Prácticamente desde su nacimiento este instituto entendió la función de la biblioteca escolar como un eje fundamental de su proyecto educativo. A falta de un lugar específico para la biblioteca, ya los primeros claustros de profesores decidieron reacondicionar los espacios y cedieron lo que estaba pensado como sala de profesores para que fuera habilitado como biblioteca. Sirva esto como un mero ejemplo (que se remonta a principios de la década de los 80) de la importancia que tradicionalmente se le ha dado en nuestro centro a la biblioteca y las actividades que desde ella se han emprendido y que, con más o menos posibilidades según vinieran los tiempos, se ha continuado y ampliado hasta el día de hoy.
Este proyecto llevaba tiempo funcionando en nuestro instituto sin una denominación específica, simplemente había sido el “Plan de Biblioteca”, pero a la hora de presentarlo en sociedad les pareció que necesitábamos para él un nombre menos genérico, un nombre que reflejara en cierta medida las señas de identidad de este instituto en particular. Optaron por el de Lectores/leedores serranos.
Leedor es palabra en desuso que designa a la persona lectora, y desde nuestra experiencia docente constatamos cada día que no solo es la palabra la que está en desuso, también la función. Pedro Salinas decía que “leedores son los que resbalan con sus ojos sobre las páginas del libro, sin comprender lo que leen, mientras que lectores son los que comprenden, interpretan y sacan sus propias conclusiones”.
Nos preocupa que los alumnos no sean capaces de descubrir la lectura como una fuente de disfrute sin igual y como una herramienta indispensable para su formación cultural (y no nos referimos exclusivamente a la académica). Por eso nuestro interés en ayudarles a dar el paso de esporádicos leedores a lectores impenitentes.
Y el adjetivo serranos por las connotaciones que esa palabra adquiere para nosotros. Por un lado, somos el único instituto de la comarca Andorra-Sierra de Arcos, integrada por nueve pueblos que se reúnen bajo esa denominación; y, por otra parte, nuestro instituto lleva por nombre Pablo Serrano (escultor nacido en Crivillén, uno de los pueblos de nuestra comarca), nombre que se eligió en su día entre todos los propuestos por la dimensión cultural que representa este artista, y que tan bien sintetiza las aspiraciones del instituto de convertirse no sólo en centro educativo sino también en núcleo importante de difusión cultural en su entorno.