Mi corto camino
Mi historia inicia cuando nací el 02 de marzo del 2002, Sandra Diaz (mi madre) ha sido mi gran apoyo desde entonces, mi padre es Alberto Zapata pero nunca he tenido la oportunidad de conocerlo.
Decido contar lo que fue aproximadamente la mitad de mi vida y lo feliz que fui mientras mi abuela se involucraba en ella, ella era el motor de mi vida en ese entonces.
Desde que tengo uso de razón y hasta donde mi memoria alcanza a recordar esa mujer lo era todo para mí, siempre fui la más allegada a ella y la consentida claramente, Fue ella quien me crio y me apoyo en todos los aspectos de mi vida, siempre estuvo cuando la necesite, recuerdo su compañía y su amor sincero hacia mí en cada momento bueno y en los poco agradables era donde más contaba con su compañía. Hizo de mi una mujer fuerte y dedicada, siempre iba de mi mano en cada proceso que llevaba mi crecimiento, uno de tantos fue el estudio.
Aguantaba cada una de mis pataletas y sin importar lo que yo hubiese hecho me decía al oído “todo va a estar bien” siempre estuvo conmigo en las buenas y malas decisiones que tomaba en ese entonces, me daba mil consejos, consejos que hoy en día tengo presentes y me ayudan a ser mejor persona y mejor mujer, a ella le agradezco todo lo que he logrado hasta el día de hoy aunque no sea la mejor persona trabajo cada día en ello.
Recuerdo tanto que cada día tenia la costumbre de abrazarla y dejarle claro lo mucho que la amaba y la sigo amando, siempre que se enojaba le tomaba las manos y le decía “dúrame toda la vida por favor” después de eso veía como se le aguaban los ojos y me decía que eso solo lo sabía el de arriba.
Algunas veces me sentaba junto a ella a contarle lo que quería para mi vida y lo mucho que quería que ella estuviera en ese proceso, quería tanto que me viera crecer, madurar, caer y volverme a levantar, quería escuchar cada día sus buenos consejos, a ella le gustaba tanto oírme hablar así que decidió sacar de su pensión para abrir una cuenta de ahorros en la cual ahorraba por si el día de mañana se ponía difícil la situación tener con que pagarme mis estudios, siempre me repetía que ese dinero era para invertir en mis estudios, me explico todo lo relacionado con la cuenta y me decía que tomara buenas decisiones con respecto a ese dinero, que lo supiera administrar y valorara todo el dinero que tuviera en mis manos. Tengo claro que fue ella quien me enseño a valorar todo en mi vida: el amor que me ofrecen los demás, el sacrificio de las personas a mi alrededor, el dinero y tantos valores.
Tengo una frase grabada en mi memoria que siempre me repetía “fueron más mis hijos que mis nietos” refiriéndose a mis hermanos y a mí, en ese momento yo estaba pequeña y no le daba mucha importancia a eso, para mí lo importante eran los abrazos y el amor que me brindaba pero, hoy que soy más madura lo entiendo, con tan solo recordar todo lo que significo para mí los ojos se me llenan de lagrimas y no solo por la tristeza de no tenerla a mí lado, sino también por gratitud hacia ella, por todo lo que me enseño.
Estuvo presente en toda mi niñez, pues vivió conmigo hasta los 11 años o eso recuerdo, cuando estaba pequeña era ella quien me buscaba en la guardería que por cierto no me gustaba ir pero amaba cada salida, verla a ella esperándome ahí con una botella de agua diciéndome “tome agua negrita” y yo solo veía el momento en que me compraba un helado. Cuando entre a estudiar en la primaria todos los días me ganaba un pellizco de ella por no tener buen comportamiento por lo cual yo comenzaba a llorar, ella para remendarlo me compraba buñuelos y me decía que debía mejorar mi comportamiento, todos los días madrugaba a bañarme, peinarme, plancharme el uniforme, alistarme la lonchera y llevarme a la escuela.
Cuando salí de primaria me fui a vivir con mi mamá pero pasábamos muchas necesidades, pues a ella le tocaba duro con mis dos hermanos, aunque eso nunca fue un obstáculo para que ella luchara por darnos lo mejor, se esforzaba cada día por tenernos bien pero tristemente era muy difícil para ella, así que decidí volver a casa de mi abuela, mi abuela fue quien me crio, me amo desde que supo de mi existencia, era tan importante para ella que quería darme su apellido “Arenas” pero esto nunca fue posible, volví a vivir varios años con mi abuela, mi bachillerato fue un poco duro, mejore mi comportamiento pero mis calificaciones no eran las que esperaba mi abuela así que ella tomo la decisión de meterme en clases dirigidas para mejorar eso, siempre que salía de las clases me esperaba en casa un buen baño, una buena comida y un arrunchis con mi abuela en una cama amplia y cómoda, me quedaba dormía mientras me tomaba un tetero de leche.
Luego volví a vivir con mi mamá y sin saberlo la salud de mi abuela comenzó a deteriorarse pero nunca nos informo sobre ello, siempre que la veía le preguntaba el porqué de su comportamiento últimamente pero me evadía el tema y me decía que si algún día ella moría quería que yo saliera adelante, quería poner su pensión a mi nombre pero no se pudo por mi corta edad, me decía que nunca se me fuera a olvidar lo mucho que me quería y que siempre quiso que yo fuera la mejor de mis hermanos, acompañado de esto me recordaba lo hermosa y buena niña que yo era..
Mi abuela siempre fue una mujer amplia, buen ser humano y fuerte, cada mes la acompañaba a cobrar su pensión, en el banco ya me conocían, yo firmaba por ella y recibía el dinero, luego íbamos al centro a que me comprara todos y cada uno de mis antojos y caprichos, cuando llegábamos a casa yo le daba todo el dinero menos los billetes nuevos, sin importar el valor de ellos ella me los dejaba y luego me los pedía prestados y me decía que me los pagaría con intereses, con ese dinero siempre íbamos a comprarme ropa, casi no alcanzaba para nada pero ella siempre me decía que había el suficiente.
Luego de un tiempo recayó en una cama por aproximadamente siete meses, fueron los peores siete meses de mi vida, verla como lloraba y se quejaba de dolor me partía el alma, veía como sus ojos pedían ayuda a gritos, yo solo podía abrazarla y decirle que por favor aguantara más tiempo, que ya no me faltaba mucho para graduarme y verme como ella siempre quiso y se pudiese sentir orgullosa de mí, luego de estos difíciles días la trasladaron a la clínica San José en la cual estuvo tres días, al tercer día me dieron una noticia que me lleno de tristeza mi corazón, los médicos dijeron que era mejor que fuéramos a despedirnos porque no creían que ella aguatará más y así fue, nos estaban equivocados, recuerdo que cuando me fui a despedir fue el peor día de mi vida, me despedí de ella, sabiendo que no podría verme ser la mujer que tanto quiso que fuera, le hablaba al oído y le decía que iba a ser lo que ella tanto quiso, le pedí que por favor nunca me dejara sola y que se fuera en paz porque había sido una gran persona, mientras le hablaba le bajo una lagrima de su ojo izquierdo, por ultimo le dije que no sabia como llevar este momento, no sabría como seria mi vida sin ella, aún no sé como he podido vivir sin ella.
Murió un martes, a la 01:03 de la tarde, un 31 de diciembre, me dieron la noticia, lo único que hice fue soltarme en llanto y decirle a mi hermana que en ese momento estaba conmigo, que se había ido, que ya no iba a estar más conmigo, y que no sabía que hacer, fue el peor día de mi vida, ya que la felicidad que tenía en mi vida, se había ido al cielo, que había soportado una enfermedad por más de 22 años, y que siempre fue por ver a sus nietos siendo profesionales, pero no pudo más, y se me fue de la tierra
Hoy ya son casi 4 años que ella ya no está, y en mis momentos difíciles solo trato de imaginarme que ella está y estoy hablando con ella, y me la imagino dándome su voz de aliento y fue ahí donde entendí, que las personas tiene un único valor, que hay que aprovecharlas y vivir con ellas el momento, que no hay un mañana, y que el ayer es pasado, el mañana no existe y que el Hoy es el presente, que hay que demostrar más a la persona que uno más ama, (Sus abuelos, padres y hermanos) para que no sea tarde el día que ellos no estén, pero de todo siempre quedará una enseñanza..