Muerte
En el Ejercicio de tu VoluntadDe las Horas de Su Pasión Hora 24
En el Sepulcro de Jesúsjunto a la Dolorosa
Permíteme que Bese Su Corazón y que Beba Su Preciosísima Sangre
Muerte
En el Ejercicio de tu VoluntadPermíteme que Bese Su Corazón y que Beba Su Preciosísima Sangre
"Afligida Mamá mía, permíteme que
bese su corazón y que beba su preciosísima sangre,
y Tú, encerrando su corazón en el mío haz que pueda vivir de su amor, de sus deseos y de sus penas.
Y ahora toma la mano derecha de Jesús, rígida ya, para que me des con ella su última bendición…”
Pasión de Jesús. Hora 24
ESTUDIO Y PRÁCTICA
para profundizar la Hora 24
En el sepulcro
Las Horas de la Pasión
de Nuestro Señor Jesucristo
Una parte de la Hora 24En el Sepulcro de Jesúsjunto a la DolorosaPermíteme que Bese Su Corazón y que Beba Su Preciosísima Sangre
“Comienza conmigo el oficio materno que Jesús te dio estando en la cruz, y abriendo mi pobreza extrema una brecha en tu corazón materno, con tus mismas manos maternas enciérrame toda, toda en Jesús;
encierra en mi mente los pensamientos de Jesús, a fin de que ningún otro pensamiento entre en mí;
encierra los ojos de Jesús en los míos, a fin de que jamás pueda huir de mi mirada;
pon su oído en el mío, para que siempre lo escuche y cumpla en todo su Santísimo Querer;
su rostro ponlo en el mío, a fin de que mirando aquel rostro tan desfigurado por amor mío, lo ame, lo compadezca y repare;
pon su lengua en la mía para que hable, rece y enseñe con la lengua de Jesús;
sus manos en las mías para que cada movimiento que yo haga y cada obra que realice tomen vida de las obras y movimientos de Jesús;
pon sus pies en los míos, a fin de que cada paso que yo dé sea vida para las otras criaturas, vida de salvación, de fuerza, de celo para todas las criaturas.
Y ahora, afligida Mamá mía, permíteme que bese su corazón y que beba su preciosísima sangre,
y Tú, encerrando su corazón en el mío haz que pueda vivir de su amor, de sus deseos y de sus penas.
Y ahora toma la mano derecha de Jesús, rígida ya, para que me des con ella su última bendición.
Y ahora permite que la piedra cierre el sepulcro, y Tú, destrozada besas este sepulcro y llorando le dices tu último adiós y partes…”
Fiat Divina Voluntad
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
“CREO EN LA VIDA ETERNA”
1020 El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Cuando la Iglesia dice por última vez las palabras de perdón de la absolución de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por última vez con una unción fortificante y le da a Cristo en el viático como alimento para el viaje. Le habla entonces con una dulce seguridad:
«Alma cristiana, al salir de este mundo, marcha en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó, en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que murió por ti, en el nombre del Espíritu Santo, que sobre ti descendió. Entra en el lugar de la paz y que tu morada esté junto a Dios en Sión, la ciudad santa, con Santa María Virgen, Madre de Dios, con san José y todos los ángeles y santos [...] Te entrego a Dios, y, como criatura suya, te pongo en sus manos, pues es tu Hacedor, que te formó del polvo de la tierra. Y al dejar esta vida, salgan a tu encuentro la Virgen María y todos los ángeles y santos [...] Que puedas contemplar cara a cara a tu Redentor» (Rito de la Unción de Enfermos y de su cuidado pastoral, Orden de recomendación de moribundos, 146-147).
Escríbenos para unirte
al Reloj Viviente de Jesús