Debido a su ubicación geográfica, Marruecos es país de emigración, de inmigración y también forma parte importante del corredor migratorio africano hacia Europa. Aunque no se dispone de estadísticas oficiales, las ONG calculan que entre 40.000 y 70.000 personas migrantes transitan anualmente por el país. La llamada Frontera Sur (España-Marruecos) es una de las fronteras más desiguales y letales del mundo. La mayoría de personas y familias migrantes en Marruecos, que se encuentran en tránsito hacia Europa, carecen de recursos y viven en condiciones precarias.
El flujo de personas en situación de movilidad proveniente de África Subsahariana aumenta desde hace años y, según señalan numerosos estudios, se espera que su número se incremente en los próximos años en respuesta a la emergencia de distintas situaciones de conflicto, la recesión económica y los efectos del cambio climático.
La cercanía del norte de Marruecos con las fronteras europeas, hace que estas personas se agrupen en los enclaves en los que trabaja la DDM -Tánger, Tetuán, Alhucemas y Nador- durante períodos que pueden variar entre meses y años, con la esperanza de atravesar los 14 kilómetros que constituyen la frontera entre los dos continentes. Durante su viaje, las personas migrantes viven en condiciones de extrema precariedad, son víctimas de numerosas violencias, arriesgan su salud física y mental y ven muy limitados los servicios de protección y acompañamiento a los que tienen acceso.
En diciembre de 2020, la Delegación Diocesana de Migraciones (DDM) y Entreculturas dimos un paso importante para responder a la crisis migratoria crónica de la Frontera Sur: pusimos en marcha, con el apoyo de la Unión Europea, un Programa, de 3 años de duración que busca asistir y proteger a la población migrante y refugiada en situación de mayor vulnerabilidad en la costa norte de Marruecos.