«Piense en dos líneas que se intersecan formando una cruz, e imagine los cuatro cuadrantes que se crean de este modo. Llame a un cuadrante política ambiental, al siguiente ética, al otro biología y al cuadrante final ciencia social.
Intuitivamente, ya pensamos que estos cuatro ámbitos se hallan estrechamente conectados, de manera que la investigación racional en uno de ellos informa el razonamiento en los otros tres. Pero resulta innegable que cada uno de ellos se encuentra separado en la mente académica contemporánea. Cada uno de ellos tiene sus propios profesionales, su propio lengua je, modos de análisis y normas de validación. El resultado es la confusión, y Francis Bacon ya identificó correctamente dicha confusión hace cuatro siglos como el más fatal de los errores, que «tiene lugar siempre que el argumento o la inferencia pasan de un mundo de experiencia a otro». A continuación, trace el lector una serie de círculos concéntricos alrededor del punto de intersección.
A medida que atravesamos los círculos, desde el más externo en dirección al centro hacia el punto en el que los cuadrantes entran en contacto, nos encontramos en una región que cada vez es más inestable y desorientadora. El anillo más cercano a la intersección, en el que existe el mayor número de problemas de la vida real, es aquel en el que más se necesita el análisis fundamental. Pero prácticamente no existe ningún mapa de dicha región. Pocos conceptos o palabras sirven para guiarnos. Sólo en la imaginación podemos desplazarnos en el sentido de las agujas del reloj desde el reconocimiento de los problemas ambientales y la necesidad de una política sobre bases firmes, hasta la selección de soluciones basadas en el raciocinio moral, hasta los cimientos biológicos de dicho raciocinio, hasta una comprensión de las instituciones sociales en tanto que productos de la biología, el ambiente y la historia. Y, desde ahí, de vuelta a la política ambiental.
Considérese el siguiente ejemplo. En todo el mundo los gobiernos se las ven y se las desean para encontrar la mejor política para regular las menguantes reservas forestales del planeta. Existen pocas guías éticas establecidas a partir de las cuales pueda llegarse a un consenso, y éstas se basan en un conocimiento insuficiente de la ecología. Incluso si se dispusiera del adecuado conocimiento científico, seguiría habiendo poca base para la valoración de los bosques a largo plazo. La economía del desarrollo sostenible sigue siendo un arte primitivo, y los beneficios psicológicos de los ecosistemas naturales suponen un tema casi completamente inexplorado. Ha llegado el momento de realizar un viaje por la realidad.»
Niveles de organización
Para los ecólogos modernos (Begon, Harper y Townsend, 1999)(Molles, 2006), la ecología puede ser estudiada a varios niveles o escalas:
Organismo (las interacciones de un ser vivo dado con las condiciones abióticas directas que lo rodean)
Población (las interacciones de un ser vivo dado con los seres de su misma especie)
Comunidad (las interacciones de una población dada con las poblaciones de especies que la rodean)
Ecosistema (las interacciones propias de la biocenosis sumadas a todos los flujos de materia y energía que tienen lugar en ella)
Biosfera (el conjunto de todos los seres vivos conocidos)