Se piden exactamente los mismos objetivos y se utilizan los mismos criterios que en los cursos presenciales. Se dan los mismos contenidos. Se exige la misma nota. Solo cambia el medio en el que se da la clase.
Se requiere el mismo esfuerzo que en un curso presencial. Incluso más esfuerzo y disciplina porque se basa en el trabajo individual y planificado del estudiante autónomo.
La ventaja de la flexibilidad del horario en el que te pones a estudiar se compagina con la necesidad de cumplir los plazos de entrega de las tareas y estudio de los contenidos.
El profesor siempre te guiará en tu aprendizaje, pero no estará en todo momento presente en el aula virtual. El profesor interactuará contigo de manera asíncrona (no al mismo tiempo que tú) en sus horas de docencia destinadas a la semipresencialidad. Corregirá tus tareas, responderá a tus mensajes y colgará nuevos contenidos en su horario de laboral de docencia.