El proyecto se originó a partir de las preocupaciones sobre la creciente deforestación que ocurre en la región de la Chinantla de Oaxaca. Esta es un área de gran importancia para la conservación de la biodiversidad, en la que la selva tropical perennifolia está siendo reemplazada progresivamente por la ganadería extensiva. Este proceso destructivo ha sido impulsado por un esquema de arrendamiento de tierras para el establecimiento de pastos, promovido por empresas productoras y empacadoras de carne que pagan a los campesinos pequeños una cuota predeterminada por cada cabeza de ganado criado en su tierra.
Durante la última década, este modelo se ha expandido desde las tierras planas de la llanura costera a las elevaciones de la región, que se caracterizan por pendientes pronunciadas y suelos que son altamente vulnerables a la erosión. La abundante lluvia en el área, que supera a veces los 4.000 mm anuales, acelera la pérdida de suelo una vez que se elimina la cubierta forestal. Como resultado, la deforestación ha llevado a una grave erosión y degradación ambiental. La pérdida de la cubierta arbórea afecta no solo a la selva tropical primaria, sino también a los bosques secundarios (acahuales) y las tierras agrícolas.
El Observatorio Forestal Mundial (Global Forest Watch) estima que se han perdido más de 14,000 hectáreas de tierra forestal durante los últimos veinte años en los municipios del Valle Nacional y Santiago Comaltepec, donde actualmente se está implementando el proyecto.
El lanzamiento a nivel piloto del proyecto en 2014 con un grupo de mujeres reveló que la producción de cacao vinculada a la fabricación artesanal de chocolate podría convertirse en un medio de vida alternativo, ambiental y socialmente sostenible. Los resultados fueron alentadores, y desde entonces aproximadamente 20 hectáreas han sido reforestadas cada año. Aunque esta superficie es modesta en comparación con el grado de pérdida de bosques en curso, demuestra que al enfocar el proyecto en fortalecer los medios de vida de la gente del lugar mediante un enfoque de cuidado al entorno natural, se reduce la necesidad de recurrir a medidas como la engorda de ganado, y se reduce de una manera efectiva la presión sobre las selvas.
Para consolidar esta alternativa, es fundamental seguir fortaleciendo el sistema de producción sostenible de cacao. Antes del proyecto, las familias ya mantenían diversos jardines caseros que contenían variedades de cacao nativas mezcladas con los tipos Forastero y Trinitario, así como una amplia gama de árboles frutales. El proyecto busca preservar y mejorar este modelo agroforestal diversificado, que reduce significativamente la necesidad de insumos agroquímicos al mismo tiempo aumenta la resiliencia de los sistemas de producción.
Estamos mejorando la calidad del cacao mediante la sustitución gradual de variedades corrientes por materiales capaces de producir granos de cacao aromáticos y de sabor fino. La productividad también debe aumentarse mediante prácticas de manejo adecuadas, incluida la poda periódica y el mejoramiento de la fertilidad del suelo. El proyecto permitirá la implementación de estas actividades en beneficio de 80 productores chinantecos, mujeres y hombres.
La iniciativa involucra a pequeños productores de cacao de comunidades indígenas chinantecas ubicadas en los municipios de Valle Nacional y Santiago Comaltepec. Recientemente, estos productores se organizaron en una cooperativa, lo que les permitió en 2025 tener acceso a mercados en los que se triplica el precio de venta. Anteriormente, su producción era comprada por intermediarios regionales a precios que estaban por debajo de los costos de producción.
Cada productor maneja, en promedio, una hectárea de tierra que contiene, ademas de los arboles de la selva, unos 500 árboles de cacao, junto con alrededor de 100 árboles frutales y plantas de otras especies, como la canela y la vainilla.
La importancia de esta propuesta radica en la participación activa de mujeres y hombres indígenas chinantecos de diferentes edades que están comprometidos con la producción sostenible de cacao de alta calidad, principalmente para el mercado oaxaqueño. Oaxaca es una de las principales regiones consumidoras de cacao en México debido a su uso extensivo de cacao en la preparación de chocolate, tejate, tezcalate, chocolate-atol y más de veinte bebidas tradicionales que son centrales para el rico patrimonio gastronómico del estado.
Actualmente, gran parte de la demanda de cacao de Oaxaca se cubre con granos importados de los estados vecinos de Chiapas y Tabasco. Esto significa que en ekl estado hay una importante demanda insatisfecha de cacao, lo cual es una importante oportunidad de mercado para los productores oaxaqueños.
Levantarnos cada día a cuidar nuestras plantas, recoger los frutos de nuestro trabajo, alimentar y mantener sana a muestra familia, forma nuestro bienestar. No importa si tenemos mucho o poco dinero, si vivimos en un buen lugar.
Mantener la huerta, una parcela, cultivar cacao debajo de los árboles, cuidar la selva, es lo que nos hace estar en armonía con la naturaleza.
Al recuperar las variedades de cacao que nuestros antepasados mantuvieron, podemos regenerar nuestra forma de vida, y al mismo tiempo regeneramos nuestro entorno natural, con la selva, las aves, los animales y el río. Eso es buen vivir.