Durante nuestras etapas estudiantiles, las personas tendemos a creer que la asignatura de Lengua Castellana y Literatura es un verdadero despropósito, cuyo único fin es hacernos perder el tiempo. Los adolescentes a menudo cuestionan el grado de importancia que se le da a una asignatura en la que -según ellos- solo te enseñan acerca de elementos lingüísticos que nada tienen que aportarte para tu vida cotidiana.
¿Para qué enseñarle a un nativo cómo se le denomina al tiempo verbal con el cual se expresa un deseo? ¿Por qué deben aprender los jóvenes la etimología de una palabra partícula por partícula? Estas son algunas de las típicas cuestiones que plantean los frustrados estudiantes ante una asignatura que solo les quita tiempo y les provoca un agudo malestar. Si bien es cierto que en nuestro día a día nadie nos va a preguntar nada semejante (a menos que tengas relación con un extranjero que resulte mostrar más interés por tu propia lengua que tú), debemos optar a veces por alzar la vista del microscopio de la practicidad y contemplar a cuán simple hemos reducido algo tan enriquecedor como es estudiar dicha asignatura.
Es coherente que en un mundo adolescente, en el que el disfrute y las experiencias intensas y fugaces lo son todo, haya pocos jóvenes que valoren los conocimientos que se pueden adquirir no solo de cultura general y de su propia cultura, sino del idioma en el que se comunican, pero a veces olvidan que aquello que aprenden, a través de asignaturas en el aula, puede llegar a tener forma fuera de ella y ayudarles, por ejemplo, a entender una palabra que no han escuchado nunca, o a comprender cómo captar la atención de un entrevistador solo con tu forma de hablar. O incluso a expresar tan bien tus ideas que logres poner a unos inversores de tu parte.
Leer y comprender la enorme diversidad de tipologías textuales que existen en tu idioma, los registros en los que puedes comunicarte e inclusive la variedad de caracteres que han tenido otras personas de tu misma tierra que han decidido dar rienda suelta a su imaginación y opinión por escrito, te lleva no solo a ser alguien de mente más abierta y versátil desde una temprana edad, sino también a llegar a sacar partido a todo lo que tu cultura e historia han moldeado en un pasado para abrirte una nueva forma a tu futuro.
Violeta Manso Muñoz, 2º de Bachillerato C
Todos sabemos que existen dos tipos de personas: las que sienten la lectura como un gran placer y las que preferirían quemar los libros en la hoguera de San Juan. Pese a ser dos posturas totalmente contrarias, ambas tienen una comprensible justificación.
Para muchos, la literatura es una soporífera obligación impuesta por el sistema educativo. Reconózcanse en esta categoría todas aquellas personas cuyas únicas (o casi únicas) experiencias literarias hayan sido lecturas infantiles sugeridas por sus propios padres o los tradicionales clásicos que el instituto te obligaba a leer. Pero claro, esto es comprensible, puesto que leer de forma forzada no es algo generalmente agradable: no te da la oportunidad de elegir opciones que te llamen la atención, ni te permite explorar los distintos géneros y estilos que existen. Leer de manera impuesta te produce rechazo, lo cual provoca que los libros se vuelvan trepudiables ante tus ojos.
Para otros, en cambio, leer es como entrar en nuevos universos explorables: es descubrir y avanzar en vidas e historias totalmente diferentes de la propia. A veces, todo lo que necesitan algunos para enmendar una tarde estresante y ajetreada es poder sentarse a disfrutar de un sorbo de café y un buen libro. Porque leer significa parar en un mundo en el que la inmediatez lo es todo. Esto desemboca en la sensación que parte de la comunidad lectora describe como “hogar” y “confort”: la sensación que se experimenta al perderse entre las páginas de una historia que deseas que nunca acabe.
Obviamente, la experiencia como lector se ve muy marcada por condiciones que quizá no estén a nuestro alcance para cambiar, pero aun así se puede afirmar que la literatura es el refugio de toda mente inquieta que añora hallar un oasis en una sociedad en la que todo funciona de manera tan veloz e imperiosa: porque la lectura al final del día, independientemente de las condiciones que hayan podido moldear tu opinión hacia ella, es la decisión de parar y dejarte llevar por el carrusel de deleitosas páginas que te abrazan e inducen a la calma.
Violeta Manso Muñoz, 2º de Bachillerato C
La situación histórica actual podría compararse con un puente colgante totalmente inestable que depende de cuatro sujeciones y además tiene tablas sueltas y caídas a lo largo de él.
Por un lado, los cambios tecnológicos a día de hoy son muy rápidos. Sin irnos más lejos, algo que está a la orden del día es la inteligencia artificial. Herramientas como Chat GPT han obtenido millones de usuarios en solo unos meses. Todo esto está cambiando puestos de trabajo, economía, etc.; y no sabemos con certeza sus consecuencias.
Por otro lado, la inestabilidad política a nivel global es evidente. Los conflictos armados, las tensiones entre grandes potencias, tanto dentro como fuera de Europa, y la fuerza que están perdiendo ciertas instituciones contribuyen a la dificultad de prever el equilibrio mundial futuro. Citando un tema actual, lo corroboramos con el ataque de EE. UU. a Venezuela de forma independiente y sin ningún apoyo.
En conclusión, es visible que nuestra situación histórica es incierta. El cambio drástico puede darse, sí, pero no sabemos desde qué ámbito. ¿Está preparada la sociedad para vivir con incertidumbre?
Mara Ángel Ferez, 2º de Bachillerato C