Tema: Another Brick In The Wall, Pt.2
Album: The Wall
Año: 1979
Pink Floyd siempre fue un grupo de otra galaxia. Experimentadores natos, buscaban efectos atmosféricos, pasajes de intensidad sobrecogedora y tensión sentimental sin recurrir, al contrario de la creencia popular, a los intrincados planteamientos de otras bandas del genero progresivo-sinfonico. Poco tenían que demostrar ya en 1979 cuando en un periodo de cuatro años habían dado forma a tres magistrales obras como fueron “The Dark Side Of The Moon” y sus records de ventas (1973), el elegante “Wish You Were Here” (1975) y el alucinógeno “Animals” (1977).
Pero la ambicion de su líder Rogers Waters, que se había hecho con el mando después de que Syd Barrett desapareciera en una dimensión paralela de esquizofrenia y LSD, no tenia fin. Asi que se propuso crear una de las obras mas monumentales del movimiento, y el resultado fue el doble álbum “The Wall” (23 millones de discos en hogares estadounidenses), una opera rock en toda regla centrada en la figura de Pink, la neurótica estrella de la música acosada por los fantasmas de la frustración, la fama y la locura.
Las conexiones biográficas con el propio Waters e incluso con el mismo Barrett eran fácilmente identificables, por lo que el excéntrico Rogers decidió hacer suyo aquel proyecto desde el principio. En el fondo razón no le faltaba, pues aquella era en un 90% una obra de su mas estricta creación, pero eso provoco arduas tensiones en el seno del grupo, especialmente entre el megalómano y narcisista Waters y el guitarrista David Gilmour, que acabaron en una irreconsiliable enemistad de por vida.
El caso es que en el hilo argumental-musical de “The Wall” encontramos de todo un poco, desde duras guitarras de heavy rock a pasajes musicales operísticos. Pero lo que mas llama la atención es precisamente la canción “Another Brick In The Wall, pt. 2” – que salió como single en noviembre del “79, un mes antes que el disco- pues rompia con todos los esquemas prefijados por la formación británica.
El tema en si se trataba de un single en toda regla, algo sin duda extraño para un grupo cuyas “canciones” (si exceptuamos casos de todas formas no demasiado claros como “Money” o “Wish You Were Here”) eran lo menos propenso a ser radiadas que se conocía. Gran parte de la culpa fue del productor Bod Ezrin (Alice Cooper, Kiss, Lou Reed), casi un aliado de alquiler de Waters, cuya contribución al disco es sin duda mucha mas de la oficialmente acreditada.
Ezrin consiguió lo que parecía imposible, que este tema en clave de música disco fuera lanzado como sencillo y despachara en tan solo cinco días 340.000 copias. La verdad es que gancho tenia, con ese pegadizo “we don’t need no education” que en sus ultimas estrofas era entonado por un coro de niños. Una contribución por la que cada muchacho recibió una copia del disco y su escuela, la Brittania Row, una buena suma de dinero. Muchos recordaran al oir el tema las escenas de animación del desfile de los martillos creadas por el dibujante Gerald Scarfe para la película de Alan Parker basada en el disco y protagonizada por Bod Geldof, o las imágenes de la mastodóntica gira de presentación del álbum en la que el grupo tocaba frente a una monstruosa recreación del muro que aparecia en la portada del mismo.
Como veis, las ansias de grandeza de Waters no tenían fin. Quizá por esa relación entre el tema y la marcha casi militar de aquellos dibujos, aunque también por el contenido anti-educativo de su estribillo, el tema en cuestión fuera adoptado como consigna de protesta en algunas revueltas estudiantiles, prohibiéndose incluso en una Sudafrica que todavía vivía la resaca de las violentas manifestaciones antisegregacionistas del apartheid. Todo es posible en el universo pink floydiano.