Por Jorge Alonso Sierra Valencia
Docente e integrante del Proyecto Contacto Villa
Institución Educativa Villa del Socorro
Durante este año 2023, con el regreso a las clases presenciales en la sede Villa Niza de nuestra Institución Educativa Villa del Socorro, se han venido preparando y desarrollando actividades artísticas y culturales en la jornada matinal. Con la participación activa de los estudiantes de los diferentes grados desde preescolar hasta caminar en secundaria. En los actos cívicos de bienvenida, del día del idioma, del día de los maestros y otras celebraciones internas se han generado las oportunidades para que nuestros infantiles y juveniles talentos desplieguen sus potencialidades y crezcan en valores como la participación, la seguridad escénica, la alegría y la actuación artística en sus diversas manifestaciones.
Para lograr este objetivo para desplegar las capacidades y habilidades de nuestras niñas, niños y jóvenes de la sede Villa Niza, se han realizado varias convocatorias en todos los grupos para motivar la participación libre de los estudiantes. Durante todas las semanas de actividades escolares, en el tiempo del descanso o recreo, las y los estudiantes se reúnen en el salón de séptimo 7, para ensayar presentaciones de baile, canto, declamación de poesías y lectura de cuentos. También con el compromiso de todos los maestros y maestras, con la creatividad de los alumnos y alumnas, se han decorado los salones y espacios institucionales con carteleras; embelleciendo y llenando de colorido puertas, ventanas y muros llenando de mensajes formativos.
Es muy significativo el esfuerzo que han demostrado las y los alumnos para llegar con toda su potencialidad a la gala de las presentaciones en los actos cívicos. Todo este proceso se respalda desde las áreas de Artística, Español y otras asignaturas que apoyan el proceso de formación, incluyendo las artes escénicas y culturales, la ecología, los valores patrios y el amor a los demás, como componentes importantes de la formación transversal que propone el PEI.
En el marco de esta experiencia cultural, cabe resaltar el emprendimiento artístico desarrollado hasta el momento con el aprovechamiento del reciclaje que se recolecta en los diferentes salones de clases, donde se reúnen y depositan de forma ecológica papeles, botellas de plástico y tapas de gaseosas. El año anterior con el liderazgo de la coordinadora Luz Marina Martínez y la profesora del área de Ciencias Naturales, Yaneth Ramírez, se invirtieron los recursos económicos de la venta del reciclaje para la compra de telas, destinadas a la elaboración de vestidos de baile de cumbias y música colombiana. Después de este paso, el profesor Raúl Restrepo, gran entusiasta y creativo, se dio a la tarea como connotado sastre, de confeccionar 10 vestidos de baile para mujeres, los cuales quedaron muy bien. Paso a paso se ha venido avanzando en la motivación de los estudiantes para tener un grupo de danzas colombianas en la sede de Villa Niza.
“¡Ay, ay, ¡cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde.” “Al que está necesitado no le conviene ser vergonzoso.”
(La odisea, Homero)
Por Asmed Katherine Giraldo Uribe
Docente Institución Educativa Villa del Socorro
Capítulo I EL INFIERNO
Una fría y desafortunada mañana del mes de noviembre, la huérfana se despertó y tuvo que aceptar su triste realidad, la noche anterior su madre había muerto después de cinco agónicos años de dolor y sufrimiento postrada en una silla de ruedas. Estaba sola, sin padre ni madre, solo le quedaba una pequeña hermana a la que tenía que alimentar.
La joven era fuerte, de rasgos duros, el hambre enmarcaba su rostro mestizo y le daba a sus ojos una ferocidad que inspiraba valentía. El miedo no estaba en su vocabulario. Con el Padrenuestro en la boca, se dio una ducha corta para ahorrar en servicios y salió a conquistar la inclemente selva de cemento. Enfiló sus pasos hacia el centro de Medellín, se echó la bendición con fervor y salió caminando derecho por Carabobo, hasta llegar al centro, se detuvo en el pasaje comercial Los Panches allí, la noche anterior, su “padrino” le había prometido un trabajo por días pero primero tendría que “pagarle” el ingreso al local, la empujó contra una pared, la tocó como le dio la gana recorriendo su cuerpo con lujuria y luego le explicó que tenía que empacar mercancía y atender a los clientes del almacén de confecciones de ocho de la mañana a ocho de la noche, la joven se dejó “instruir” por el asqueroso hombre, mientras en su mente fraguaba la forma de vengarse por aquel acto irreprochable de violencia sexual. Al caer la noche, y cuando el resto de los trabajadores se había retirado, la heroína tomó unas tijeras y se la clavó en el cuello al “semental”, arrastró el cuerpo sangrante hasta el baño, tomó todo el dinero de la caja registradora, cerró el local y se marchó. La ira y la avaricia la consumían.
Capitulo II El purgatorio
Es de noche, la celda es fría y oscura, la chica tiene hambre y le duele todo, no recuerda dónde está ni cómo llegó allí. La soberbia le nubla el pensamiento de solo recordar que está pagando por un crimen que cometió en defensa de su propia dignidad… Se duerme con un sabor metálico en la boca.
A la mañana siguiente todo cobra sentido. Las paredes están plagadas de manchas color marrón, que sabrá Dios si son de heces, sangre, tierra, entre otros desechos orgánicos. El olor a amoniaco rancio es insoportable e hiriente. Los gritos del reformatorio la llevan a la realidad y al sentir una mano fría y carrasposa que sube por la cara interna de su muslo derecho, da un brinco, se incorpora y grita: ¡déjeme quieta! A lo que su compañera de cuarto sonríe con una dentadura amarillenta y despoblada, a pesar de ser una joven de 17 años. Suena un timbre agudo y estridente que indica que pueden pasar al comedor a consumir el desayuno, Celina, llega a la reja gris donde una mujer de aspecto grasiento le entrega un plato de metal con un pan mohoso, una tajada de queso fermentado y un vaso con lo que parece ser chocolate. Las náuseas la invaden, se le revuelve el estómago y en cuestión de segundos está botando una bilis amarilla sobre los pies de una guardia de seguridad que la arrastra del brazo, haciéndole tirar por los aires el plato y el vaso, esparciendo su contenido sobre varias mesas y sillas que estaban alrededor. De otro tirón la guardiana la tira al suelo y con voz firme le grita: ¡limpie eso, maldita torpe! Como puede, la joven se levanta, está mareada del hambre y de los estrujones, se dirige al cuarto de limpieza y toma un trapo que huele a orina. Todas las demás chicas del reclusorio para menores la observan, se burlan y se alejan consumiendo su asqueroso desayuno matutino.
Los días pasan y el calvario de horror no parece tener fin, cada día es un suplicio entre lesbianas que se quieren “pasar de la raya”, drogadictas y todo tipo de pequeñas desadaptadas sociales que gritan, insultan, pelean y vociferan los peores improperios que la guerrerita de estas hazañas allá escuchado antes.
Una tarde, después de asistir a la eucaristía semanal, donde como siempre le pidió a su dios que ese día sí la dejarán llamar a su pequeña hermana que estaba en un orfanato. Su mayor anhelo era poder demostrar su inocencia, recuperar su pequeña familia y trabajar honradamente para tener una mejor calidad de vida. Salió al patio a tomar un poco de sol y se encontró rodeada por tres caballos que estaban pastando tranquilamente en la zona verde del reclusorio. Al ver una abertura grande en la reja del penal, sin pensarlo dos veces corrió hacia uno de los caballos, se subió y huyó al galope como una amazona hacia atardecer.
Capítulo III El cielo
Cabalgó hasta bien entrada la noche, le dolía todo el cuerpo, se sentía mareada por la deshidratación y estaba exhausta. Llegó a un parque con una gran zona boscosa, liberó el caballo y lo asustó para que se alejara. Como pudo se dejó caer cerca al tronco de un árbol grande, sus raíces estaban cubiertas de musgo mullido y suave, por un momento se sintió libre y tranquila. Durmió hasta la mañana del día siguiente y al despertar, se encontró rodeada del candor de varios y coloridos pájaros que entonaban una hermosa melodía. El dolor corporal había desaparecido, pero se sintió confundida al recordar que era una prófuga y que no tenía a dónde ir.
Así pasó algunas horas, sentada junto al árbol, pensando cuál sería la mejor opción para mejorar su situación. Al voltear la mirada se dio cuenta que un pequeño niño, de unos ocho años, la observaba fijamente, se acercó y le ofreció una manzana, sin darle tiempo a reaccionar, apareció el resto de la familia del infante, los padres.
Después de una hora de interrogatorio, el padre del pequeño comprendió que la causa de Celina era justa y decidió ayudarla desde su posición de abogado defensor.
Pasados unos días, Celina se entregó en el reformatorio de menores, acompañada por el señor Páez, quien firmó todos los papeles como su representante y tutor legal. Fueron varios meses de papeleo, testigos y declaraciones, pero finalmente, un viernes en la tarde, las dos hermanas se volvieron a reunir, ahora felices por disfrutar de su nueva familia, pues aquel niño se había encariñado tanto con las dos que les suplicó a sus padres que las adoptara como sus hermanas.