Si abriéramos a las personas, encontraríamos paisajes” 

Agnes Varda


Toda vez que un Otrx se nos coloca enfrente estamos a punto de reformular lo que somos. Comienza un juego de hacer lo extraño familiar, y viceversa, que deviene en transformación para todas las partes. Surge una pregunta que no sabemos cómo formular. Y esa pregunta devendrá en respuestas que modificarán nuestras certezas. La pregunta por el Otro se parece en algo a la pregunta por el oro. Hay formas de acercarse al Otro, hay formas de acercarse al oro. 


En el contexto de una invitación realizada por el OTRO Festival, y bajo una ética de cuidado para entrar al mundo ajeno, al mundo kichwa del grupo de danzas ancestrales de la comunidad de Shandia, en Napo, realizamos una serie de encuentros que buscaban responder esta pregunta por el Otro sin formularla con palabras: ¿cómo se mueven en este lugar? ¿cómo les mueve el territorio? ¿qué palabras moldean la relación con el cuerpo, con la danza, con el entorno? ¿qué acontecimientos modifican los cuerpos, los tejidos, las danzas? ¿qué dicen las danzas sobre este lugar? 


Nos fuimos presentando al territorio, que habló con sonidos acuáticos, un cauce del río en disminución, los insectos que cubren la noche y un lamento de la selva con el golpeteo de las piedras sobre un tractor, evidente y doloroso desde el primer día. Un paisaje sonoro que pregunta por el oro, por el valor, por el tiempo, por la vida… Y también por lo kichwa.


Así, interpelándonos en nuestras sensibilidades, fuimos a escuchar el lenguaje de los cuerpos, las palabras que construyen relación con el entorno en kichwa, en español, pero también en la danza: ese conocimiento del cuerpo, inefable, sólo accesible a través de la acción, de la observación, de la imitación y el compartir. El territorio que canta a través de nuestra voz, que danza a través de nuestros cuerpos, impregnados de afectos. 


Se desarrolló un proceso de escucha mutua a través de la danza, colocando al centro las danzas tradicionales kichwas, en combinación con elementos de la Danza Movimiento Terapia Comunitaria,  como una invitación a mirarnos y mirar alrededor. Un proceso de comprender la distancia entre unas y otras y que a la vez habilitó la voluntad de entrar en relación con esa extrañeza, e ir volviendo poco a poco a lo extraño en familiar. La danza fue el territorio común, inventado entre todas para encontrarnos. 


En ese ejercicio de expresión mutua, de mutuo reconocimiento, de mutua aceptación, reconocimos una comunidad viva, cambiante, con afectos encendidos y preguntas para hacerle al cuerpo, al entorno, a la mirada. Construimos así un material audiovisual concertado, dialogado, con escuchas atentas, con la curiosidad y el respeto por el mundo ajeno. Con un acercamiento a un ritmo que sostuviera el afecto, el respeto, se fueron develando capas. 


Con cariño y respeto compartimos este material que compila lo que hemos recibido en este abrazo. Arte que abrió caminos creativos y afectivos para todas las personas involucradas. Esta experiencia ha mostrado que es posible realizar intercambios cuidadosos, en los que todas las partes involucradas tengan un regalo que no sólo se entrega hoy, sino que perdure a través del tiempo. Urge volver a preguntarnos sobre quiénes somos, qué significa ser “nosotros” y tomar decisiones en favor del buen vivir desde lo común.  


Se ofrenda así lo buscado, lo encontrado, lo construido en conjunto en esta obra para la protección, para la sabiduría. A través de estos materiales podemos acceder a otros espacios, tiempos y cuerpos. El proceso permitió desplegar miradas y construirlas en conjunto. Se pudieron ver y expresar estas vidas desde otros lugares que no estén vetustos, obsoletos: Tenemos la posibilidad de construir lo que somos a partir de nuestras experiencias de creación en el presente. 


Que sea entonces la tierra para la tierra. El agua para el agua. La danza para la vida. 


¡Ashkata Yupaychani! ¡Muchas gracias!