¿Es mejor el mundo desde que existe internet?= Ponencias
Como muchas cosas de nuestro mundo moderno, la existencia de internet cambió las cosas para siempre y marcó un antes y un después en nuestra manera de comprar, vender, trabajar, conocer gente e incluso de comprender el mundo. En general, internet le introdujo al mundo más rapidez, más agilidad y un alcance nunca antes visto en las comunicaciones humanas, pero también trajo consigo problemas que antes tenían más fácil solución o que, peor aún, no existían en absoluto. Aun así, en las siguientes líneas trataremos de demostrar que sus beneficios superan, con creces, a sus inconvenientes.
Comencemos, como se estila, por el principio. Internet es una red informática de inmenso alcance, capaz de vincular terminales ubicadas en extremos opuestos del mundo entero, a través de un conjunto de protocolos comunes. Dicho de otro modo, se trata de la red de redes de computadoras, tan vasta y veloz que es capaz de comunicar a las personas a lo largo de gigantescas distancias. Y esa, de por sí, es ya una enorme virtud: gracias a internet el ancho mundo se puso un poco más a nuestro alcance.
Los videojuegos: un nuevo espejo en que mirar nuestra cultura = Ensayo
Cada cierto tiempo, un joven o un grupo de jóvenes del mundo industrializado comete una atrocidad que les cuesta la vida a sus compañeros y sus maestros del colegio, o a los desafortunados transeúntes de un centro comercial. Y cada vez que ello ocurre aparecen en los medios de comunicación los sospechosos habituales: el rock pesado, las historietas y, en especial, los videojuegos. Se los acusa de contaminar las mentes de los niños con violencia, de expresar “antivalores” y de ser una influencia nefasta en la sociedad contemporánea.
Se trata de una acusación ingenua, conservadora, más dispuesta a buscar un chivo expiatorio cualquiera que a reflexionar sobre el mundo en el que sus hijos nacieron. Un caso equivalente al de quien al verse al espejo descubre en su frente una inmensa espinilla y se convence de que es hora de desechar el espejo. A fin de cuentas, los videojuegos son un producto cultural, no muy distinto de la literatura y el cine, cuya labor es devolvernos una imagen más o menos literal de nosotros mismos, del mundo que creamos, de las decisiones que tomamos o de los escapes fantásticos con los que soñamos para huir de él.