la tristeza nos ayuda a tomar decisiones y adaptarnos a la realidad cuando esta es menos agradable con nosotros. Además, la tristeza nos sirve para ensimismarnos, tomar conciencia de nosotros mismos y nuestras situaciones y analizarlas.
Quizás estos procesos puedan parecer técnicos, pero párate a pensarlo, ¿nunca has hecho algo o tomado una decisión con el objetivo de dejar de estar triste?
Pues bien, esto es resultado de todos estos procesos, un mecanismo de defensa que nos ayuda a pasar página en los malos momentos. Otro ejemplo perfecto de cómo nos ayuda la tristeza lo encontramos en su máxima expresión: el llanto. Asociamos llorar a la debilidad, pero es un proceso normal en los momentos de tristeza y, además es beneficioso para la salud. Al llorar se libera adrenalina y noradreanlina, lo que produce una sensación de desahogo y tranquilidad que nos hace sentir mejor posteriormente.
Como ya hemos comentado, sentir tristeza en determinados momentos no es nada malo y, es más, beneficioso para nosotros si sabemos cómo gestionarlo. Sin embargo, si la sensación de tristeza es constante, hablamos de depresión y aquí sí que debemos preocuparnos.
Por tanto, la tristeza sirve como trampolín desde los momentos dolorosos por los que todos pasamos hasta la recuperación de la felicidad. Puede ser difícil, pero la mejor forma de superarlo es identificar cuándo nos sentimos tristes y, sobre todo, permitírnoslo sin pensar por ello que es un signo de debilidad o es malo. Y tomar cartas en el asunto, por supuesto.
Así pues, sí, la tristeza es dolorosa y nos hace pasar mal por algunos momentos. Sin embargo, ese rechazo que nos provoca y nos ayuda a abandonarla es lo que nos hace avanzar en los malos momentos y en las adversidades.