Me enorgullezco de traer la sugerencia de un alumno, quien me indicó la escena de la película Un método peligroso donde podemos ver uno de los temas más interesantes de la historia del pensamiento.
Hagamos las presentaciones: la película citada fue realizada en 2011 por el director canadiense David Cronenberg, con un guión de Christopher Hampton basado en su propia obra de teatro de 2002 The talking cure, que a su vez estaba basada en una obra de no ficción de John Kerr de 1993 titulada A most dangerous method.
La película está protagonizada por Viggo Mortensen, Michael Fassbender, Keira Knightley,y Vincent Cassel; narra la situación del psicoanálisis en la Europa previa a la I Guerra Mundial, especialmente la situación en la controversia entre la figura emergente de Carl Jung (Michael Fassbender) y el padre de la terapia psicoanalítica Sigmund Freud (Viggo Mortensen), sobre la terapia en torno a la paciente de Jung, Sabina Spielrein, quien acabó convirtiéndose en una importante psiquiatra psicoanalítica y construyó el concepto de «pulsión destructiva y sádica» a partir de la cual Freud acabaría desarrollando su concepto de «pulsión de muerte». El guión es bastante fiel a la realidad histórica de estos tres personajes, aunque parece que la ficción entró en juego sobre todo en cuanto a las relaciones sadomasoquistas que aparecen entre Jung y Spielrein.
Hacia los dos tercios de la película aparece una conversación entre Sabina Spielrein y Sigmund Freud, precisamente donde la futura psiquiatra conversa con el afamado padre del psicoanálisis en torno al concepto de «pulsión destructiva y sádica»; en dicha conversación se puede observar el peligro de introducir en el debate racional elementos que no lo son, como las creencias religiosas.
Ciertamente existen multitud de películas en las que se puede ver este enfrentamiento entre razón y fe (por ejemplo en El nombre de la rosa, película de la que también hablamos en esta página dedicada al cine y la filosofía) de forma mucho más clara y evidente, pero precisamente por ese hecho me gustó especialmente la aportación de Óscar (mi alumno), al encontrar ese enfrentamiento en una película, en una escena, no dedicada a tal fin, y donde, sin embargo, queda meridianamente claro el problema.
El psicoanálisis ha sido y es puesto en duda en multitud de ocasiones, y está muy lejos de haber conseguido que la comunidad científica lo acepte como postura que cumple con todos los requisitos de una ciencia; no obstante, se critique o se defienda, el enfrentamiento entre sus defensores y sus detractores siempre se rige por el camino de la racionalidad, unos intentando demostrar que la racionalidad rige todos y cada uno de los elementos que componen su teoría, los otros intentando demostrar que hay fallos en la misma. En esa discusión todos podemos participar, únicamente necesitamos los conocimientos necesarios para tal hecho, pero esa discusión se rompe, se paraliza, si introducimos la fe por en medio, pues ocurre que ya no todos podemos participar, únicamente quienes posean esa fe entenderán de qué se está hablando, y por mucho que aprendamos y estudiemos no nos acercaremos ni un milímetro a una posición en la que podamos participar de la discusión, porque la misma, cuando entra en juego la fe, nos sitúa en ámbitos diferentes, por un lado una posición de racionalidad, común a todos los seres humanos, por el otro una posición sentimental (la fe).
¿Es respetable la fe? Por supuesto que es respetable, es una faceta humana que a muchos les ofrece esperanza, a otros felicidad, y en ocasiones ha permitido que algunos hayan alcanzado cotas de belleza que han dejado para la posteridad; pero una cosa es que sea respetable y otra que puede inmiscuirse en campos que no le pertenecen de suyo, y el conocimiento y la ciencia son los campos de la razón, no de la fe.
Sin más, y volviendo a agradecer a Óscar su aportación, os dejo con la conversación entre Sigmund Freud y Sabina Spielrein.
No suele importarme que un hombre crea en Rahma, Marx, o Afrodita, siempre y cuando lo deje fuera de la consulta.
Un método peligroso