SHALL WE TALK?

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2017-2018



pregón de fiesta

Buenas noches a todos

Buenísimas noches a vosotros, puesto que sois los protagonistas de esta velada.

Este fue el saludo entonces y así he deseado comenzar ahora, evocando aquellos momentos vividos y compartidos con aquel grupo de chavales a los que recuerdo casi con nostalgia.

De esto hace ya 10 años y apenas me había dado cuenta del paso del tiempo. Creo que nunca había sido tan consciente de ello como cuando me brindasteis el honor de acompañaros esta noche. Lo hice ya cuando, siendo unos niños, algunos de vosotros formabais parte de la comisión infantil y, por supuesto, acepté. Acepté ser testigo de vuestra ilusión, de vuestra inquietud y del fuerte palpitar que estáis sintiendo al veros ante vuestra gente luciendo las mejores galas en esta noche tan especial.

Y aquí estoy, temblorosa yo también, porque veo las caras inocentes de entonces reflejadas en bellas damas y apuestos caballeros de ahora.

Aquellos personajillos de grandes ojos que en multitud de ocasiones expresaron sorpresa, que miraron con curiosidad, expectantes, que incluso llegaron a sentirse temerosos o inseguros, han crecido casi casi de la mano y se han convertido en dignos representantes de la juventud. Y digna nuestra soberana, nuestra Reina. Emocionada, me viene a la memoria cierto tablero de ajedrez, ciertas fichas que en su día iniciaron una partida festiva. ¿Recordáis? Aquí la tenéis de nuevo.

La elegancia y la belleza de que hacen gala no es sino muestra de la seguridad adquirida, la satisfacción de estar ante Sinarcas.

No son muchos los años que lleváis recorridos, pero casi con total certeza, contáis ya con alguna experiencia. Os habéis ido encontrando con muchísimas alegrías y también con obstáculos. Ya estáis aprendiendo a sortearlos -y eso es bueno. Sois jóvenes ahora y, como tales, tenéis en vuestras manos un gran abanico de vivencias que os esperan y a pesar de que no podréis abrirlo tanto como queráis ni cuando lo deseéis, ese abanico se irá desplegando poco a poco, os irá ofreciendo todo lo que de la vida anheláis.

Este va a ser uno de los años que no olvidaréis. Por varias razones sois protagonistas: De una manera simbólica, si queréis mirarlo así, habéis ido dejando atrás aquella niñez llena de juegos, risas, cantos, candidez… para abrir los brazos a ese divino tesoro que es la juventud. Entre el público tendréis a algunos de los que celebraron la juerga de los quintos - inolvidable, seguro. Y ahora estáis ante Sinarcas, elegantes, firmes y hasta me atrevería a afirmar que orgullosos. Exhibid ese orgullo con la alegría que requieren estos días que se avecinan. Días de fiesta, días iluminados que reciben a las gentes, al que camina y va y al que regresa; al que está en lugar y al que ha venido; al que está inmóvil y a aquel que no ha tornado, donde el que es ya era y el que será ha sido, porque son materia de este mismo lugar. Este mismo lugar que acaricia, que abre la mano suavemente dejando partir al que ama y que al mismo tiempo lo retiene con un magnetismo fiel, consciente de que la melancolía aletargada será esperanza y claridad.

Sus brazos desnudos y engañosamente inerte de los días vacíos extienden verdes y ricas vestiduras que abrazan cual frondosa vid al labrador y al viajero, al ausente que torna a la tierra que le dio el primer impulso.

Es la misma tierra que mima, que cuida y protege en su regazo al que queda, al que lucha, porque sabe que él vierte todo su tesón. La roca inmóvil, la luna helada, el sol brotando llamas lo observan con añoranza eterna y sufre por él, mas lo admiran porque sigue erguido, a pesar del frío que hiere su cuerpo, a pesar de la helada frente de sus recuerdos.

Cala hondo sus raíces, profundas y fuertes, pues han sido alimentadas laboriosamente, con perserverancia, y se aferra asegurando su origen y su equilibrio.

La tierra, agradecida, ofrece sus vestidos más vistosos y muestra lo mejor que tiene, sus frutos. Pinceladas de colores que adornan su rostro. El paisaje, el óleo del horizonte es la llamada del hombre que que se quiere quedar.

Construida piedra a piedra, guarda en su memoria la gota de sudor derramada por la férrea voluntad de los que ya pasaron.

Son sus huellas las que vamos siguiendo, porque quisieron que ésa fuera nuestra herencia. Y la vuestra tambié. Vosotros heredaréis la tierra y su alma. Aceptadla, sentid que fluye como parte de vuestra propia vida, porque vosotros seréis la suya. Es el legado que os queda.

Tomaréis distintos caminos que posiblemente no os llevarán a vivir en ella. No obstante, vivid por ella, estimadla y respetadla porque Sinarcas os ha visto nacer y crecer; ha sido morada de vuestros juegos, de vuestro primer amor, de la entrada al albor de la vida.

Nunca dejéis morir la fantasía de la infancia, dejad que broten los sueños y vuestra estima por nuestro pueblo. Que ello os ayude a abrir todas las puertas tras las cuales penséis que hay algo que merece la pena descubrir.

Mi más cordial enhorabuena y muy felices fiestas a todos.