Patrimonio histórico religioso

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Se trata de una iglesia parroquial del siglo XVI construida en estilos gótico y renacentista. Fue restaurada en el año 1944.

Sus muros son de piedra, sillar y sillarejo, reforzados con seis contrafuertes a cada lado y adornados con una cornisa denticulada a lo largo de su perímetro exterior. A los pies de la iglesia, una espadaña con cuatro vanos que alojan las campanas, tres de ellos en el frente y uno en el lateral principal. También, bajo el vano del lateral, presenta un viejo reloj que siempre marca la una y media. Corona la espadaña un pequeño vano con campana incluida y tejadillo de dos vertientes.

En la parte baja del templo y a la izquierda de la entrada se adosa un cuerpo entre dos contrafuertes, y en éste está presente un acceso al templo, por el que antiguamente los hombres salían de la iglesia al terminar los actos litúrgicos; las mujeres lo hacían por la puerta principal. Este adosado no levanta de altura más que lo que le deja la línea de ventanales y bajo su tejadillo tres gárgolas barrocas con sus características facciones. Los ventanales se abren al exterior con arcos de medio punto, terminando en el interior en formas ojivales. En la cabeza del templo se dispone un habitáculo adosado, la sacristía, cuya ventana está protegida por una reja de finales del siglo XVI.

Se accede por el lado derecho de su única nave. La entrada es un arco apuntado, con alfiz rectilíneo y cobijado por un pórtico, cuya techumbre está decorada con madera labrada. Sus puertas son de madera claveteada del siglo XVI con herrajes populares de la misma época.

La nave, de tres tramos, está cubierta por bóveda de crucería de terceletes y soportada por pilastras compuestas barrocas. La nave da paso a la cabecera a través de un gran arco de medio punto con el intradós casetonado. Presenta un retablo mayor barroco del siglo XVIII, donde figuran tallas de la Asunción de la Virgen, Cristo resucitado y San Bartolomé. Anterior al retablo son las pinturas murales que hay detrás de él, en las que apenas se pueden ver dibujado un par de columnas, que se supone formarían parte de la escena de un altar. Poco más se puede reconocer, no por su estado de conservación, que sí están deterioradas, sino por la poca superficie a la que se tiene acceso y por la oscuridad total que hay detrás del altar. Seguramente sean bastan más antiguas que el retablo.

No sólo cuenta con el retablo de la capilla mayor, sino que tiene otros dos más por lado. En el muro de la entrada, lado Evangelio, presenta retablos barrocos de los siglos XVII y XVIII. El más antiguo es de madera pintada, presenta una imagen de Crucificado en la hornacina central y un lienzo de San Gabriel. El del siglo XVIII, aloja tallas de estilo barroco popular de San Juan Bautista y San Antonio de Padua.

En el lado opuesto, lado Epístola, luce un retablo barroco de madera del siglo XVII. En él se aprecian lienzos del mismo siglo y de tipo popular: Inmaculada con signos marianos, Ángeles ante el Ostensorio y Santo ante Cristo. También alberga otro lienzo, mal conservado, con el tema de las Almas del Purgatorio, del siglo XIX, y una imagen de Dolorosa, de candelero. El otro retablo es del siglo XVIII y presenta relieves policromados y populares de Santo Domingo, San Blas y San Juan. Asimismo aparece una pequeña Virgen del Rosario del XVIII.

A los pies de la nave, en un nivel superior marcado por un arco rebajado, encontramos el coro, donde también se sitúa el órgano. Éste está tras un muro de media altura y una puertecilla que advierte «se prohibe la entrada». Reproduzco la descripción que hace Juan Antonio Marco Martínez, debido a mi profunda ignorancia sobre su técnica:

«Una amplia caja, muy sencilla tanto en ornamentación como en policromía, acoge una esquelética registración; así es el órgano de Villel. Sus tres campos, preparados para cobijar un Flautado de 13, hubieron de conformarse con el de 6 ½; lo mismo su secreto, preparado para una docena de juegos solo tiene la mitad y no completos. Los dos fuelles, alimentados por otras dos bombas, se encuentran a su izquierda. […]

No es mucho lo que podemos decir sobre la parca registración de este órgano. A la izquierda hay 9 agujeros sin correspondencia en el secreto, y 3 tiradores: uno acciona el Bajoncillo, otro el flautado y el tercero los ocho únicos tubos del Violón, que están sobre tablones acanalados. En cuanto a la derecha encontramos 7 vacíos y 5 tiradores: uno acciona el Clarín, otro el Flautado, el tercero la Corneta, en cuyo secretillo solo hay tubos en una de sus cinco filas, y los otros dos puede que se trate de Quincena y Decimonovena. Siete pedales conectados al teclado y uno más para el Tambor completan la registración. [..]»

Importante es la última frase que escribe Juan Antonio Marco, ya que sería muy interesante para la villa poner en funcionamiento, de nuevo, el órgano y disfrutar de sus notas en los actos litúrgicos de las fiestas y otras celebraciones.

Siguiendo unas notas tomadas por el mismo autor, se puede seguir la vida del órgano de Villel, que fue el primero en el valle del Mesa:

«En 1630 se contrata con el maestro organero Cristóbal García, vecino de Pareja, un instrumento que no llegaría a terminar (parece que por fallecimiento del maestro); sería Juan de Rueda, organero de Teruel, quien lo termine cuatro años después con un coste final de “tres mil reales en plata y mil de quartos.

Medio siglo tuvo de vida este primer órgano. Quizá su técnica anticuada hizo que en 1685 se encargara un nuevo instrumento que sustituyera al antiguo; acudieron a Félix de Ciria, que acababa de construir el órgano de Miedes. El coste fue de 7.500 reales.

Parece que el órgano no tenía lengüetería horizontal, puesto que en 1713 se concertó con el zaragozano Ambrosio Molinés, en 840 reales, añadir al instrumento los registros de Clarín y Bajoncillo, lo que debió de darle el típico color de los órganos hispanos.»

Casi un siglo después, en 1805, se restaura y se amplia el órgano de Villel; la pena es que sólo iba a durar cinco años más. El 26 de septiembre de 1810 los franceses arrasaron la iglesia prendiéndola fuego, en la que además del órgano se perdió todo el retablo [44].

Tras estos desastrosos hechos vuelven a encargar el actual, en el año 1834, al organero Julián Azuara, tal y como indica la inscripción del secreto: «Año 1834. Se hizo este órgano siendo cura el Dr. Dn. Juan Izquierdo por el maestro organero Dn. Julián Azuara; y mayordomo de la iglesia Vicente Colás Gutiérrez.»

Diez años más tarde, en 1844, se instala el nuevo retablo con una imagen de San Bartolomé en su nicho principal. [44]

Bajo el coro, en una capilla a los pies de la nave, se guarda una pila bautismal de piedra del siglo XVI. Hermosamente decorada con relieves en forma de puntos, guirnaldas y florones y todo ellos con amplios restos de policromía en tonos azules y dorados.

También se guarda en su interior otras reliquias: como una custodia, que puede ser la que Antonio Herrera Casado atribuye al orfebre seguntino Alonso de Lezcano, del siglo XVI. Y un confesionario barroco, del siglo XVIII, hecho en madera.

La iglesia era el lugar de enterramiento de los Señores de Villel, donde los sepulcros lucían los escudos de armas de los difuntos. También se describen (1688) más escudos en el coro y el arco del altar mayor. En la liturgia, había sillas sobre tarima reservadas para los señores en el lado evangelio y banco de autoridades en el lado epístola. [45]

Ermita de los Pastorcillos

Se encuentra muy próxima al pueblo, en la carretera que se dirige a la vecina villa de Algar de Mesa, sobre una elevación del terreno. Es sencilla, de planta rectangular, con una única entrada en la fachada principal. El acceso al interior se hace por un arco de medio punto adovelado, sobre cuya clave hay una placa cerámica con una imagen y la inscripción de «Na Sa Ð Xaraba». En una de las fachadas laterales aparecen señales de una ventana o vano tapiado.

Actualmente también se la conoce con el nombre de San Isidro, ya que este santo se encuentra en el interior. Originariamente recibió el nombre de San Mamés. De hecho, el pairón que está situado a su lado tiene una placa cerámica con una imagen y el texto de «San Mamés Mártir». Con este nombre la denomina Madoz en 1850. También se la conoce como ermita de los Pastorcillos.

Ermita de Jesús el Nazareno

Unos metros más adelante, pero en el otro lado de la carretera, se encuentra esta ermita. Al igual que la anterior, es muy sencilla y de planta ligeramente rectangular.

También se la conoce como ermita de la Soledad y antiguamente, al igual que la anterior, se la conocía por otro nombre diferente al actual. Esta de Jesús el Nazareno era conocía como ermita de San Roque y así lo atestigua Madoz (1850).

En la fachada principal hay una puerta de acceso con arco de medio punto adovelado. Sobre éste hubo una vieja cruz que presidía la ermita, pero actualmente luce otra más moderna, no sólo porque es posterior, sino por su aspecto, que quizá no coincida mucho con el de la ermita. A los lados de la entrada, una cruz de madera inserta en la piedra y numeradas.

El lado izquierdo, junto a la carretera, es muy similar al principal, presenta una puerta con arco de medio punto adovelado y una cruz a cada lado como las anteriores, también numeradas.

A las puertas de la ermita destaca un gran tocón de olmo de aproximadamente cinco metros de perímetro

Otras ermitas

Siguiendo por la carretera de Algar de Mesa, pasada la ermita de Jesús El Nazareno, encontramos a la izquierda una puerta en pleno risco. Se trata de una antigua ermita excavada en la roca. Sobre la puerta se puede distinguir una cavidad donde habría alguna imagen.

Cuando se accede al interior, lo primero de lo que uno se sorprende es de su tamaño si se tiene en cuenta que gran parte ha tenido que ser excavada a fuerza de pico. Está compuesta por una única sala. Se distinguen varios vanos ciegos en los que, en sus buenos tiempos, lucirían altares, retablos y diversas tallas. Otro detalle que se aprecia en su interior, y en la parte superior, es una moldura que se extiende por gran parte del perímetro de la sala. Esta moldura presenta inscripciones en negro que componen una sola línea y que son parcialmente legibles.

No existe en el interior ninguna clase de imagen, talla u objeto religioso propio de una ermita. Los altares y esculturas de sus tiempos mozos han sido sustituidos por remolques y aperos, debido a que actualmente es de propiedad privada.

Pocas son las fuentes que citan esta ermita. Por una parte es lógico si pensamos que actualmente ya no realiza dicha función y porque quizá no sea muy antigua. La única fuente escrita, no actual, que he encontrado y que nombra esta ermita es El Obispado de Sigüenza o descripción general de todos los pueblos del mismo, de 1886: «…, dentro de cuya circunferencia, se encuentran las ermitas de San Juan, San Mamés y San Roque, …». Y puesto que otros autores anteriores no la nombran, como Madoz (1850) y Miñano (1828), debe tener su origen en el tercer cuarto del siglo XIX

Algunos autores hablan de las ermitas de San Mamés y de San Roque como otras diferentes que ya han desaparecido por el pasar del tiempo, pero como se ha indicado anteriormente, son simplemente otros nombres que se les ha dado a las dos actuales: los Pastorcillos y Jesús el Nazareno. Desconozco la fecha de construcción de éstas, pero parece claro que tengan más de 150 años, por tanto si Madoz nombra como ermitas de la villa las de San Roque y San Mamés, es porque se corresponden con las actuales.

Otra historia es la ermita de San Bartolomé, que aparece nombrada en documentos de 1571 que se conservan en el Archivo Diocesano de Sigüenza. En este caso no se sabe si es un nombre anterior de las existentes o se trata de alguna ermita ya desaparecida.

Pairones

En el término de la villa de Villel de Mesa hay cuatro pairones, en algunas ocasiones llamados también peirones. Éstos eran cruces o pináculos de piedra que se situaban en los cruces de caminos y a la entrada de las villas, y que simbolizaban la fe cristiana. En el caso particular de Villel, todos los pairones se corresponden con la estructura de pináculos de piedra.

En la entrada de Villel de Mesa por Mochales nos encontramos con un pairón dedicado a la Virgen del Carmen. Así lo refleja la placa de cerámica que está incrustada en un pequeño vano en uno de sus lados, además se encuentra cubierta por una rejilla metálica.

Al lado del caserío, en la salida hacia Algar de Mesa, se encuentra el que lleva una placa de cerámica con la imagen y la inscripción de «Ntra. Sra. de Jaraba».

Otro pairón se encuentra al lado de la ermita de los Pastorcillos. Como ya se ha contado tiene una placa de cerámica con la imagen de San Mamés y la inscripción «San Mamés Mártir».

Por último, hay uno muy cercano al puente Mesa pero en muy mal estado. No conserva ninguna placa cerámica como en los casos anteriores.