Crónicas de la Orden del Fénix Azul
💙 Novela por entregas 💙
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"La vida es un gran libro que encierra una dura y complicada enseñanza y que, generalmente, se termina de leer sin haberlo comprendido". Con esta frase os doy la bienvenida a esta sección en la que podréis ir leyendo, poco a poco, un libro de género fantástico que estoy escribiendo, el cuál no es recomendable leerlo si sois especialmente sensibles. Espero que os guste y que os permita abandonar la realidad durante un valioso tiempo.
Han pasado tres años desde el inicio de la Tercera Guerra Mundial, muchos enclaves de la Resistencia han caido, muchas vidas se han perdido. Ingrid, líder de esta con tan solo quince años, se enfrenta a los horrores de la guerra para tratar de salvar a los suyos mientras mantiene una lucha interior: a quien quieren muerta es a ella. Puede que no solo tenga que proteger a los suyos cuando las fronteras de su mundo se amplien y que no solo tenga que luchar en una guerra. Los hilos del destino son muy finos… ¿se romperan bajo sus pies?
P.D.: Al final de esta página tenéis un formulario donde podéis expresar vuestra opinión sobre lo que habéis leído hasta ahora (si no os sale, dadle al botón gris de encima a la derecha, el de abrir en una nueva página). Esto es muy importante para mí porque así puede saber si alguien lo esta leyendo y si merece la pena seguirlo compartiendo a través de este periódico. Muchas gracias.
Para Sara Álvarez, Sofía González, Ines Moñino y Lucía Martín, las alas de este fénix.
Para Vero Sánchez, Irene Suárez y Lucía Villareal, habitantes de mi primer mundo.
Capítulo 1.
El aliento de la muerte.
Ingrid.
“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal: lo que cuenta es el valor para continuar” Winston S.Churchill.
Izquierda, la bala me rozó la sien realizándome un corte, la siguiente la hice rebotar con la hoja de una de mis espadas, que fue a dar en la pistola de mi oponente, haciéndola caer. Era un oponente realmente formidable. Su don para la puntería, nato. Pero sus motivos no eran nobles. Era un asesino enviado por el gobierno para matarme, seguían creyendo que así obtendrían mis poderes. Lancé mis dos dagas consiguiendo clavarlo por la ropa en un árbol:
-Diles que así no los obtendrán - dije mientras el filo de una de mis espadas rozaba su garganta -, y que no te vuelva a ver, o la próxima no habrá tanta suerte.
-Eso espero - dijo él -, así tendremos más razones para acabar con tu vida, monstruo.
Tenía razón. Recuperé mis dagas arrojadizas y le di la espalda a mi atacante, dispuesta a marcharme de allí. Entonces escuché el sonido del gatillo, rodé a la derecha esquivando la última bala y lancé un canto rodado lo suficientemente fuerte como para dejarlo inconsciente. Por fin, el hombre cayó inerte. Me acerqué cautelosamente a verificarlo dándole un pequeño puntapié en el costado, al cual respondió con un pequeño bufido, pero nada más. Había que darse prisa en salir de allí antes de que llegasen más enemigos. Cerré las espadas y me las coloqué en la espalda, me relajé ligeramente y me puse manos a la obra para desaparecer sin dejar rastro, como siempre. Después de haber recogido la pistola con la que me atacaron y cargado al hombro el saco de provisiones, eché a correr en dirección a las viejas minas de las partes altas de las montañas, el hogar de la Resistencia, la Orden del Fénix Azul.
-¡¿Quién va?!
-Soy Arpía, tranquilo Kanan, traigo las provisiones.
Kanan era mi mejor amigo y uno de los guardianes de la entrada de las minas, a pesar de sus diecisiete años y apariencia afable, era un gran guerrero con un oído sobrenatural y podía detectar la presencia de otros seres, fuesen cuales fuesen.
-Bien, ¿hubo algún incidente?
-Se podría decir, pero no fue nada más que un simple adulto de patrulla, tuve que dejarle inconsciente, además, iba armado con una HK - dije mientras le lanzaba la pistola.
-Vaya, hacía dos años que no las veía, no suelen ser tan buenas, ¿me pregunto de dónde la habrá sacado? - dijo mientras me devolvía la pistola.
-No lo sé, pero seguramente de alguna otra fábrica en el mercado negro.
-Deberías entrar, Atzi se pondrá furiosa si tardas un segundo más, ya la conoces.
-Ya, tienes razón. Bueno, ya entro deben de estar preocupados por mí. Por cierto, ¿ha llegado ya Alotl de la guardia?
-No, pero seguro que llegará en la siguiente hora, no te preocupes. Por cierto, feliz cumpleaños.
-Vale, gracias, suerte con la guardia.
Al entrar en la mina, todo estaba silencioso, como siempre. Tenía que girar a la derecha para coger una de las viejas vagonetas y así llegar a la parte vieja de la mina, a la que se había llamado “La Ciudad de los Azules”, pues aquella mina había sido uno de los mayores yacimientos de diamantes azules, que a pesar de su color, era exactamente de las mismas propiedades que el diamante transparente. El chirriar del viejo motor de la carretilla anunciaba que ya estaba de camino al laberinto, la zona más complicada de la mina. “La Ciudad de los Azules” era el hogar de la Resistencia, el cual, combinaba a la perfección con el nombre de esta. Como todas las grandes resistencias de la historia, éramos difíciles de vencer, de ahí la comparación con el diamante, y además, por muy derrotados que pareciéramos, siempre resurgíamos de nuestras cenizas, al igual que los fénix. La única peculiaridad del nombre venía de que se pretendía aparentar calma y serenidad. Al bajar de la vagoneta, todavía se tenía que caminar un trecho; ya que cualquier otro sistema de seguridad o consumiría magia, que se agotaría en algún momento, o se utilizaba electricidad y señales que podrían ser inhibidas fácilmente y nos habrían capturado a las semanas de escondernos.
Pero como toda precaución es poca, utilizamos poliexpan con un conjuro para aparentar rocas, evitar que salgan volando y para que se adhieran a la perfección al resto de minerales para camuflar entradas y pasadizos secretos. De estos habían de cincuenta a cien ocultando corredores. El laberinto era de 5 kilómetros de punta a punta, y teniendo en cuenta los giros y el tiempo que se empleaba en accionar los mecanismos, se tardaba de una hora a una hora y media en atravesar. Esto solo si seguías el camino correcto, ya que si te perdías, podrías terminar muriendo allí de hambre, sed, frío o caídas en la oscuridad. Como todo en esta vida, había un truco para atravesarlo. Esta era la frase:
“Grupos de idiotas veréis, de dos y tres, aunque también los hay de cinco y seis”.
Las palabras que empiezan por el sonido “i” significan “girar a la izquierda”, y si hay número a continuación indica las veces que hay que hacerlo. Para las palabras que empiezan por la partícula “de”, significan “girar a la derecha”, y, si hay número a continuación, indica las veces que hay que hacerlo. De forma que, si lo “traducimos”, nos quedaría así:
“Derecha, izquierda, dos derecha, tres izquierda, cinco derecha, seis izquierda”.
Por fin en la entrada, toco cinco veces a la roca grande, y esta se abre.
Aquel familiar sonido de ajetreo me envuelve: la gente conversando, espadas siendo afiladas, picos golpeando las rocas, vagonetas chirriando… y la voz de mi madre, Atzi, gritando órdenes a diestra y siniestra.
-¡Ingrid! Has tardado demasiado, has sido descubierta por uno de los espías al que no has matado, y encima llegas tarde. Pero como has traído las provisiones y es tu cumpleaños, haré la vista gorda.
Habían cosas que en aquel lugar tardaban mucho, pero los rumores corrían más rápido que la pólvora en aquella mina, lo cual, para mí casi siempre era un misterio a pesar de ser la líder de la Resistencia.
-Sí Atzi, gracias. El haber matado a ese hombre no hubiese ayudado en nada a mejorar nuestra situación y a ganar más aliados, por ello lo dejé inconsciente. Pero, por favor, llámame por mi nombre en clave, Arpía, ya que soy la cabecilla. ¿Cómo te enteraste tan rápido de todo?
-Lo primero, no me contestes así, me da igual el rol que tengas en esta mina, sigo siendo tu madre. Segundo, puedo llamarte como yo quiera, sobre todo en tu decimoquinto cumpleaños. Y tercero, tengo mis fuentes y…
-Se lo contó Alotl, que ya volvió de la patrulla, cada día es más sigilosa y discreta - dijo un herrero que justo pasaba por detrás -, pero puedo creer que Kanan no lo notase, ya que el don de Alotl es el “Jutsu” *.
-Gracias por contárselo todo - dijo Atzi con notable sarcasmo -, ¿también le vas a contar su regalo, o me concedes el honor?
-Perdón Atzi, no volverá a suceder. Claro que sí, es mi obligación.
-Bueno, a lo que iba.Tu padre te ha hecho este regalo, tu hermana y yo conseguimos los materiales. Espero que te guste y que lo utilices con sabiduría, procura llevarlo siempre oculto - dijo mientras me lanzaba un bulto marrón.
-Vale, muchas gracias Atzi. Lo abriré en privado, así lo podré contemplar sin ojos indiscretos cotilleando.
-Muy bien, pero antes de eso, pasa a saludar a tu padre y a tu hermana.
-Está bien, ¿dónde están?
-Tu padre está consultando un par de archivos en la biblioteca, y tu hermana está entrenando. Ya sabes que como es un año menor que tú…
-... tiene como objetivo superarme algún día, ya lo sé Atzi. Me voy, que se hace tarde.
Una vez dada la vuelta y dispuesta a marcharme la escuché murmurar:
“Esta niña no va a aguantar la presión de sus poderes, de liderar la Resistencia, y de que la estén intentando matar cada día. Es demasiada carga para una niña de tan solo quince años”.
En muchas cosas tenía razón, pero en esta no. No era común que subestimase a la gente, pero si se trataba de mí, siempre lo hacía.
Atzi, a pesar de ser mi madre, era la segunda al mando y me seguía tratando como a una niña, pensando que después de tres años sintiendo el aliento de la muerte en mi nuca a causa del mayor error de mi vida no era capaz de soportar semejante carga.
*Los Jutsu (術; significa literalmente "Técnicas/Habilidades") son las artes místicas de un ninja que utilizan en la batalla.
El mayor error de mi vida fue confiar en la humanidad, la plaga que puebla la tierra y la destruye y de la cual formo parte.
Mi sueño fue poder salvar a la humanidad de una dolorosa, pero más que merecida, extinción. Pero aquella estoica tarea no podía ser llevada a cabo por una simple mortal, para ello debía de ascender hasta ser lo más parecido a una semidiosa, algo imposible hasta el momento. Necesitaría poderes, pero no cualquier poder, si no infinitos. Entre ellos el transformarse, pelear, teletransportarse por el espacio tiempo, y el control sobre el hielo para restaurar los casquetes polares y evitar el calentamiento global.
Cuán grave fue mi error al confiar en la humanidad otra vez, en dar una segunda oportunidad. Mi esfuerzo sólo generó más rivalidades entre países. Yo fui la causa de la Tercera Guerra Mundial. El mundo se partió en dos: los que me apoyaban a mí y a mis poderes, y los que me consideraban una amenaza para la existencia humana, una abominación que solo quería ganarse la confianza de todos para someterlos más tarde y crear un imperio a escala mundial.
Los que estaban en mi contra eran la mayoría, y persiguieron a todos aquellos que apoyaban la salvación y confiaban plenamente en una niña de solo doce años. Tuvimos que escondernos, huir, y se empezó a gestar una rebelión en las entrañas de la tierra. Poco a poco fuimos quedando cada vez menos. Hasta sólo quedar el enclave más fuerte: La Ciudad de los Azules.
Ya había llegado a la biblioteca, en una de las esquinas más apartadas estaba un hombre con gafas y apariencia intimidante, aquel era mi padre, Kuayolotl.
Era el que dirigía todos los movimientos estratégicos de la Orden del Fénix Azul, y hacía honor a su nombre, ya que este significaba “cerebro”.
-Hola papá, Atzi me contó que hiciste este regalo, lo abriré luego en privado, aunque probablemente mi hermana quiera acompañarme, seguro que querrá ver mi reacción.
-Tienes razón. ¿Conseguiste traer las provisiones sin demasiados incidentes?
-Si con demasiados incidentes te refieres a no más de dos confrontaciones, entonces sí, sí que lo conseguí.
-Me alegra - dijo con gran sinceridad en sus palabras -, bueno, ve con tu hermana antes de que termine destrozando todos los sacos de boxeo que hay en la zona de entrenamiento. Hoy está especialmente sensible, así que ten cuidado con tus palabras no vaya a ser que te saque un ojo.
-Vale, suerte con lo que estés investigando, se ve muy interesante.
A pesar de la apariencia intimidante de mi padre, él me trataba más acorde con mi edad, y además me dejaba llamarlo “papá” en público y en privado, algo que no hacía Atzi. Él siempre pensaba que era capaz de conseguir lo que me propusiera, siempre y cuando me esforzase lo suficiente, aunque en cierto modo también estaba preocupado por que tuviese que asumir tantos cargos importantes a mi edad.
Luego estaba mi hermana, Sauce, cuya actitud encajaba perfectamente con las características que indicaba el significado de nombre, no era precisamente lo que se podría decir una criatura mansa, era todo lo contrario, puro nervio, fuerza, decisión, y era realmente cabezota. Esa era una de las múltiples razones por las cuales cuando se le decía que no necesitaba superarme, que éramos igual de fuertes y hábiles independientemente de los poderes, negaba repetidas veces con la cabeza y seguía entrenando hasta caer exhausta en uno de sus descansos. Y era aún más difícil de tratar si estaba tan sensible como aquel día.
-Hola Sauce, ¿cuántos llevas ya?
-Hola…Ingrid…, ya llevo…diez… hoy - dijo jadeando debido al sobreesfuerzo.
-Tómatelo con más calma, te vas a lesionar y no tenemos suficientes materiales para andar reponiendo los sacos de boxeo que andas rompiendo cada día - dije apoyándole una mano sobre el hombro y apartándole con la otra el pelo de la cara -, voy a abrir mi regalo, ¿por qué no te tomas un descanso y lo vemos juntas? Además, no creo que vieses el resultado final.
Ella asintió, se quitó los guantes de boxeo después de darle un último golpe al saco, que hizo que este se balanceara hasta golpear el techo, y se sentó a mi lado.
Al mirarnos a los ojos me invadieron muchos recuerdos, siempre habíamos sido increíblemente diferentes físicamente: yo tengo el pelo rizado y negro como una noche sin luna ni estrellas, ojos marrones que son, según me dicen, profundos y misteriosos, y piel blanca como la luna, como mi padre, mientras que ella tenía el pelo liso y rojo fuego, con ojos verdes que desbordaban vida y piel de un suave tono canela, como Atzi. Nadie jamás habría adivinado que éramos hermanas sin haber estudiado detenidamente nuestro comportamiento antes. En cuanto a actitud, las dos éramos igual de cabezotas y cuando nos fijábamos una meta tenía que pasar algo muy grave para apartarnos de ella. Una sombra de preocupación cruzó mi rostro fugazmente, pero mi hermana, ya conociéndome de sobra, se dio cuenta:
-Oye, ¿qué te pasa?¿No se supone que en los cumpleaños se debe estar alegre? - dijo dándome un codazo -. Venga, ábrelo. Seguro que te levanta el ánimo. Mira, lo hemos hecho con los colores de tu elemento por nacimiento: la tierra.
Sin mucha decisión empecé a deshacer cuidadosamente el lazo verde que mantenía la tela marrón aterciopelada ceñida al regalo. Dejé que esta se deslizase suavemente para dar paso a lo que escondía: eran unas veinte dagas arrojadizas hechas de hermosa plata, pequeñas como bolígrafos, finas como plumas y tan afiladas que cortaban hasta el aire. Venían divididas en grupos de cinco con sus vainas adaptadas para ser ceñidas a brazos y piernas, de forma que se podían ocultar con mangas y pantalones y apenas molestaban en la pelea.
-Son…no sé cómo describirlo - dije con lágrimas en los ojos -, todas las palabras se quedan cortas de lo maravillosas que son, cómo…
-Incluso los que no poseemos tus poderes podemos lograr crear maravillas solo con nuestras manos y mucho, pero que mucho tiempo - dijo cortándome -. Bueno, adelante, pruébalas.
Después de secarme las lágrimas utilicé mi telequinesis para colocarme las vainas en brazos y pantorrillas y me dirigí a colocarme delante de una de las dianas. Respiré hondo e intenté calmar el zumbido de mi cabeza provocado por el uso de la telequinesis, extraje una de las dagas y, con un movimiento casi imperceptible para el ojo humano, la lancé. La daga cortó el aire más rápido que cualquier otra, rotando sobre sí misma, atravesó la diana justo por el centro y se clavó en la pared, hundiendo la mitad de su hoja en esta.
-Papá, Atzi, y tú hicisteis un gran trabajo. Jamás creí que vería unas dagas tan rápidas y letales como estas - dije extrayendo la daga de la pared con facilidad -, lo cortan todo como si de mantequilla se tratase. ¿Cuánto tiempo os costó?¿Y de dónde sacasteis la plata?
-Lo primero, como ya dije, tardamos mucho tiempo, no voy a especificar. Lo segundo, cada uno tiene derecho a tener secretos, ¿no crees? Y tercero, deja de leer mi mente como un libro abierto. Reserva esos poderes para el próximo adulto de patrulla que encuentres y no para tu familia, si no te importa.
Pocas personas podían detectar que estaba introduciendo mi conciencia por los rincones de su mente, pero como ya he dicho, mi hermana no era del montón.
Asentí y aparté mis ojos de los suyos. Oculté mi sorpresa de que supiera ya lo del incidente del adulto, ya que por lo visto Alotl había mejorado su velocidad pasando información.
-Oye, hace ya tres horas que mi entrenador huyó de esta sala, ¿por qué no entrenamos juntas un rato? Así puedes ver cuánto he mejorado.
-Me parece bien, necesito despejarme. Intentaré no ser demasiado dura contigo.
Nos colocamos en el tatami una frente a la otra, nos saludamos con una inclinación de cabeza, como era tradición en cualquier combate honrado, y nos pusimos en guardia. Sauce golpeó primero, pero su ataque era tan directo que pude desviarlo y mandarla al suelo. Mientras se recuperaba de la caída, yo contraataqué con una patada que ella usó para mandarme a la otra punta de la sala.
-Veo que has mejorado mucho desde la última vez, se nota que has entrenado.
-Y tú me lo estás poniendo muy fácil, ¿es que has perdido el toque? - dijo en tono de broma - ¡Vamos, se que tienes algún as bajo la manga!
Los siguientes minutos nos dedicamos a intercambiar movimientos de boxeo y varias patadas, de las cuales algunas no pudimos desviar y recibimos en piernas, brazos y torso. Ninguna se rendía a pesar de los múltiples moretones causados, y nuestro duelo amistoso había atraído a más de uno, entre ellos se encontraban Kanan, que estaba terminando su descanso de la guardia, y Alotl, que se había deslizado sigilosa como una sombra entre la gente. Ambos gritaban emocionados por la escena y no se perdían ningún movimiento, como si estuvieran hipnotizados.
-Vamos Ingrid, quiero pelear con algo más que con mi hermana humana, ¿por qué no sacas a tu parte dragónica, a ver que puedo hacer con ella?
De repente me puse pálida como un muerto y me detuve. La sola mención de aquellas dos palabras eran los golpes más dolorosos que se me podían dar. Se hizo un silencio absoluto en la sala. La tensión era tal que casi se podía cortar con un cuchillo. Sauce se dio cuenta al momento de lo que había dicho y deseó que las palabras volviesen a entrar en su boca.
-Ingrid, lo siento, yo…
-El duelo ha terminado - la corté con sequedad - volved todos a vuestras tareas, aquí ya no hay nada que ver.
Me di media vuelta y me dirigí a la puerta. Todos se apartaron para dejarme pasar, pues con solo ver mi pálida, seria y atormentada expresión, presidida por unos ojos profundos como pozos que hablaban de un pasado misterioso sin contarlo, se sentía un temor irracional invadir tu cuerpo.
Aquellas dos palabras resonaron en mi cabeza durante incontables horas, trayendo consigo recuerdos del pasado los cuales no quería desenterrar, pues era tal el dolor que causaban que no se podía expresar con palabras o gestos, solo con miradas.
En aquellos días no había sido necesario crear ninguna resistencia u orden, aunque el mundo estaba dividido en dos bandos, los que apoyaban mis poderes eran mayoría. Sin embargo, por aquellos tiempos ya existían los contrarios a la magia y, en consecuencia, a mí y a lo desconocido. Mis mayores miedos siempre han sido, son, y serán que dañen o maten a mis seres queridos, o que sientan un odio verdadero y profundo por mí, el suficiente como para querer aislarme de todo y de todos y asesinarme.
Aquel día había habido varias manifestaciones en contra de la magia, insistiendo en que yo era una abominación y debía ser erradicada antes de que sometiese a todos. Estos eran los autodenominados “antimagistas” moderados. Luego, estaban los radicales. Estos perseguían y asesinaban a los “magistas” que iban solos por la noche e intentaban desatar mi furia sobre uno de ellos para ganarse el apoyo del gobierno, el cual se procuraba mantener en una posición neutral con respecto al asunto, y así terminar con el movimiento al que se oponían. Uno de sus intentos de provocación en pleno público, con reporteros y cámaras grabando en directo, dio sus frutos, pues tocaron mi fibra sensible y yo perdí la calma.
-¡Miradla todos, pues será la arpía responsable de la muerte de todos nosotros! - escupió con auténtico desprecio - Una abominación como ella ni siquiera debería haber nacido, y en el momento de su nacimiento, debería haber sido degollada sin piedad - se volvió hacia mí, y en su mirada ardía una salvaje e irracional sed de venganza -. Maldita seáis tú y toda tu familia, y juro que encontraréis una muerte lenta, dolorosa y llena de agonía, ¡maldito monstruo! - gritó fuera de sí.
Me detuve en seco en la puerta del edificio en el que me iba a reunir con el presidente. Una furia incontrolable corría por mis venas, mi mano oprimía con fuerza el picaporte de aquella puerta. Entonces, con un alarido de furia, me di la vuelta y me dirigí lentamente hacia la persona que había soltado aquellas hirientes palabras.
Mientras caminaba hacia él mis ropas se fueron pegando a mi cuerpo, mis manos se transformaron en garras, mi cara y mi cuello se fueron alargando mientras me crecían unos afilados cuernos y me ponía a cuatro patas, agitando una feroz cola.
Solté otro alarido, solo que esta vez, de lo que había sido mi boca salió un rugido.
Me había transformado en mi bestia interior debido a aquella incontrolable furia: un dragón de tormenta plateado, lo que yo llamaba un Furia Tormenta. Había dejado de ser humana para convertirme en una bestia con electrokinesis de ocho metros de alto (sin estirar el cuello). Unos nubarrones se acumularon en el cielo, anunciando una terrible tormenta eléctrica, y descargaron sus poderosos rayos contra mí. Dirigí la mirada de mis brillantes ojos dracónicos hacia aquella despreciable persona, y con toda mi ira, exhalé un torrente de rayos que no solo cayó sobre el despreciable ser, sino sobre varias personas de la multitud. Aquello fue el detonante de la Tercera Guerra Mundial. Aquel fue el día en el que maté a trece personas.
Desperté envuelta en sudor de mi sueño, un doloroso recordatorio de que era yo la responsable de tanto dolor y muerte. La pesadilla no era lo que me había despertado, sino mi instinto, me decía que algo no iba bien y que alguien me observaba. Al mirar hacia la silla que había al lado de mi cama, encontré sentado al fantasma de la Dama de Blanco*.
-La muerte cerrará hoy su terrible zarpa sobre esta orden - dijo antes de desaparecer.
Me levanté de un salto y con un movimiento de mi brazo, mi pijama se cambió por mi ropa de pelea y salí corriendo por el pasillo. Tenía la horrible sensación de que tendría que luchar por mi vida aquella noche. Al llegar al final del pasillo vi una sombra que me resultaba familiar. Al acercarme, descubrí que era Kanan, pero estaba pálido, y tenía una espada que lo atravesaba de parte a parte a la altura del estómago. Se dejó caer sobre mí, y acariciándome la mejilla, me dijo sus últimas palabras:
-La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia. No pares de luchar, hacedlo por mí y por todos los que entregaron su vida por esta orden, larga vida a la Orden del Fénix Azul.
Kanan dejó caer su mano, fría e inerte, y sus ojos perdieron el brillo de la vida. Murió entre mis brazos, sin yo poder hacer nada, y dedicando sus últimas palabras a todos los que luchamos por la libertad.
Con un grito de amargura y con el cuerpo de Kanan entre mis brazos, dejé que aquel remolino de emociones tomase el control y me transformé en dragón, dispuesta a vengar la muerte de mi amigo o morir en el intento.
*La Dama de Blanco se representa como una mujer vestida de blanco que aparece siempre y cuando hay algún tipo de peligro.
Personajes
Alotl (a - lotl)
Amiga de Ingrid, mensajera y espía de la Orden del Fénix Azul.
Nombre: hace referencia a una guacamaya, un ave preciada para la cultura indígena.
Edad: 16 años.
Especie: humana.
Poderes: jutsu.
Atzi (at - si)
Madre de Ingrid, segunda al mando y administradora de la economía de la Orden del Fénix Azul.
Nombre: significa “lluvia”.
Edad: 45 años.
Especie: humana.
Poderes: médium iniciada.
Ingrid (in - grid)
Líder y entrenadora de las tropas de la Orden del Fénix Azul.
Nombre: significa “justa”, “hermosa” y “la que es querida”.
Edad: 15 años.
Especie: humana.
Poderes: infinitos.
Kanan (ca - nan)
Mejor amigo de Ingrid y consejero de los mandos de la Orden del Fénix Azul.
Nombre: significa “arroyo fresco”.
Edad: 17 años.
Especie: humano.
Poderes: sentidos sobrenaturales.
Kuayolotl (cua - llo - lotl)
Padre de Ingrid, tercero al mando y estratega de la Orden del Fénix Azul.
Nombre: significa “cerebro”.
Edad: 47 años.
Especie: humano.
Poderes: médium iniciado.
Sauce (sau - ce)
Hermana pequeña de Ingrid, cuarta al mando y diseñadora de armas de la Orden del Fénix Azul.
Nombre: significa “libertad”.
Edad: 14 años
Especie: humana.
Poderes: médium.
Texto sujeto a derechos de la autora. Siguiente parte próximamente. Gracias por leer hasta aquí almas hermosas.
Un saludo: Elisa C.G.