Liechtenstein, uno de los estados más pequeños y peculiares de Europa, surgió como entidad política en 1719 cuando el Sacro Imperio Romano Germánico elevó el condado de Vaduz y la señoría de Schellenberg al rango de principado bajo el nombre de Liechtenstein. A pesar de su nuevo estatus, la familia principesca no residió en el país durante siglos, gobernando desde Viena y utilizando el territorio como forma de obtener influencia imperial. La historia del principado estuvo marcada por su discreta presencia en la política europea, manteniéndose neutral en los grandes conflictos que asolaron el continente, como las guerras napoleónicas y, posteriormente, las guerras mundiales.