Valeria Ramírez: «Guatemala está lista para el cambio, pero hay que dejar atrás la idea de que la enfermería es solo un trabajo mecánico»
Valeria Ramírez: «Guatemala está lista para el cambio, pero hay que dejar atrás la idea de que la enfermería es solo un trabajo mecánico»
Entrevistas | 13 de agosto, 2026 | Por: Aisha Chub
El pasado 21 de mayo de 2026, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), en conjunto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), el Consejo Nacional de Enfermería y entidades gremiales como la Asociación Guatemalteca de Enfermeras y Enfermeros Profesionales (AGEP), presentaron oficialmente el Plan Nacional de Enfermería 2026-2031: «Construyendo el futuro de la Enfermería en Guatemala».
Este instrumento surge como respuesta urgente al déficit histórico de personal, las brechas de cobertura e inequidad en las condiciones laborales que afectan al sector sanitario. Su propósito fundamental es modernizar el ejercicio de la enfermería, garantizar la retención del talento humano, promover la autonomía profesional mediante la Enfermería de Práctica Avanzada y fortalecer la calidad asistencial prestada a la población guatemalteca.
Desde la primera línea de atención y la academia, Valeria Ramírez —Técnica en enfermería y estudiante del octavo semestre de la Licenciatura en Enfermería en la Escuela Nacional de Enfermeras de Guatemala— analiza el alcance real de esta propuesta. Con experiencia directa en servicios hospitalarios y comunitarios, evalúa las virtudes del plan, sus desafíos de implementación y el papel determinante que debe asumir el conocimiento para transformar el ejercicio de la profesión.
Valeria Ramírez, Técnica de Enfermería. (Foto: Aisha Chub)
¿Cuál es su evaluación general sobre el Plan Nacional de Enfermería 2026-2031?
Considero que es una propuesta estratégica sólida, con metas congruentes con la realidad nacional. Uno de sus pilares más valiosos es la dignificación de las condiciones laborales del personal: no solo en términos de remuneración justa y reclasificación de puestos, sino en la creación de entornos de trabajo seguros y adecuados.
La enfermería es una profesión esencial para la sociedad, y velar por el bienestar de sus profesionales se traduce directamente en una mejor atención a la población. Por ende pienso que es una iniciativa sumamente positiva tanto para el fortalecimiento del gremio como para el sistema de salud en general.
Asimismo, es fundamental que el plan busque fortalecer el liderazgo de la enfermería en la toma de decisiones institucionales y promueva la educación continua.
Sin embargo, su éxito no depende exclusivamente del documento formal; la clave radica en la apropiación activa por parte del personal de salud.
No debemos entenderlo como un manual estático, sino como un compromiso ético y profesional que debemos impulsar desde la praxis diaria en cada servicio e institución.
¿Cómo ha sido la recepción de este plan dentro del gremio?
No obstante, entre los profesionales con quienes comparto, predomina un alto grado de expectativa y entusiasmo por consolidar un ejercicio profesional más valorado y con mayor proyección.
Nuestra intervención trasciende la dimensión puramente fisiológica; abordamos al individuo desde un enfoque biopsicosocial y espiritual, brindando una atención holística.
Actualmente existen avances en el reconocimiento de nuestra labor, pero persisten barreras estructurales que limitan nuestro alcance. Este plan debe servir como plataforma para visibilizar el verdadero impacto de nuestra disciplina.
Fachada de la Escuela Nacional de Enfermeras Guatemala, C.A. (Foto: Aisha Chub)
Honestamente, no se valora en su totalidad. Aunque hemos ganado terreno respecto a años anteriores, siento que todavía existen barreras generacionales y posturas rígidas que minimizan nuestro criterio.
Es contradictorio, porque los y las enfermeras nos preparamos académicamente para tomar decisiones fundamentadas, pero en la práctica muchas veces se invisibiliza esa capacidad analítica. Desde mi perspectiva, defender el juicio clínico de enfermería no es capricho, es una necesidad del sistema.
Para mí, este criterio no se reduce a ver la enfermedad o el síntoma físico; implica tener la sensibilidad y la capacidad técnica para evaluar al paciente en su totalidad: su estado emocional, su entorno familiar y sus circunstancias sociales.
Si las instituciones no escuchan esa lectura integral que nosotras hacemos a la cabecera del paciente, la atención se queda corta y no se brinda el cuidado completo que la persona realmente necesita.
El plan refleja una aspiración que ya está latente en el gremio: el deseo implícito de dominar nuestra ciencia para ofrecer intervenciones basadas en evidencia de mayor calidad.
Habiendo ejercido como técnica de enfermería y estando próxima a graduarse como licenciada, ¿qué diferencias sustanciales identifica entre cada grado de formación?
La diferencia radica en la profundidad conceptual y el alcance operativo. El nivel técnico enfoca su labor en el cuidado directo, la asistencia comunitaria y la gestión básica de servicios.
Al avanzar hacia la Licenciatura, se incorporan competencias en administración hospitalaria, análisis de sistemas de salud, legislación sanitaria, investigación y docencia. Definitivamente. La superación académica debe traducirse en incentivos claros para la movilidad laboral.
El conocimiento da el respaldo sustenta el liderazgo; permite al profesional aspirar a posiciones de mayor responsabilidad técnica y administrativa con plena solvencia. Es importante enfatizar que alcanzar un grado administrativo o académico mayor no deslinda al profesional del cuidado directo; al contrario, le otorga mejores herramientas para liderarlo.
Desde la perspectiva de la práctica pública, ¿cuáles son las principales limitaciones estructurales a las que se enfrentan?
El déficit es doble: infraestructura/insumos y talento humano. Trabajar bajo condiciones de insumos limitados o brechas de personal tensiona el ejercicio profesional. Cuando la carga de pacientes por enfermero supera los estándares normativos, el nivel de agotamiento físico y emocional incrementa drásticamente, poniendo a prueba la operatividad de los servicios.
Valeria Ramírez durante una intervención asistencial en un servicio hospitalario. El cuidado directo y la atención integral al paciente hospitalizado representan el núcleo fundamental de la praxis en enfermería. (Foto: AC | Valeria Ramírez).
Actualmente existe un crecimiento sostenido en la graduación de técnicos y licenciados; la clave está en que el sistema absorba a esta nueva generación en condiciones dignas.
Somos una profesión científica, autónoma y capacitada para liderar el cuidado del paciente. Si bien aún existen barreras procedimentales y normativas, el país cuenta con las bases para iniciar la implementación gradual de este plan.
La verdadera esencia de la enfermería emerge cuando abordamos al paciente despojándonos de la rutina de la técnica y reconociendo su vulnerabilidad. Cuando entendemos esa responsabilidad moral, el ejercicio asistencial recupera su valor ético fundamental.
Laboratorio de práctica, segundo nivel, Escuela Nacional de Enfermeras Guatemala, C.A (Foto: Aisha Chub).
Cuidar con excelencia y calidez a un número reducido de pacientes es técnicamente viable; hacerlo cuando la relación enfermero-paciente se triplica desgasta la estabilidad emocional y física del personal. De ahí la urgencia de establecer límites claros, cultivar la inteligencia emocional y demandar ambientes de trabajo equilibrados.
Un gremio educado y empoderado no solo defiende sus propios derechos, sino que se convierte en el principal defensor de la salud del paciente y en un motor de cambio para el sistema.
Gestión y coordinación de servicios: Valeria Ramírez en actividades de administración, supervisión e intercambio de información clínica en un centro de salud comunitario. (Foto: AC | Valeria Ramírez).
Entrevistas | 13 de agosto, 2026 | Por: Aisha Chub