El Carisma EIN no es un regalo cualquiera, se trata de un don gratuito de Dios para nosotros y a través de nosotros para toda la humanidad. Es Dios quien garantiza su permanencia y actualidad en cada momento de la historia y cuenta con nosotros para disfrutarlo y moverlo a otros.
¿Qué les sorprendió a Federico y Rosario de este don?:
El Padre Federico: (Jesús anonadado: “la libertad de hacerse Pequeño por Amor"
El Padre Federico descubrió que Jesús no quería ser un Dios lejano, sino un Dios que se abaja y se hace humano, uno de nosotros, hermano y amigo para dar vida a todos desde la humildad. De Él aprendió que la mayor libertad es aceptar la propia pequeñez y ponerla en valor, sin necesitar aparecer como mejor que los demás, sino viviendo con la autenticidad de un niño.
En el desarrollo de esta libertad profunda de Jesús tuvo un papel fundamental el vínculo seguro que tenía con su Padre Dios, se sabía amado total, incondicional y gratuitamente, lo que posibilitó que centrara su vida en lo esencial: amarnos así como el sentía que el Padre lo amaba a él y entregarse totalmente al bien de todos sin pedir nada a cambio. Aquí él da un nuevo sentido al servicio con humildad, porque no lo vive como obligación sino como expresión libre del amor. Por eso, el Padre Federico nos enseñó que el verdadero valor está en ayudar a los demás desde el corazón, con sencillez y disfrutando de lo que nos llena dar.
La Madre Rosario: (Inmaculada Niña: “Un Corazón Lleno de Dios")
La Madre Rosario se admiró al contemplar a la Virgen Niña recién nacida, y experimentó que así es como llenaba su corazón. Descubrió que la Inmaculada Niña en el primer instante de su ser expresaba la plenitud humana llena de gracia, llena del amor de Dios. M. Rosario experimentó en ese momento unos ojos nuevos con los que contemplar la profundidad de todo, la mirada apreciativa de la Infancia espiritual, aprendió de la Inmaculada Niña el valor de la total confianza en Dios que libera para vivir con ternura y sencillez acogiendo el amor pleno de Dios y, entregando la vida para que todos, especialmente los más pequeños puedan experimentar esa gracia. Ella nos enseñó la importancia de aceptar el valor de la propia pequeñez, como espacio privilegiado en el que Dios revela las maravillas que Dios hace en nosotros. Un corazón confiado y lleno de Dios expresa la ternura de la María Niña e invita a acoger y cuidar a todos con sencillez y amor.