Cuando parece que es ya inminente el momento de la muerte, si está presente el obispo, un presbítero o un diácono, éste dice las oraciones de la recomendación del alma. Si no está presente ningún ministro ordenado, estas mismas preces las dice alguno de los presentes.
Se pueden recitar suavemente con la persona moribunda:
Señor, mi Dios, a ti levanto mi alma, en ti confío. Salmo 25
o bien:
Jesús, José y María, asístanme en mi agonía.
Uno de los presentes o el ministro proclama la palabra de Dios.
Del libro de Job 19, 21-27
Job tomó la palabra y dijo:
“Tengan compasión de mí, amigos míos, tengan compasión de mí, pues me ha herido la mano del Señor.¿Por qué se ensañan contra mí, como lo hace Dios, y no se cansan de escarnecerme?
Ojalá que mis palabras se escribieran; ojalá que se grabaran en láminas de bronce o con punzón de hierro se esculpieran en la roca para siempre.
Yo sé bien que mi defensor está vivo y que al final se levantará a favor del humillado; de nuevo me revestiré de mi piel y con mi carne veré a mi Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo contemplarán. Esta es la firme esperanza que tengo”.
o bien:
Salmo 90.
Tú, que vives al amparo del Altísimo
y descansas a la sombra del todopoderoso,
dile al Señor: “Tú eres mi refugio y fortaleza;
tú eres mi Dios y en ti confío".
Puesto que tú me conoces y me amas, dice el Señor,
"yo te libraré y te pondré a salvo.
Cuando tú me invoques, yo te escucharé
y en tus angustias estaré contigo".
"A quien se acoge a mí", dice el Señor,
"yo lo defenderé y colmaré de honores;
lo haré disfrutar de larga vida
y haré que pueda ver mi salvación".
o bien:
EVANGELIO Juan 6, 37-40
Del Santo Evangelio según San Juan
Jesús dice: «La voluntad de mi Padre es que todo hombre que ve al Hijo y cree en él tenga la vida eterna: y yo lo resucitaré en el último día».
Cuando la condición de la persona enferma pide usar formas breves de oración, se recomienda a los presentes que recen las letanías de los santos, o por lo menos algunas invocaciones por el (la) enfermo(a). Especialmente pueden mencionar los santos patronos: del (de la) moribundo(a), de la familia y de la parroquia. Las letanías se pueden recitar o cantar en la forma acostumbrada.
Señor, ten piedad (Señor, ten piedad)
Cristo, ten piedad (Cristo, ten piedad)
Señor, ten piedad (Señor, ten piedad)
Santa María, Madre de Dios, (Ruega/ruegen por él /ella)
San Miguel
San Gabriel
San Rafael
Todos los santos ángeles y arcángeles de Dios,
Abraham, nuestro padre en la fe
David, jefe del pueblo de Dios
Todos los santos patriarcas y profetas
San Juan Bautista
San José
San Pedro y san Pablo
San Andrés
San Juan
Santa María Magdalena
San Esteban
San Ignacio de Antioquía
San Lorenzo
Santas Perpetua y Felícitas
Santa Inés
San Gregorio
San Agustín
San Atanasio
San Basilio
San Martín
San Benito
San Francisco y Santo Domingo
San Francisco Javier
San Juan Maria Vianney
Santa Catalina
Santa Teresa de Jesús
(Aquí se pueden incluir otros santos)
Santos y santas de Dios
Muéstrate propicio (Líbralo(a), Señor)
De todo mal
De todo pecado
Del poder de Satanás
En el momento de su muerte
De la muerte eterna
En el día del juicio
Por tu encarnación
Por tus sufrimientos y tu cruz
Por tu muerte y resurrección
Por tu retorno glorioso al Padre
Por el don del Espíritu Santo
Por tu nueva venida gloriosa
Nosotros, que somos pecadores. (Te rogamos, óyenos)
Conduce a N. a la vida eterna, que le prometiste en el bautismo. (Te rogamos, óyenos)
Resucítalo(a) en el último día,
pues él (ella) comió el pan de la vida
Haz que N. comparta tu gloria,
pues ha compartido tus sufrimientos y tu muerte. (Te rogamos, óyenos)
Jesús, Hijo de Dios vivo. (Te rogamos, óyenos)
Cristo, óyenos. (Cristo, óyenos)
Señor Jesús, escúchanos. (Señor Jesús, escúchanos.)
Cuando parezca cercano el momento de la muerte, se puede rezar la siguiente oración:
Hermano(a) mío(a),
te pongo en manos de Dios todopoderoso,
para que vuelvas al mismo que te creó
y te formó del polvo de la tierra.
Cuando salgas de este mundo,
que vengan a tu encuentro la Santísima Virgen María,
los ángeles y todos los santos.
Nuestro Señor Jesucristo,
que quiso morir por ti en la cruz,
te libre de la muerte eterna.
El Hijo de Dios vivo te lleve a su Reino
y te reconozca entre sus ovejas, el buen pastor;
que él perdone tus pecados
y te cuente entre sus elegidos;
que veas cara a cara a tu redentor
y goces de la contemplación de Dios
por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Para terminar se puede rezar la Salve Regina
Terminadas las preces de la recomendación del alma, mientras el moribundo lucha con la muerte, puede trazarse el signo de la cruz sobre su frente y ofrecerle un crucifijo para que lo bese, diciendo:
El Señor guarde tu salida de este mundo y tu entrada en su reino, en su paz y en su amor.