A nosotras nunca nos dijeron que NO

Victoria Peterson

Marzo 2020


O eso es lo que creemos. Nosotras, las sobrevivientes (término que acuño desde que se lo escuché a una gran colega en una charla-debate) estamos, a primera vista, convencidas de que nunca nos dijeron que no podíamos hacerlo, que el ser ingeniera y/o científica no era para nosotras. Nunca nos dijeron que no, de manera explícita, claro. Pues, muchas de quienes hoy nos dedicamos a hacer ciencia o estudiamos una ingeniería, nunca sentimos que ese mundo no nos pertenecía. Nos fue, de alguna manera, natural encontrarnos en espacios de “ellos” porque era fácil ser “uno más”. Tuvimos suerte. Crecimos en un ambiente libre de esos prejuicios, y es todo eso en su totalidad lo que nos convierte en sobrevivientes. Sobrevivimos a los NO implícitos, a los chistes de pasillo, al cuidado en la elección de la ropa para ir a cursar y a tantas otras cosas que seguramente ni registramos. Pero para este entonces, el ser una sobreviviente se transforma en un acto de rebeldía, es un verdadero privilegio, pues ¿qué pasa con aquellas que ni siquiera lo intentaron?

Luego de mi formación como Bioingeniería, decidí dedicarme a la carrera científica. Trabajo en el campo de la inteligencia artificial, un área que una vez más, está mayoritariamente representada por hombres. Mil veces me pregunté por qué, y en esa búsqueda siempre vuelvo al mismo punto: nadie nos dijo que podíamos, ante la falta de referentes mujeres. Tuve suerte, pues soy sobreviviente. Mi pasión por mi trabajo me ha llevado a conocer el mundo. En una oportunidad, durante mi doctorado, estuve seis meses en Zúrich, una experiencia renovadora en varios aspectos de mí vida. Curiosamente, mientras yo desbordaba alegría por ese viaje en camino, la mayoría de la gente me miraba con aire preocupado y soltaba, sin saberlo, una frase que revolvía mis culpas: “¿y con tu novio cómo vas hacer?” –Yo, en ese entonces, llevaba una relación de seis años, con tres de convivencia. Él, también científico, adulto e independiente, no era un algo que debía resolver. Esta decisión fue charlada, pactada y acompañada, pero ante ese tipo de preguntas siempre me veía explicando y dando argumentos sobre la situación, como si fuese un crimen lo que estaba cometiendo. Hoy, luego de tres años de ese viaje, vuelvo a partir, y también lo hago sola. Esta vez, es un viaje más largo, un año de postdoc en Boston. Otra vez, la decisión fue charlada, pactada y acompañada. Yo deseo hacer este viaje, él no desea irse del país por un tiempo tan largo y a la vez tan corto. Uno no puede obligar al otro a resignar. Llegamos a este punto medio. Nos abrazamos todos los días. Pero, cuando la noticia fue comentada volví a sentir esa culpa por “abandono” en cada falta de reacción ante mi felicidad, pues le preocupaba más al interlocutor el saber qué iba a hacer él. Esto, revolvió esos sentimientos de angustia, lo no resuelto siempre surge. ¿Será que estoy decidiendo mal al saber que arriesgo la mejor relación humana que he construido por perseguir este sueño? ¿Será que soy egoísta?, me preguntaba. Acto seguido, y ante el inminente autoboicot personal en la que me veía enredada, es que pienso en cómo hicieron y cómo harán las científicas madres para sobrellevar esas situaciones similares – “Y eso que no tengo hijos”, decía asustada. Me pregunto, ahora: ¿se los mirará con ese mismo aire preocupado a los científicos hombres cuando deciden viajar? ¿Será que es porque siempre se supone que la mujer lo acompaña?

Estas cargas en el ser mujer, que son descargas de un ambiente machista, son claramente una barrera más que debemos enfrentar. Pues queda aún un gran sector de la sociedad que no nos imagina independientes y emprendedoras. Que ante una situación ligeramente diferente de lo “tradicional”, los espanta y preocupa. Lo bueno, es que en el camino, y gracias a la sororidad que también se respira en el aire, fui encontrando apoyo e historias similares, que fueron liberando la culpa y sensación de abandono. Y el punto de todo esto es: sí, podemos hacerlo.

Luchemos para que no sea un acto de supervivencia decidir ser ingeniera o científica. Luchemos para que nadie dude que puede hacerlo, para conseguir espacios libres de prejuicios. Luchemos hoy, abramos caminos, contemos historias, esperando que mañana sea tan antiguo hablar de ser sobreviviente como hablar de guardar datos en un disquete.