Yacimientos arqueológicos

Necrópolis visigoda

Se localiza en el suroeste del pueblo, en una ladera junto a la carretera que sale hacia Mochales; exactamente bajo el actual cementerio. Es decir, que a día de hoy no se aprecia nada de lo fue la necrópolis, a pesar de que ésta era más extensa que el cementerio. Tiempo atrás aún se podía ver un sarcófago de piedra aparcado en una esquina del cementerio.

Fueron unos pendientes los que provocaron el asombro de los que trabajaban en la obra de construcción del cementerio. Tras el hallazgo, el alcalde, que por aquel entonces era Manuel Colás, dio aviso a la Comisión de Arqueología. Desde Madrid se desplazó un equipo de arqueólogos para proceder al reconocimiento del terreno.

El yacimiento se excavó bajo la dirección del comisario y catedrático de la Universidad de Madrid, Julio Martínez Santa-Olalla, estando el trabajo de campo a cargo de Ana María Elorrieta Lacy y María Victoria Martín Rocha, aventajadas alumnas de Santa-Olalla. Además se buscó a gente del pueblo para participar y trabajar en la excavación. Hecho que quedó reflejado en más de una fotografía.

Durante las dos semanas que duró el trabajo, se excavaron hasta un total de 78 sepulturas, que consistían mayoritariamente en simples fosas hechas en la roca, en las que levemente se podían distinguir la cabecera y los pies de la tumba. En estas fosas se depositaban los ataúdes, que eran de madera, fabricados con tablas y herrajes, o bien troncos vaciados.

Pero algo no muy corriente en las necrópolis visigodas aparece en este yacimiento: sarcófagos de caliza labrada. El interior de los sarcófagos tenía la forma del cuerpo humano e incluso dicha forma se percibía en el exterior, y las tapas que cerraban los sarcófagos eran de dos vertientes.

Las sepulturas se encontraban enterradas a muy diferentes profundidades, desde los 30 cm a los 2 metros. Respecto al tamaño, se podían diferenciar entre las que pertenecían a individuos adultos y las que habían sido para niños.

Junto a las sepulturas, a veces, se encontraron ajuares y objetos de uso personal: hebillas, placas rectangulares de cinturón, fíbulas, brazaletes, collares, pulseras de cuentas de vidrio y ámbar, pendientes, anillos, alguna espada corta y también alguna figurilla. Todas las piezas fueron fabricadas en bronce.

Aparte de la necrópolis también se tiene noticia de la aparición de otras tumbas aislada muy cercanas a ésta.

Los restos fueron a la colección que Santa-Olalla tenía en el Instituto de Historia Primitiva, situado en el barrio madrileño de Fuente del Berro. A la muerte de éste, la colección fue adquirida por el Estado y alojada en el museo Arqueológico Nacional.

Las piezas que se extrajeron de la necrópolis de Villel han estado almacenadas, junto a las de otros yacimientos excavados por Santa-Olalla, en los depósitos del Museo durante mucho tiempo.

Es en el año 2001 cuando se trasladan las piezas al Instituto del Patrimonio Histórico para llevar a cabo en ellas una profunda restauración. Posteriormente, en septiembre de 2002 se intentan clasificar e identificar cuáles pertenecen al yacimiento de Villel, ya que no se ha encontrado documentación clara del propio Santa-Olalla acerca de éstas.