Disco: The Downward Spiral
Dentro de la explosión musical de los 90, en donde hemos podido disfrutar de un buen numero de nuevas propuestas que han revitalizado el panorama rockero, la figura de Trent Reznor es una de las referencias clave dado que siempre fue por delante. Una mente maestra abierta a la evolución, a la experimentación, capaz de imaginar complejos sonidos, atmosferas impensables, pasajes desquiciados y torturadores… Una amplitud de miras que ha abierto muchas puertas dentro del metal. Sin quitar meritos a Al Jourgensen y sus Ministry, Reznor es el gran mesias del metal industrial, un estilo que si bien es cierto que tienen un transfondo y una considerable carga de participación de sonidos electrónicos, no deja de ser una propuesta que ahonda un paso mas en la corrosión típica del rock duro.
Eso es algo que Reznor siempre ha comprendido muy bien y, además, lo mas importante, ha sabido transmitirlo de maravilla en una discografía que quita la respiración. El y sus “uñas de nueve pulgadas”, que en definitiva no deja de ser un nombre tras el que esconder una personalidad no demasiado afin a la fama, han firmado discos imprescindibles para el devenir del metal, obras engendradas en otra galaxia que toman cuerpo y se trasmutan en el incomprendido cerebro de Reznor, digno de ser investigado por los mismísimos Mulder y Scully. Pero lo mas curioso es que siendo un artista totalmente “marginal”, oscuro y nada propenso al éxito, ha logrado conquistar a un publico que ha quedado hipnotizado con sus canciones, sus guitarras rezonantes y sampleadas, y sus inteligentísimos textos, merecedores de un estudio sociológico.
Para apartarse aun mas de la cotidianidad y de cualquier comparación con otros artistas, sus discos son conocidos con el nombre de “halos”, y en cierta manera, es lógica la denominación, pues esas obras trascienden mas alla de la corporeidad y cobran una entidad casi irreal, son algo asi como “espejismos sonoros”. “Pretty Hate Machine” fue el primer paso concreto de NIN hacia su particular aventura musical. Estábamos en el ultimo año de los 80, y el publico todavía no estaba preparado para ese engendro sonoro, salvo en cerrados círculos underground. Pero el EP “Broken”, ya en la mágica década de los 90, fue el pistoletazo de salida para la creatividad mas genial e ilimitada de Reznor, que se hizo con un nombre en la escena dura con temazos como “Wish” o “Hapiness In Slaverly”, composiciones ingeniosas llenas de angustia y dolor, pero también de esperanza y energía.
Comenzaría la costumbre de publicar los consiguientes álbumes de remezclas de los discos oficiales del “grupo”, y asi vio luz “Fixed”, seguido de una nueva avanzadilla estremecedora llamada “March Of The Pigs”, discos todos ellos que empezaban a ampliar las zonas de conquista de Nine Inch Nails en el mercado, cada vez mas proclive a las experimentaciones y nuevas tendencias sonoras. Pero lo mejor estaba por llegar. En 1994 los cimientos terrestres iban a temblar bajo nuestros pies con la publicación de “The Downward Spiral”, una píldora letal nacida de la atormentada alma de Reznor, un disco atemporal que todavía no ha sabido ser apreciado en toda su dimensión, pues sin duda representa la banda sonora de siglos venideros y galaxias lejanas.
El álbum pese a todo fue un éxito absoluto en ventas, algo increíble para un plástico de potencial comercial cero al añadirle unas letras apesumbradas y al mismo tiempo ofensivas, pero es que la genialidad plasmada en sus surcos era capaz de atraer a cualquiera con una minima sensibilidad. Un trabajo que ha sido reivindicado por cientos de músicos, que todavía no se explican como alguien pudo maquinar en su mente una obra de esa complejidad. La presentación en vivo del álbum tuvo su punto de referencia en el festival de Woodstock de ese mismo año, donde NIN aparecieron totalmente cubiertos de barro para ofrecer una descarga indescriptiblemente, llena de rabia, de sinceridad, en la que Reznor abrió su alma y quebró su garganta para escribir una nueva pagina en la historia del rock.
A partir de ahí, las ventas se dispararon, convirtiendo al disco, y en menor medida, a sus obligadas remezclas (“Further Down The Spiral”) en el centro de la “espiral” creativa sin limites de la pasada década. Pero como ya hemos comentado, Reznor no es hombre de fama. Cualquier otro habría aparecido gustoso en las portadas de las revistas musicales de todo el mundo, concediendo entrevistas y pavoneándose al codearse con la “creme de la creme” de la industria, pero Reznor no. Se encerro en su lúgubre mundo, en su peculiar existencia interna, que se vio una vez mas salpicada por los atisbos de la fama absoluta cuando se supo que el estaba detrás del descubrimiento de otra de las grandes estrellas de los últimos años, Marilyn Manson.
Maestro y alumno no tardarían en tener sus desavenencias, pues Manson estaba dispuesto a poner el mundo patas arriba y llevarse un protagonismo que a Reznor le repelía. Hubo que esperar cinco angustiosos años para ver renacer a NIN con nueva obra de estudio, “The Fragile”, un doble álbum heredero de la magia de su predecesor, pero distante de su impacto, aunque tras la ardua espera de los fans y curiosos, era lógico que también levantara la expectación natural que esta banda conlleva, y volviera a ser un éxito junto con su mas reciente publicación, un álbum/video/dvd en directo testigo de una gira que tuvimos el honor de ver nacer en la mismísima Barcelona.
“All That Could Have Been” es el titulo de un trabajo llamado a escalar las listas de manera modesta y sin pretensiones, como todo lo que factura el bueno de Trent. “Todo lo que podría haber sido…”. Interesante mensaje. Sin Reznor y sus NIN la existencia y la vida musical de los últimos años podría haber sido muchas cosas, pero sin duda no habría alcanzado el grado de brillantez absoluta que ostenta sin la presencia de este autentico lider de la modernidad.