Disco: Appetite For Destructiòn
Los Guns se convirtieron en un periodo corto de tiempo en una de las bandas mas absolutamente grandes que haya dado el rock, y no andaríamos desencaminados si dijéramos que han sido el grupo más importante de nuestro rollo surgido en los últimos 15 años. Pocas formaciones pueden presumir de haber tenido ese estatus absoluto de estrellas a ambos lados del globo. Llenaban estadios, vendían discos como pocos, y despertaban odios y pasiones allá por donde pasaban. Cada uno de sus movimientos era seguido con interés por la prensa, y la banda acaparaba portadas tanto en las revistas especializadas como en la presa rosa.
Se desentrañaban sus amoríos, sus continuas peleas, los incidentes que provocaban en hoteles, galas y otros actos… pero lo cierto es que los inicios habían sido muy distintos. Cinco jóvenes descarriados, cinco ratas de alcantarilla, que sobrevivían en las duras calles de Los Ángeles o viviendo apiñados en minúsculos apartamentos con condiciones higiénicas nulas, no tenían mucho aspecto de convertirse en millonarios de un día para otro. Pero así fue, porque, como otras veces ha ocurrido en el seno de algunas bandas históricas del rock, allí había verdadero talento, una chispa especial, una magia irrepetible. La pura y dura supervivencia les había forjado una actitud capaz de enfrentarse a lo que viniera, y no iban a parar hasta poner el mundo a sus pies.
Asi sucedió. Sucios, malhablados, rabiosos y sin nada que perder. Poseedores de la imagen arquetípica de rock stars, enfundados en sus chupas de cuero, sus botas de punta, sus pañuelos y trapitos, facturarían uno de los discos capitales de la historia del rock duro. “Appetite For Destruction”, un debut que cambio el rock, devolviéndole la energía y la espontaneidad perdida, y volvió a poner de moda un estilo musical, un modo de vida, del que ellos mismos eran máximos exponentes. “La banda más peligrosa del planeta”, como se les definió en su día, alcanzaría la gloria con un plástico cargado de mala leche, teñido de la rabia punk y heredero del mejor hard rock clásico de bandas como Aerosmith, AC/DC, o Led Zeppelin.
“Sweet Child O’ Mine”, un tema de amor que convivia extraño entre otras piezas plagadas de inconformismo y mala leche, sería el que les llevaría directamente a la cima, gracias a la programación continua del video clip de turno en la por entonces todopoderosa MTV. El disco iría así escalando los charts desde posiciones modestas hasta colocarse en el numero uno de las listas americanas, de donde no se movería en bastante tiempo, y hasta nuestros días ha continuado vendiendo a buen ritmo, con más de 15 millones de copias USA en su haber, convirtiéndose en un absoluto clásico y en el disco de debut más solicitado de todos los tiempos. Únicamente con un álbum, los Guns ya se habían convertido en la banda de toda una generación.
A partir de ahí y hasta nuestros días han estado continuamente en el ojo del huracán, levantando ampollas y creando polémica allí por donde pasaban. Axl Rose, su ególatra y carismático líder, poseedor de una discutida voz maestra, con ese característicos agudo desgarrado, y Slash, el guitarrista de melena rizada y sombrero de copa, votado varias veces mejor guitarra en varias revistas musicales y requerido por multitud de artistas como reputado músico en sus grabaciones y conciertos, serian las dos cabezas visibles del grupo, las que acapararían mas titulares tanto por su inagotable talento como por sus continuas peleas que llevarían al combo a la desintegración.
Cuatro años después de su debut discográfico y un álbum acústico con grabaciones primerizas de por medio (otro éxito de ventas) llegarían los dos volúmenes de “Use Your Illusion”, un cuádruple Lp que les llevaría a llenar grandes estadios allí por donde pasaban. 7 millones de copias vendidas de cada uno de los dos volúmenes se sumarian a su curriculum superventas. Dos álbumes en los que lejos de repetir la jugada de su opera prima se aventuraron a crear piezas extensas y épicas baladas sin olvidar los temas hard rockeros del pasado tales que “You Could Be Mine” o “Garden Of Eden”. Impactantes videoclips embelesaban o los adolescentes de la época y les convertían en ídolos de quinceañeras, especialmente gracias a la extensa balada de amor “November Rain”, fruto del maniático perfeccionismo de Rose, que sería uno de sus sencillos mas radiados.
Pero las cosas se iban descomponiendo, y la ruptura se constato tras una mastodóntica gira de mas de dos años por todo el planeta. El disco de versiones “The Spaghetti Incident? Y su revisión del tema de los Stones “Symphathy For The Devil” para la banda sonora de “Entrevista con el Vampiro” marcarían el final en 1994 de una de las bandas más poderosas de la tierra. Desde entonces sus caretos y declaraciones han seguido llenando las portadas de las revistas de cualquier país, ya que a pesar de su separación, siguen generando expectación y controversia con cada uno de sus movimientos. Los ex miembros del grupo han seguido, en menor o mayor medida, activos, obteniendo los mayores reconocimientos Slash con los dos line-up de sus Snakepit.
Axl Rose, con el nombre de la banda en su poder, ha reformado el grupo, y lleva intentando gestar un Lp de regreso, presumiblemente titulado “Chinese Democracy”, desde hace ya varios años.
Entre medias solo hemos podido disfrutar de su único álbum oficial en directo, el doble “Live Era “85-99” publicado hace tres años que contribuiría ligeramente a aumentar las ventas de sus discos hasta los 35 millones, y un nuevo single – “Oh My God” – para la banda sonora de “The End Of Days” que dejo divididos a los fans por la dirección que la banda (Axl) parecía estar tomando en su sonido. Pese a todo el revuelo en torno suyo, como a lo largo de su turbulenta historia, sigue siendo enorme, en especial después de su concierto en el Rock In Rio del pasado año. Sus discos continúan siendo adquiridos por las presentes generaciones de rockeros, y esperamos que pronto la torturada mente de Mr. Rose nos brinde el trabajo que consolide de nuevo el poder de este grupo o por el contrario le hunda para siempre en su vorágine perfeccionista y obsesiva. En cualquier caso, las pistolas y las rosas marcaron época.