Todos los seres vivos que habitan en nuestro planeta están formados por células, que constituyen el nivel de organización en el que se alcanza la capacidad de realizar las tres funciones vitales. Incluso las células más sencillas son extraordinariamente complejas, y en ellas tienen lugar multitud de procesos. Una única célula microscópica es capaz de intercambiar materia y energía con el medio, manteniendo así sus estructuras; puede detectar los cambios que se producen en su entorno, adaptándose a sus condiciones; y está programada genéticamente para perpetuarse en el tiempo, al transmitir toda la información necesaria a su descendencia.