Hola, yo soy Diego Andrés Villamizar Motta, tengo 19 años; actualmente estoy terminando mi bachillerato, trabajo en un almacén de zapatos Deportivos y vivo con mi mamá, mis hermanos y mi padrastro.
Sé, que todo adolescente pasa por momentos que marcan su vida en todos los sentidos. Como adolescente, he tenido algunas circunstancias, he tenido días buenos, días malos, amigos, enemigos, amores, desamores, buenas notas, malas notas. Hay días en que despierto con mucha incertidumbre acerca de mi futuro, pues este año me gradúo como bachiller.
Yo me considero un joven responsable, carismático y emprendedor. Antes, solía enojarme con mucha facilidad, hoy en día procuro solucionar mis problemas con más tranquilidad.
Una historia de las tantas que he vivido y que han sido importante para mí, fue un viaje familiar desde mi casa, en carro hasta Barranquilla. Era mi primer viaje y estaba muy feliz de compartir con mi familia y de poder conocer el mar. Generalmente, un adolescente quiere pasar tiempo con sus amigos más que con su familia, no todos, pero muchos casos sí. Sin embargo, aunque el viaje era muy largo, yo estaba muy emocionado de llegar.
Luego de 15 horas de recorrido y algunos mareos, al fin llegamos a Barranquilla. Pasamos tres días súper especiales. Al llegar, lo primero que hicimos fue buscar donde hospedarnos, en ese momento nos llamó una prima y nos ofreció su casa; recuerdo muy bien que era en soledad. Luego de ubicarnos, ya nos fuimos a la playa, y tengo muy presente a una que me pareció muy hermosa y se llama playa cristal. Allí, estuvimos rodeados de muchas personas que vacacionaban también y de miles de vendedores ambulantes quienes nos ofrecían desde masajes, hasta ostras y mariscos.
Siempre había escuchado que el agua del mar es muy salada, y esa era una de las cosas que me inquietaba y me daba curiosidad, pero para mi sorpresa era más salada de lo que imaginaba; en medio de un descuido trague un poco y fue algo desagradable, además de que me ardían los ojos.
Después de esto, algo que me pareció espectacular, fue ver el atardecer desde una lancha; allí cada uno compartía una anécdota chistosa de su vida y solo podíamos reír y reír.
Finalmente, esa noche compartimos en casa de la prima de mi mama junto con los primos y amigos de la familia. La cena fue deliciosa, algunos jugamos cartas, otros parques y otros solo hablaban y contaban historias.
Al otro día, hicimos un recorrido por la ciudad. Recuerdo que pasamos por el estadio Metropolitano, que es la casa de la Selección Colombia para sus partidos como local por las eliminatorias. También fuimos a un centro comercial llamado Buenavista, es un lugar muy bonito para hacer compras, pasear, comer helados y disfrutar el paisaje. El centro comercial tiene 3 etapas, 2 de ellas se conectan a través de un puente, la última etapa me pareció espectacular, sobre todo por los restaurantes. La comida árabe y las hamburguesas de este sitio me fascinaron. Ya por la noche paseamos por el malecón que me pareció muy bonito también.
El último día, decidimos ir a santa marta, así que tuvimos que madrugar mucho para ir a las playas del rodadero. Ese día, decidimos quedarnos en el mar y hacer castillos de arena. Almorzamos pescado con patacón y arroz de coco y de tanto sol quedamos bien bronceados. Allí había muchos más vendedores que barranquilla y estábamos un poco nerviosos por la cantidad de gente turista que había, pero, aun así, pasamos muy rico.
Este viaje fue una experiencia inolvidable, ver a mi mamá y a mis hermanos tan felices me hacía muy feliz, es un viaje que me gustaría repetir por que el mar me generaba calma y tranquilidad. Considero esta experiencia muy positiva, fue una oportunidad para reforzar los vínculos con mis hermanos, mi mama, mi padrastro y demás familiares, además de conocer y saber de lugares nuevos de mi país.