Patrimonio histórico defensivo

Castillo de los Funes

El castillo está situado sobre una gran mole rocosa alargada, de paredes verticales que alcanzan los cuarenta metros de altura y algo más de largo. Esta cresta se localiza entre el caserío; la parte sur del pueblo se encuentra al pie de la cresta, imponiéndose el castillo, pero la parte norte del caserío de Villel está más elevada y cercana a la altura del castillo. Por lo que para llegar a la entrada de la fortaleza no queda más remedio que subir por las empinadas y estrechas calles del pueblo.

De su estructura hay que decir que es muy simple. Es de planta rectangular, de unos cuarenta metros de largo, más bien pequeña, con orientación aproximada norte-sur. Su tamaño pequeño es difícilmente explicable si no es por las limitaciones físicas de su base rocosa y porque estuvo subordinado a la fortaleza del Mesa, ya que se levantó en una zona muy estratégica a caballo entre tierras castellanas y aragonesas, con continuas incursiones de ambos bandos. El núcleo de la construcción es de tapial, pero se encuentra gran parte de la estructura cubierta de sillares, por lo que los muros son extremadamente gruesos. La construcción con tapial exigía levantar muros gruesos por la blandura del material, a lo que hay que añadir los bloques de sillería. Se diferencian un patio de armas en el centro y dos torres desiguales a los lados, que se describen a continuación.

Se accede al castillo a través de la torre del homenaje por una modesta puerta de arco de medio punto, la cual está encallada parcialmente por la acumulación de cascotes y sedimentos en el interior. La torre tiene algo más de unos quince metros de altura y diez metros de anchura. En la torre principal los muros alcanzan el máximo espesor, cerca de los cuatro metros. Ésta se correspondía con la antigua residencia de los señores y presentaba tres pisos, hoy totalmente hundidos. Por su pequeño tamaño es de suponer que cada piso fuese una estancia. Posteriormente, surgieron necesidades de ampliar las estancias de la torre, por lo que se levantó un cuerpo adosado a esta torre quitando espacio al patio. Con la ampliación de la torre ya se disponía de dos a tres estancias por nivel. Destacan en la pared oriental del cuerpo adosado dos ventanas gemelas de arco rebajado y pequeña abertura lanceolada en la clave.

Entre ambas torres se encuentra el patio, que es estrecho y rectangular al igual que la planta del castillo. Actualmente se encuentra repleto de tierra y con vegetación, por lo que hay que evitar andar por las orillas si no queremos correr peligro de caernos. Francisco Layna comenta que se podía distinguir en el centro los restos de un aljibe para recoger el agua, pero el paso de casi setenta años lo ha debido ocultar.

La torre sureña recibe el nombre, por su orientación, de torre del Mediodía. Ésta es más pequeña que la torre del homenaje, su lado meridional tan sólo mide cinco metros de ancho. En este mismo lado, y en la base, presenta una poterna o pequeña puerta que en sus días comunicaba la torre con la punta del peñasco, pero que actualmente está oculta por la tierra acumulada en el interior. Tenía dos estancias superpuestas con estrechas ventanas.

El origen de la fortaleza es toda una incógnita, por lo que todo lo que se diga son meras suposiciones. Por tanto habrá que tener en cuenta las dos hipótesis posibles. Bien que tenga su origen en las continuas guerras entre Castilla y Aragón; o bien que los árabes levantaran una pequeña alcazaba o una atalaya sobre el peñasco y los castellanos la aprovecharan a partir de la repoblación. Para apoyar las dos opciones me baso en el estudio que hizo Francisco Layna.

Que fuera construido por los árabes durante su permanencia en la zona (ss. VIII-XII), es perfectamente posible. En primer lugar, porque se sabe que estuvieron asentados en el término, como lo demuestra el yacimiento de El Villar. Otro punto a favor sería el material con el que está edificado el núcleo del castillo: el tapial, material a base de arcilla. Los árabes utilizaban mucho este material, al contrario que los arquitectos cristianos que sólo utilizaban la arcilla en el caso de que escasease la piedra o que fuese muy dificultoso su traslado, cosa que no ocurre en Villel. Posteriormente a los árabes, fue revestido, gran parte, con bloques de piedra o sillería para hacerlo más fuerte.

La otra posibilidad es que fueran los cristianos quienes erigiesen el castillo en el siglo XIII, coincidiendo con el comienzo de las guerrillas entre castellanos y aragoneses. No hay que olvidar que el valle del Mesa era parte de la frontera entre ambos reinos. En una primera fase se levantaría lo que actualmente se corresponde con el núcleo arcilloso. Como antes se mencionaba, los cristianos no solían utilizar el tapial y más abundando la piedra en la zona, pero quizá la suma de varios factores les inclinase hacia ese material. Es decir, la situación del castillo sobre la cresta rocosa le hacía poco vulnerable, más teniendo en cuenta que la maquinaria bélica de la época no era muy devastadora; además, la cercanía de la gran fortaleza del Mesa convertía al pequeño castillo de Villel en un satélite o castillo auxiliar. Otro factor tener en cuenta es el tiempo: posiblemente eligieran el barro porque se tardaba menos en trabajarlo. Posteriormente, como se indica en el párrafo anterior, fue reforzado con bloques de piedra o sillería, ya fuera por el endurecimiento de los enfrentamientos o por la destrucción del castillo de Mesa durante el reinado de los reyes Católicos. También hay que tener en cuenta que en el señorío de Molina existen más castillos con tapial y que son posteriores a los árabes. Por tanto, es difícil llegar a una conclusión.

Lo que sí se sabe es que perteneció durante largo tiempo a la familia que le ha dado nombre: los Funes. Esta familia era de origen navarro y llegó a la zona para participar en la repoblación. Jugó un importante y diplomático papel entre el reino de Castilla y la Corona de Aragón, lo que le permitió estar siempre en posesión de la fortaleza y la villa.

En 1688 el castillo ya se encontraba sin habitar, pues el palacio era moderno y confortable, pero en buen estado. Contaba con escudo de armas sobre la puerta que llamaban «de arriba». [45]

Aparte de sufrir el envejecimiento propio del tiempo, el castillo también padeció los efectos de un rayo. Parte de la torre del Mediodía se desprendió cayendo sobre el caserío un día de San Bartolomé, 24 de agosto, a finales de los setenta del siglo pasado, en plena fiesta mayor.

Actualmente es de propiedad pública.

Recinto amurallado

Continuando con el estudio de Francisco Layna Serrano, éste describe e ilustra la hipótesis de que hubiera una muralla (s. XV o XVI) que rodeara el castillo y el caserío. El autor se basa en la existencia de «varios trozos de lienzo almenado […] entre las casas» y en «alguna puerta», dicha puerta estaría formada por la semitorre que presenta el lateral occidental del palacio. En la plaza mayor existe un arco que quizá sería otra entrada al pueblo.

La hipotética muralla se extendería desde el palacio a la pared de la peña, bajo la torre del Mediodía; y al otro lado del edificio, desde la semitorre cilíndrica, hasta la torre del homenaje del castillo, bordeando el caserío de entonces y continuando al otro lado del peñasco.Actualmente no se pueden identificar los restos de muralla, entre otras cosas, porque Layna no dejó indicada la localización exacta.

Castillo de Mesa

Está situado en lo que hoy es término municipal de Villel de Mesa y fue la fortaleza más importante y poderosa del valle del Mesa durante los siglos XII, XIII y XIV. Los castillos de alrededor, como los de Algar, Villel y Mochales, sólo eran simples castillos auxiliares.

Al igual que el castillo de los Funes, no hay muchos datos relativos a la historia del castillo de Mesa. En los libros solamente aparecen dos referencias: una recoge una traición y la otra su destrucción.

Hasta octubre de 1371 era alcaide del castillo de Mesa Gonzalo González de Ávila. En esa fecha fue destituido por el rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso (parece ser que por pedir demasiadas cosas al rey). En su puesto fue nombrado Jaime Cañamero. Pocos meses después, el 14 de enero de 1372, se pierde la fortaleza debido a una traición, que se atribuye a su anterior alcaide: Gonzalo González, ya que en documentos posteriores aparece un embargo hacia los bienes de éste.

Su destrucción se produce en 1479 debido a la política de centralización de poder de los reyes Católicos. Con estas acciones, entre otras, pretendían mermar la autoridad que algunos nobles habían tenido hasta esa época.

Este hecho explica que, habiendo sido antaño símbolo de poder, hoy bien puede pasar desapercibido. Ya en el siglo XVII, Portocarrero, ilustre historiador del Señorío de Molina, indicó en sus escritos el estado ruinoso del castillo. De él sólo queda la planta del castillo y unas cuantas piedras en un cerro de la margen derecha del río, en la zona entre Villel y Algar de Mesa, llamada los Castillotes a propósito del mismo.