No es lo que comes, sino por qué lo comes
Claire, alumna de yoga, cincuenta y dos años.
Hace todo lo que su médico le dice, pero aun así: osteoporosis, hipotiroidismo, ansiedad.
¿A ti te parece normal? Porque a mí no. Y he estado tan mal como ella para saberlo.
Claire era una niña atlética que corría libremente por la campiña francesa. Vivía felizmente con sus padres en una preciosa casa de la fértil Bretaña. Pero como todo, el paso del tiempo se lo llevó…
Esa falta de apoyo estructural de su padre la somatizó en forma de osteoporosis.
¿Casualidad o Causalidad?
A pesar de hacer yoga, baile y comer medianamente bien, sus huesos están huecos y su tiroides no responde, lo que aumentó su peso, cansancio y pérdida de memoria.
Y no es solo la menopausia.
La pérdida de su padre supuso un cambio brusco: ya no podría correr tras él. Este conflicto de no llegar a tiempo pudo lesionar su tiroides.
¿Casualidad o Causalidad?
Lo curioso de este caso fue su transformación: el cuerpo atlético ahora era robusto, la digestión intermitente y el sueño reparador, somnoliento. Como dice mi cuñado: “si a los cincuenta no te duele nada, algo anda mal”.
¡En absoluto! (por no decir otra cosa).
El problema es consumir tóxicos o vivir estresado: ¿cómo va a funcionar así tu metabolismo?
Cuando la tiroides falla y los huesos pierden densidad, el cuerpo está chillando. La medicación es un parche en ocasiones necesario pero, ¿existe otra manera de hacerlo?
En este intensivo no busco curar enfermedades, sino leer tu manual de instrucciones.
La solución no está en hacer más ejercicio o comer menos, sino en darle lo que necesita: