Si consultas cualquiera de tus libros de texto, da igual de que materia, comprobarás que aparecen más fotografías de hombres que de mujeres. Además, si te fijas bien y observas detenidamente siempre los hombres tienen un mayor reconocimiento.
Ahora busca en el trastero de casa un viejo libro de hace más de 10-20 años cuando estudiaba tu padre o tu madre, tu hermano o hermana mayor o incluso tus abuelos. Trata de buscar alguna figura femenina en ellos, como mucho habrás encontrado una o dos que fueron reinas o mártires.
El hecho de suprimir la contribución de las mujeres en el desarrollo de inventos o en la investigación pero también en la literatura o la política es algo normalizado en todo el mundo y que ha pasado durante siglos. En ciencia es especialmente llamativo que, además, el reconocimiento del trabajo realizado por las mujeres se haya atribuido a sus colegas masculinos.
Una de las primeras mujeres en denunciarlo públicamente fue Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista de finales del siglo XIX en Estados Unidos que luchó por los derechos de las mujeres y de las minorías. En 1883 presentó su libro con el nombre Woman as an inventor ("Mujeres inventoras") en el que describe este fenómeno pero no le pone un nombre. Matilda fue víctima de este mismo fenómeno y fue olvidada por la historia.
Años después la historiadora estadounidense Margaret W. Rossiter acuñó la expresión "efecto Matilda" y dedicó su vida académica a recuperar los nombres perdidos de las mujeres científicas.
En enero de 2021, la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas publicó la iniciativa #NoMoreMatildas. Su objetivo es dar a conocer el efecto Matilda y recuperar el protagonismo de las científicas que nunca debieron ser invisibles.
¿Quieres saber más sobre el efecto Matilda?
por @juanfisicahr