Una tarde visitamos el Museo de la Inmigración, a orillas del Río de la Plata, al fondo de Puerto Madero.
Este complejo fue el alojamiento de miles de inmigrantes que llegaron por mar desde Europa, sobre todo de Italia y España. En los pabellones había un hotel, una aduana, una oficina de trabajo, lavaderos y hospital. La capacidad del hotel era de tres mil personas, que pasaban cinco días allí hasta encontrar trabajo. Los hombres vivían en un edificio, y las mujeres y los niños en otro. Cada día, los inmigrantes salían a buscar trabajo y volvían a dormir. Mientras, el personal lavaba todas las camas y desinfectaba toda la ropa para que no hubiera contagios debido a las malas condiciones higiénicas en que llegaban los viajeros.
Hoy en día el hotel es un museo de la inmigración, y en una parte del museo, una sala de exposiciones de arte contemporáneo.
Los argentinos siempre tienen propuestas creativas para todos los problemas, por muy terribles que sean. Por ejemplo, he aquí una irónica propuesta al problema de los puertos cerrados a la inmigración de todo el mundo: los puertos no pueden cerrarse a las obras de arte, gracias a las convenciones internacionales. Por lo tanto, sugiere: emigrantes, meteos en barcos-performances como partes de obras de arte y llegaréis a vuestro destino.