Juglaresa, cantadera, trotera, danzadera son los nombres por los que se conocía en la Edad Media a las mujeres que desempañaban un mismo oficio: mujeres que danzaban, cantaban, tañían algún instrumento de percusión; es decir, mujeres del mundo del espectáculo.
La juglaresa era soldadera ya que que ganaba un sueldo o jornal. Y , pese a que eran consideradas mujeres de mala reputación, no vendían su cuerpo, sino que vendían su arte.
Ya en textos medievales aparecen referencias a las juglaresas como es el caso de el Libro de Apolonio, el Cancionero de Ajuda o en las Constitutiones pacis et treguae de Jaime I. El Arcipreste de Hita también dedica unos versos a estas mujeres en su Libro de Buen Amor y Cervantes las hará protagonistas de una de sus Novelas ejemplares: La gitanilla.