Eric tiene veinte años y todo un futuro por delante como actor de éxito. Sin embargo, la madrugada del 13 de julio se presenta en la comisaría para confesar un crimen.
En realidad, cualquier suceso tiene un pasado y muchas formas de contarlo.
Esta es la versión de Eric.
La versión de Eric, de Nando López, es una novela que combina de modo muy acertado la intriga del género thriller con el tono intimista que aporta su protagonista y narrador. Todo transcurre en una comisaría, de madrugada. Mientras espera a hablar con la policía del crimen que acaba de producirse, Eric recuerda su pasado y todo lo que lo llevó hasta allí: tenía nueve años cuando su padre se fue de casa; once cuando comenzaron las pesadillas; trece cuando llegó el primer ingreso; catorce cuando conoció a Tania. Su amistad con Tania será fundamental en su vida; juntos iniciarán un nuevo camino que los llevará a descubrirse y aceptarse. A partir de ella llegarán las clases de teatro, Lorca, la serie, el éxito, los followers…, pero también esta noche, esta maldita noche llena de secretos, con un cadáver en el asfalto y muchas verdades a medias. Eric solo quiere que se conozca su versión de la historia.
"A mí ya no me podéis cambiar. Yo he nacido poeta y artista como el nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien". Federico García Lorca
Lo último que esperarías encontrarte una madrugada de julio en una comisaría es a Eric Díez, una de las estrellas de la serie de moda, confesando un crimen. Pero para comprender qué ocurrió aquella noche habría que conocer su historia: lo que sucedió, lo que no sucedió y lo que no debió suceder. Por suerte, Eric decide contarnos su versión, y desde la más cruda honestidad revisita en primera persona su infancia como niño con altas capacidades, su autodescubrimiento como chico trans, el primer ingreso, el segundo, su amistad con Tania y su ascenso al estrellato como actor. Son las capas de una historia que termina, irremediablemente, en aquella comisaría, una madrugada de julio; la historia que explica el accidente.
Nando López traza con mimo y rabia el relato ganador del Premio Gran Angular de literatura juvenil 2020, y demuestra una vez más su capacidad para conectar con la juventud. Lo social siempre ha estado presente en la obra del autor, que en esta ocasión despliega sin temor ni prejuicios un arsenal temático que se acerca a las inquietudes y desafíos de las nuevas generaciones. La novela aborda temas como la identidad de género, la presión mediática, el rencor e incluso el perdón, y lo hace poniéndonos en el centro de un círculo de violencia que genera más violencia, en todas sus formas. Algunas de esas cuestiones son centrales en la novela mientras que otras, no tan evidentes, nacen a partir de nuestro tránsito junto a Eric, y acuden al lector en busca de respuesta. El constante juego con los saltos temporales nos lleva por su historia a golpe de versos de Lorca, sin perder de vista la siempre presente incógnita del accidente, a veces a costa de subrayarla demasiado.
Ante todo, La versión de Eric es una historia muy autoconsciente: aunque centra parte del relato en la identidad de su protagonista, un chico trans, reivindica la necesidad de narrativas donde la diversidad sea lo normal y no el foco del conflicto. No sabríamos decir si esta historia es «necesaria», con toda la responsabilidad que ese adjetivo conlleva, pero desde luego podemos afirmar que es una novela comprometida, sensible y muy cercana. Dale una oportunidad, y reconstruye lo sucedido hasta la madrugada del 13 de julio. Al fin y al cabo, esta es solo la versión de Eric.
Extraído de El templo de las mil puertas
Nando López, autor de La versión de Eric
¿Por qué crees que los jóvenes se van a sentir identificados con el personaje de Eric?
Creo que se van a identificar porque Eric habla del crecimiento personal que vive todo adolescente con las heridas que conlleva, pero también de la posibilidad de sanarlas. Se van a identificar porque Eric no minimiza ese dolor, lo trata con sinceridad y con un ánimo muy vitalista. Es un luchador y espero que sea un referente positivo para toda la gente que siente que no tiene voz. Que Eric sea un chico trans con altas capacidades no es casualidad; quería que se escuchara su voz y que cualquiera pudiera empatizar con él. Y, lo más importante, reivindicar esa universalidad de su experiencia porque el gran tema de esta novela es la identidad, el derecho inalienable a ser quienes somos y a defender quienes queremos ser.
¿Realizaste alguna investigación en institutos para construir esta historia?
Sí, esta novela nace gracias a dos testimonios que recibí al mismo tiempo de dos lectores, un chico trans y un chico de altas capacidades. Sentí que había un hilo entre ambos puesto que hablaban de cómo no conseguían encontrar su lugar y necesitaban que la ficción los arropara. A partir de ahí empecé a documentarme y a conocer su día a día, el tratamiento con psicólogos y la importancia del apoyo familiar a todos los niveles. Quería construir una historia que fuera un canto a la comprensión y a la empatía.
¿Qué parte te resultó más complicada: la relación con la madre, la relación con Tania, las escenas de violencia…?
Lo que más me costó fue construir la estructura del libro, ya que es un libro complejo, muy literario en su concepto, con una trama de thriller policíaca y otra trama intimista de identidad. Me parecía fundamental que la estructura diera espacio a ambas realidades que se van mezclando de una manera muy íntima en el libro. La historia transcurre en una noche, pero cuenta un proceso mucho más largo que nos llevará hasta la infancia de Eric, su relación con Tania, la amistad, los altibajos familiares, su éxito profesional, sus miedos… Es una novela que aborda la historia de una vida a lo largo de los veinte años de Eric. Entre los personajes, la relación de Tania y Eric me parece fundamental porque a través de ellos se habla de la amistad como un espacio de sinceridad máxima, y del dolor. El dolor hay que asumirlo, verbalizarlo, compartirlo. Porque el silencio hace que se agrande y no hay que utilizarlo como un arma, sino como un instrumento de comprensión y de empatía con los demás.
¿Qué sensación te gustaría que le quedase al joven lector después de terminar la novela?
Me gustaría que le quede la sensación de que todas las personas vivimos un camino similar. Yo creo que a veces planteamos los personajes del LGTBI como si solo pudieran identificarse con ellos los lectores y lectoras LGTBI, y me parece que eso es un error. Los lectores pueden identificarse con cualquier personaje, independientemente de su identidad o su orientación, y ese es el gran reto que tenemos por delante en esta sociedad. Me gustaría que los lectores se identifiquen con el protagonista porque los libros y las 8 historias pueden ayudarnos a frenar el acoso social, la transfobia, la homofobia, el racismo, el machismo… en las aulas y en la sociedad.
¿Hasta qué punto está aquí reflejada tu propia experiencia?
Mi experiencia está reflejada en detalles. No es un libro sobre mi propia vida, sino sobre experiencias que me han compartido algunos jóvenes; y por eso lo he abordado con mucho respeto y delicadeza. En mi caso, durante la adolescencia eché de menos tener referentes. Ya entonces era muy lector y, en mi proceso de definición, cuando me costaba asumir mi propia homosexualidad, me habría ayudado refugiarme en la ficción, dar con personajes como yo. Quizá así habría expresado mi identidad mucho antes. Pese a eso, he tenido la suerte de sentirme apoyado en todo por mi entorno familiar. En esta novela también quería plantearme qué pasa cuando no te apoyan, como sucede con el padre de Eric, o cuando lo intentan pero no acaban de entenderte, como le sucede a su madre.
¿Crees que hacen falta más títulos en la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) con protagonistas que se sienten diferentes?
Sí, necesitamos títulos con protagonistas que reflejen la diversidad que hay en nuestra sociedad. En la literatura necesitamos hablar de otras realidades. En esta hablo sobre las altas capacidades y la realidad trans porque llevo años haciendo encuentros sobre mis libros con adolescentes y son muchos los que me lo han pedido: no están en los libros y tienen que estar. La literatura es una ventana a la libertad y la LIJ es muy poderosa, porque sus lectores son apasionados y críticos. Se abrazan fuerte a los personajes, los hacen muy propios; y cuando les abrimos ventanas ayudamos no solo a quienes se ven reflejados, a quienes se sienten diferentes, sino a todos los demás, porque al final todos somos diferentes. Cada uno tenemos una diferencia, nuestra propia lucha, y entender esto puede ayudar a acabar de una vez con la transfobia. Además, me gustaría que el libro llegue también a personas adultas, para que miren la adolescencia desde otro lugar y recuerden que no es tan fácil tener catorce, quince o dieciséis años.
Eric es un adolescente trans, pero también es muchas más cosas. ¿Qué parte pesa más?
Su juventud. A Eric le pesa la lucha por ser. Por construirse en una sociedad donde todo tiende a la etiqueta y al prejuicio, y él no encaja por su temperamento artístico, por su inteligencia por encima de la media, y por su cuestionamiento del género en términos tradicionales y retrógrados. No quería que el hecho de ser trans marcara toda su vida y, a veces, se cae en el error de construir un personaje LGTBI solo con ese rasgo, y eso solo contribuye a victimizar, pero no a visibilizar.
¿Crees que historias como esta pueden ser un canal de comunicación entre padres e hijos que se sientan identificados?
Sin duda. Ojalá este libro sea leído por mucha gente de todas las edades. Quiero que lo compartan, que debatan y que muchos adolescentes se atrevan a hablar con sus padres de verdad, porque la literatura puede ser un incentivo para que tomen la palabra. Ojalá se sientan identificados con Eric, Tania o cualquiera de los personajes que aparecen y, eso les ayude a expresarse.
¿Por qué presentaste la obra al Premio SM Gran Angular?
Porque para mí es una historia muy importante. Como decía, está escrita desde el amor a la adolescencia, desde el amor a mis lectores. Es mi forma de agradecer a toda la gente 9 que me lleva leyendo años. Desde que empecé a publicar llevo ya doce novelas. Eric es la número trece y es una novela que reúne muchos de mis ingredientes: la diversidad, la visibilidad; pero también la acción, la intriga, el thriller, el intimismo o la introspección. La versión de Eric es posiblemente una de las novelas más personales que he escrito, y necesitaba pelear por que tuviera un punto de partida hermoso y que le permitiera llegar a mucha gente. Soy una persona muy insegura, y cuando me comunicaron que había ganado el premio viví una de las mayores alegrías de mi vida, no solo por el galardón, sino porque creo que el premio le va a dar una gran visibilidad al libro. Hará que pueda llegar a mucha gente y me emociona pensar que así ayudará también a muchas personas. Creo que hay muchos chicos y chicas trans que necesitan libros con los que identificarse.
¿Qué lectura recomendaría a un joven para la cuarentena?
El guardián entre el centeno, de Salinger. Para estos días y para cualquier otro. Es uno de esos libros que hay que leer sí o sí con quince años. Y siempre es un viaje lleno de lucidez e ironía hacia los resortes, a veces mezquinos, a veces sencillamente humanos, que mueven nuestra realidad.
¿Y una serie? ¿Películas?
Me encantaría que se atrevieran con A dos metros bajo tierra: seguro que encuentran personajes en esa familia con quienes identificarse (a sí mismos y a quienes los rodean). Y como películas, Ladybird, Azuloscurocasinegro y Ventajas de ser un marginado, tres magníficos retratos cinematográficos de la adolescencia.
La novela con la que acaba de ganar el Gran Angular aborda los problemas de un joven trans. ¿Cuál es el peor?
A la hora de afirmar nuestra identidad, el mayor enemigo es siempre el miedo. Lo esencial es vencer el temor a ser visibles —en la familia, en las aulas, en el trabajo— y a alzar nuestra voz. Los rígidos y omnipresentes cánones heteronormativos, la falta de referentes y el ruido de una minoría lgtbifóbica que, por desgracia, está cada día más rabiosa no ayudan a ello. Por eso la literatura, muy especialmente la juvenil, puede ser una herramienta para construir esos referentes de los que carecemos. Un libro nos puede ayudar a empoderarnos y, a la vez, provocar empatía en quien lo lee.