
El sentarse derechos, el dejar el celular a un lado (incluso si tiene notificaciones), el comer algo que no les gusta, el sonreír cuando se sienten mal, el escuchar sin interrumpir… son acciones que les ayudaran a desarrollar esta virtud, los ayudará a ser templados, los hará más libre.
"Llega a tener con algunas personas, que ya conoce previamente por intereses comunes de tipo profesional o de tiempo libre, diversos contactos periódicos personales a causa de una simpatía mutua, interesándose, ambos, por la persona del otro y por su mejora." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
La amistad se refiere a una relación de intimidad emocional, intimidad en los pensamientos… Por tanto, para que haya una verdadera amistad se debe empezar por conocer y descubrir la propia intimidad para luego poder compartirla con otras personas. Conocer los valores, principios, gustos y aficiones propios. Sigue con descubrir en los otros con quiénes tienes valores, principios, gustos y aficiones en común. Y finalmente, compartir con esas personas y si se dan estas condiciones, se inicia una verdadera amistad.
Enseña a tus hijos a que se conozcan a si mismos y a que reconozcan los valores y las fortalezas de sus amigos para que la amistad crezca.
"Aprovecha y crea los cauces adecuados para relacionarse con distintas personas y grupos, consiguiendo comunicar con ellas a partir del interés y preocupación que muestra por lo que son, por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que piensan y por lo que sienten." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo de la sociabilidad desde los 13 a los 16 años.
Fuimos creados para vivir en sociedad, para convivir con muchas personas. En esta convivencia natural compartimos con todo tipo de personas y debemos saber comunicarnos e interactuar adecuadamente.
Para vivir la virtud de la sociabilidad debe haber convivencia y comunicación que se basan en detectar y conocer lo que otros dicen, lo que otros hacen, lo que otros piensan, lo que otros sienten. Es vivir sabiendo que hay otros a nuestro alrededor que nos ayudan en nuestro proceso de mejora personal y que debemos ayudar a que se desarrollen de la mejor manera posible. Es vivir considerando a los demás.
La sociabilidad es la virtud para compartir con todos y que abre las puertas a la amistad con algunos.
Enseña a tus hijos a pensar en los demás, a escuchar, a observar lo que hacen, a describir a lo que piensan y lo que sienten. Enséñales a que busquen el bien para los otros. Ayuda a tus hijos a que desarrollen la observación y la empatía. A comunicarse asertivamente.
"Distingue entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y utiliza razonablemente sus cinco sentidos, su dinero, sus esfuerzos, etc., de acuerdo con criterios rectos y verdaderos." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo de la sobriedad desde los 13 a los 15 años.
Es imposible crecer espiritualmente si uno está atado a los placeres humanos, si usa de ellos de manera inmoderada. El embotamiento de los sentidos impide la vida del espíritu. El desarrollo de la sobriedad ayuda a conseguir autodominio, a no ser influido o dominado por el ambiente.
El uso de los bienes materiales y del dinero es bueno siempre y cuando sea el "uso adecuado" de los recursos materiales. La satisfacción de los sentidos es adecuada cuando está regida por criterios rectos y verdaderos.
La sobriedad es una virtud que implica el equilibrio entre lo razonable y lo inmoderado.
Para el cristiano, el desarrollo de esta virtud lo ayuda a crecer en su relación con Dios.
Enseña a tus hijos a darle el verdadero valor que tienen las cosas materiales, a que descubran el valor de los bienes espirituales.
Comer sólo a las horas no cuando le provoque, levantarse temprano, escuchar música a un volumen adecuado, sentarse bien... en fin, que no se deje llevar por lo que le provoca. Así podrá ser dueño de sí mismo y crecerá espiritualmente.
"Actúa o deja de actuar, procurando no perjudicar ni dejar de beneficiarse a sí mismo ni a los demás, de acuerdo con sus derechos, con su condición y con sus circunstancias." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El periodo sensitivo para educa el respeto es entre los 13 y 15 años.
El respeto es el mínimo necesario para vivir en sociedad. Requiere reconocer en los otros su dignidad de personas libres. Por tanto, al actuar con respeto lo que se hace no genera ningún daño a nadie ni dejas de ganar tú, ni evitas que otros ganen.
El respeto se debe vivir acorde con los derechos, con la condición y con las circunstancias. Todos somos distintos y por tanto el respeto a cada quien va acorde con las condiciones y circunstancias de cada quien: ser padres, ser hijos, ser profesor, ser alumno, ser empleado, ser jefe... A todos hay que respetarlos, lo que varía es la forma en que se manifiesta el respeto.
Los hijos respetan a sus padres porque le dieron la vida, porque le educan, por son la autoridad. Los padres respetan a sus hijos ven en ellos la persona libre que puedes llegar a ser y por eso los educan, los cuidan, los ayudan, les exigen…
Enséñales a tus hijos a vivir el respeto poniendo en práctica algunas de estas manifestaciones:
- Respetar a la persona a través del cuidado de las cosas materiales.
- Mirar a la cara cuando le hablen.
- No hablar mal de los demás.
- Cumplir con las normas.
- Ceder el paso.
- Escuchar la música a un volumen adecuado.
- Reconocer los limites.
- Ser sincero.
- Pensar en el bien del otro.
- Valorar a los demás aun cuando tengan defectos.
"Cuida de que su comportamiento habitual en el hablar, en el vestir, en el actuar, este en concordancia con sus intenciones íntimas, de tal modo que los demás puedan conocerle claramente, tal como es." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la virtud de la sencillez es de los 13 a los 16 años.
La virtud de la sencillez es una manifestación de la actitud auténtica de la persona. Requiere claridad de inteligencia y rectitud de voluntad.
Son contrarias a la sencillez la ironía, la pedancia y la hipocresía.
La forma de vestir, de hablar, lo que se comparte con los demás van acordes con la forma de pensar y de ser de una persona. La sencillez lleva a la persona a mostrarse tal cual es, manteniendo el pudor qué protege su intimidad.
La humildad y la sinceridad son claves para vivir la virtud de la sencillez.
Enseña a tus hijos a vivir la sencillez hablándoles directamente, diciéndoles exactamente lo que le quieres decir.
Refuerza tus hijos el valor de la intimidad y recuérdales que valen por lo que SON, no por lo que tienen, ni por su ropa, ni por las cosas que usan.
Enséñales a actuar con naturalidad sin preocuparse por el qué dirán.
"Reconoce lo que la patria le ha dado y le da. Le tributa honor y servicio debidos, reforzando y defendiendo el conjunto de valores que representa, teniendo, a su vez, por suyos los afanes nobles de todos los países." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la virtud del patriotismo es de los 12 a los 16 años.
El nacionalismo es un sentimiento de amor a la patria. El patriotismo es mucho más que un sentimiento.
Además de querer el país y reconocer los valores que lo representan, la virtud del patriotismo lleva la persona a cumplir con sus deberes ciudadanos, a reconocer y agradecer todo lo bueno que tiene y que ha recibido por haber nacido (o vivir) en su país y lo mueve a aportar lo mejor de sí para el desarrollo de su patria.
Enseña tus hijos amar su país. Sólo se puede amar lo que se conoce, que tus hijos conozcan su país, que valoren todas las cosas buenas que tiene y que, al reconocer los problemas que puedan existir, busquen la forma de mejorarlo.
Procura que las conversaciones en la casa sean positivas. ¿Qué escuchan tus hijos en casa: solo problemas y defectos de su país? Intencionalmente busca temas de conversación en los que se resalten las virtudes del país, que conozcan su historia, sus costumbres, las virtudes características de sus ciudadanos, los grandes logros de sus coterráneos y de sus empresas.
"Reconoce el valor de su intimidad y respeta la de los demás. Mantiene su intimidad a cubierta de extraños, rechazando lo que puede dañarla y la descubre únicamente en circunstancias que sirvan para la mejora propia o ajena." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la virtud del Pudor es de los 13 a los 16 años.
El pudor nos lleva al adecuado manejo de la intimidad. Al hablar de intimidad no hablamos sólo de la intimidad corporal sino principalmente de nuestro mundo interior.
Para desarrollar esta Virtud debemos empezar por conocer y valorar nuestra intimidad. Valorarnos como personas únicas e irrepetibles. Reconocer que lo que pensamos, lo que sentimos, etcétera, es tan valioso que no debemos malgastarlo hablándolo con cualquiera. Por el contrario sólo se debe compartir con la persona adecuada.
Sabrás que tus hijos valoran su intimidad si se empiezan a reservar algo de su ser, de lo que piensan, de sus emociones o de su cuerpo. Si son capaces de estar consigo mismo un rato y en silencio.
Para educar el pudor en tus hijos enséñales con actos concretos: tocar a la puerta antes de entrar a una habitación, hablar de las cosas delicadas a solas con los padres, usar ropa adecuada.
El pudor lleva también a valorar la intimidad de los otros. Enseña a tus hijos que hay "cosas" que no se deben comentar en público.
Virtud Cardinal: "En su trabajo y en sus relaciones con los demás, escoge una información que enjuicia de acuerdo con criterios rectos y verdaderos, pondera las consecuencias favorables y desfavorables para él y para los demás antes de tomar una decisión, y luego actúa o deja de actuar, de acuerdo a lo decidido." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
Se puede decir que una persona llegó a la madurez cuando es capaz de tomar, de manera asertiva, sus propias decisiones. Por tanto la Prudencia es una de las principales virtudes que nos permite llegar a la madurez.
Nunca debemos confundir la prudencia con cobardía. La prudencia es pensar en las consecuencias antes de actuar y en base a ello decidir si vamos a actuar o no.
Enseñemos a nuestros hijos a pensar, a reflexionar y a decidir adecuadamente. Enseñémosles a ser Prudentes.
"Confía, razonablemente, en sus propias posibilidades, y en la ayuda que le pueden prestar los demás, y confía en las posibilidades de los demás, de tal modo que, en cualquier situación, distingue, en primer lugar, lo que es positivo en sí y las posibilidades de mejora que existen y, a continuación, las dificultades que se oponen a esa mejora, y los obstáculos, aprovechando lo que se puede y afrontando lo demás con deportividad y alegría." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
Entre los 15 y 18 años es la edad ideal para educar el optimismo.
El optimista es realista. Su confianza no es ciega, ni evade la realidad. Por el contrario, es capaz de ver lo objetivamente positivo de cada situación y evento. Ve los defectos como oportunidades de mejora, las dificultades como retos. El optimista confía razonablemente en sus posibilidades y en las capacidades de los demás. Distinguir lo malo, reconocer los problemas, ver los defectos forma parte del optimismo ya que forman parte de la realidad. Lo importante para el optimista es ver lo bueno que hay, las oportunidades y capacidades se tienen para resolver los problemas, evitar lo malo y superar los defectos.
Enseña a tus hijos a afrontar con alegría y espíritu de deportividad (es un juego que hay que ganar) las dificultades y contrariedades. Ayúdales a reconocer la causa de los problemas y a descubrir la forma resolverlos o de al menos evitar que les afecten negativamente.
Procura en la casa conversaciones positivas en la que se resalte lo bueno que ocurre y las capacidades de cada miembro de la familia. "que Dios me conceda la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia. "
"Reconoce sus propias insuficiencias, sus cualidades y capacidades y las aprovecha para obrar el bien sin llamar la atención ni requerir el aplauso ajeno" David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El mejor momento para educar la Humildad es desde los 15 a los 18 años.
La humildad es una virtud que se adquiere cuando el hijo es grande ya que requiere del conocimiento personal, de sus fortalezas y debilidades. Sin embargo, esto no implica que se debe ir cultivando desde que nuestros hijos son pequeños.
Ya a partir de los 9-10 años nuestros hijos están en la capacidad de ir reconociendo en ellos sus habilidades, aquellas cosas para lo que son buenos, y también sus debilidades, esos defectos que tienen que superar o las litaciones con las que deben lidiar.
Felicitar a nuestro hijos por algo que han hecho bien es muy bueno y los motiva a seguir haciéndolo. Recuérdales que lo deben seguir haciendo porque es si deber y no por la felicitación que reciben. Ser halagado debe ser una consecuencia y el objetivo de su trabajo.
Para educar la humildad en nuestros hijos debemos:
-Ayudarlos a que se conozcan a sí mismos, sus fortalezas y debilidades.
-Que los trabajos y encargos que realizan son su deber y hacerlos bien es su responsabilidad.
-Enseñarles a ganar: que reconozcan su esfuerzo personal y el esfuerzo de los demás. Sin humillar al perdedor.
-Enseñarles a perder: que lo más importante es el esfuerzo que se ha puesto, que felicite al ganador y alegrarse por el (si es mejor que yo, de verdad debe ser bueno). Que cada pérdida es una oportunidad de reflexión y aprendizaje.
-Que aprenda a ser agradecido. En cada logro personal está ayuda, el apoyo, la enseñanza de otros, de Dios.
"Emprende y realiza distintas acciones que parecen poco prudentes, convencido, a partir de La consideración serena de la realidad, con sus posibilidades y con sus riesgos, de que puede alcanzar un auténtico bien." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo de la virtud de la audacia es entre los 16 y 18 años.
Generalmente el ser humano es capaz de hacer mucho más y mucho mejor de lo que piensa, por eso tiende a limitarse, justificado por una falsa prudencia o por flojera o por la desconfianza en sus propias posibilidades. ¿Por qué los padres querríamos que nuestros hijos corran riesgos o hagan cosas que parecen imprudentes? Porque no todo en la vida es seguro. Se trata de ayudarles a haber el fin o los fines que son auténticamente valiosos y luego buscar una decisión consiente, reflexiva, enraizada en convicciones y no en intuiciones o caprichos.
Desde la infancia ponemos las bases para la virtud de la audacia cuándo animamos a nuestros hijos a que hagan cosas que creen no lograrán pero que estamos convencidos que ellos pueden, cuando los ayudamos a superar sus miedos, cuando les enseñamos observar la realidad y conocer los riesgos a los que se pueden enfrentar y cuando los ayudamos a que se conozcan a sí mismos, sus fortalezas y sus debilidades. Ya en la adolescencia estarán en capacidad de, por decisión propia, arriesgarse de manera razonable, buscando un auténtico bien aún cuando no vean con claridad el camino a seguir.
"Acepta los vínculos implícitos en su adhesión a otros -amigos, jefes, familiares, patria, instituciones, etc.- de tal modo que refuerza y protege, a lo largo del tiempo, el conjunto de valores que representan." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El mejor momento para educar la Lealtad es desde los 15 a los 18 años.
La lealtad es la virtud qué ayuda a la persona actuar con congruencia respecto a la palabra dada o al compromiso adquirido o la relación interpersonal que ha dado origen a un vínculo: El compromiso matrimonial, los vínculos sanguíneos, la amistad, los vínculos laborales, etc.
La lealtad busca mantener y reforzar estos vínculos y defender el conjunto de valores y compromisos que viene con ellos. Visto así la lealtad está más en actuar en positivo que simplemente dejar de hacer algo malo.
La lealtad tiene estrecha relación con la perseverancia, la responsabilidad, el respeto y la prudencia.
Enseña a tus hijos a ayudar a los demás, que cumpla con lo que sus padres y sus profesores le dicen que es bueno y que eviten lo malo. Que cumplan con las reglas de los juegos. Que ayuden a sus hermanos y amigos a que actúen de manera correcta. que cumplan con los compromisos adquiridos.
Aprovecha los eventos que ocurren para hablar con tus hijos y resaltar el valor de la lealtad cuando está presente o el daño que se genera cuando falta.
"Reconoce los distintos factores que influyen en los sentimientos o en el comportamiento de una persona, y profundiza en el significado de cada factor y en su interpretación -ayudando a los demás a hacer lo mismo- y adecua su actuación a esa realidad" David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la virtud de la Comprensión es de los 15 a los 18 años.
Al vivir la virtud de la comprensión estamos en capacidad de generar empatía. Un motivo para desarrollar esta virtud es el deseo de ayudar a otras personas de acuerdo con sus circunstancias.
Para educar en tus hijos la virtud de la comprensión, ayuda a tus hijos a reconocer las características de cada uno de los miembros de la familia. Que existen momentos oportunos para hablar y para callar. Que identifiquen los estados de ánimo. Estas preguntas te pueden ayudar:
¿Qué habrá pasado para que el actúe así?
¿Qué ha ocurrido?
¿Por qué estará triste, o alegre, etc.?
"Adapta su comportamiento con agilidad a las circunstancias de cada persona o situación, sin abandonar por ello los criterios de actuación personal." David Isaac, La educación de las virtudes humanas.
El período sensitivo para educar la virtud de la Flexibilidad es de los 15 a los 18 años.
No siempre las cosas salen como lo planeamos, de ahí la importancia de adaptarnos a lo que ocurra. Cada ambiente en el que nos movemos es distinto, cada persona con la que tratamos tiene su forma su propia forma de ser, sus valores y sus principios. La virtud de la flexibilidad ayuda adaptarnos adecuadamente a cada uno. En este proceso adaptación no debemos abandonar lo que somos ni nuestros propios valores.
La educación de la flexibilidad empieza de pequeño cuando pones a tus hijos interactuar con otros niños y a conocer familias distintas con reglas distintas. En la medida que van creciendo y desarrollando su independencia, van tomando sus propias decisiones y haciendo sus propios planes. Esta es una excelente oportunidad para desarrollar la flexibilidad: que se adapte a las circunstancias para lograr sus metas, el pedirles que paren por momento lo que están haciendo para hacer un favor que les pidas, los ayuda a crecer en esta virtud.
Fe es aceptar la palabra de otro, entendiéndola y confiando que es honesto y por lo tanto que su palabra es veraz. El motivo básico de toda fe es la autoridad de aquel a quien se cree.
La fe es un acto humano al cual nos podemos habituar, las personas pueden desarrollar el hábito de creer. Para creer no es necesario entender, se cree por que se confía y se puede confiar por varias razones:
- Le creemos porque conocemos a la persona: Sabemos que es una persona honesta, creíble, confiamos en ella.
- Le creemos porque reconocemos que es una autoridad en la materia: Cuando un médico receta una medicina, cuando un científico habla de una verdad científica que no entendemos, cuando un asesor nos da una recomendación… creemos en lo que nos dicen porque lo vemos como una autoridad.
La fe vas allá de simplemente aceptar los que nos dicen, nos debe mover a actuar en consecuencia, a actuar acorde con lo creído.
La Fe, como Virtud Teologal, "es una virtud sobrenatural que capacita al hombre —ilustrando su inteligencia y moviendo su voluntad— a asentir firmemente a todo lo que Dios ha revelado, no por su evidencia intrínseca sino por la autoridad de Dios que revela." (Resúmenes de fe cristiana)
Aunque sea un acto que se realiza gracias a un don sobrenatural, «creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas» (Catecismo, 154). En la fe, la inteligencia y la voluntad cooperan con la gracia divina.
Los hijos viven de manera natural la fe humana desde muy pequeños. El niño cree ciegamente lo que los padres y maestros le dicen. En la medida que crecen, empiezan a cuestionar. Ante esta realidad los padres debemos trabajar en dos líneas de acción:
- Dar razones para creer: Explicar los porqués, llenar de razones verdaderas y poderosas lo que hasta a ahora hemos enseñado y que han aceptado por fe a los padres.
- Enseñar a los hijos a confiar: Los hijos deben aprender a confiar en que lo que los padres le enseñan, le piden y le exigen lo hacen por su bien, porque los aman (amar es querer el bien del amado).
Con respecto a la Fe sobrenatural, es labor de los padres ayudar a sus hijos a conocer las verdades de su religión, que frecuenten los medios que tienen para creer, que cumplan con los deberes de su religión y que vivan las prácticas y costumbres propias de su Fe.
La Esperanza es Confianza de lograr una cosa o de que se realice algo que se desea. La esperanza es un estado de ánimo optimista en el cual aquello que deseamos o aspiramos nos parece posible. En este sentido, la esperanza supone tener expectativas positivas relacionadas con aquello que es favorable y que se corresponde con nuestros deseos.
El Catecismo de la Iglesia Católica define la Esperanza como "la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo.“ (CIC 1817)
La virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de las personas; nos protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad.
Si bien es cierto que la esperanza, como virtud teologal es infundida por Dios, en el proceso educativo debemos enseñar a nuestros hijos a esperar, a reflexionar y a confiar con una actitud positiva. Que sepan esperar con alegría lo que aun no ha llegado (paciencia). Que analicen de manera objetiva para que puedan confiar, razonablemente, en sus propias posibilidades y en la de los demás, de tal modo que distingue, lo que es positivo (optimismo)
Como virtud humana, la caridad es la "Actitud de quien obra desinteresadamente, en favor del prójimo, sin esperar nada a cambio." (www.significados.com)
Para los cristianos "La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios… La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes teologales... El ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por la caridad. Esta es “el vínculo de la perfección” (Col 3, 14)” (Cat. de la Iglesia Católica 1822-1827)
Caridad en sinónimo de Amor.
Los padres debemos enseñar a nuestros hijos a que estén pendiente de los demás, de ayudarlos cuando sea conveniente, a procurar el bien de los que están a su alrededor. La forma de aprenderlo empieza por el amor (querer y procurar el bien) de los miembros de la familia.
La caridad es lo contrario de la envidia, el odio, el egoísmo y el rencor.
Y se identifica con la generosidad, la solidaridad, amistad, respeto, obediencia…