No le creas al que dice
que en esta calle rosada,
tan ruidosa, tan alegre,
casi nunca pasa nada...
Allá el perro en la terraza
no se cansa de escuchar
al canarito vecino,
que no para de cantar.
Piña, papaya y manzana,
vende Doña Pilar,
justo adelante del gallo,
que no se puede escapar.
Y si dice la tía Berta
que le falta una tuerca,
en esa casa amarilla
segurito que la encuentra.
¿Alguien quiere mandarina?
Ahí detrás del camión rojo,
la señora de aros grandes
nos va a calmar el antojo.
Casi todos usan gorras,
menos uno, el del sombrero,
te propongo ahora este juego:
¡el que lo encuentre primero!
Y si quieres zapatos nuevos
aquí los puedes comprar,
porque en la calle rosada
muchas cosas pueden pasar.
Hay tantas cosas que ver,
caminemos de la mano,
compremos peras y mangos,
piñas, cocos y bananos.
Hay cachamas y mojarras,
en tres puestos de pescado,
bocachicos, bagres, carpas,
lo más rico del mercado.
Encontramos abajito
la carreta de las plantas,
margaritas, rosas, dalias,
me contaron que te encantan.
En la moto dos amigos,
el de gorra y el de gafas,
van vestidos de colores,
los esperan en sus casas.
Dos blusitas y una falda
están colgadas del cielo,
y aquí abajito un delfín
pa’ llevar al riachuelo.
Esta calle bulliciosa
quedará siempre en tu mente,
pues hay tanta magia en ella
que enamora a mucha gente.
Texto: Lorena Salazar
Ilustración Paola Escobar