Falasṭīn
Palestina, situada en el corazón del Levante mediterráneo, posee una de las trayectorias históricas más antiguas y complejas del mundo. En la Antigüedad fue el núcleo del antiguo Reino de Israel y de Judá, hogar del pueblo judío y escenario de los principales relatos bíblicos. Los imperios asirio, babilonio, persa, griego y romano transformaron el territorio, aunque la presencia judía se mantuvo constante durante siglos. Tras la destrucción del Segundo Templo en Jerusalén en el año 70 d.C., el exilio judío dio inicio a una nueva etapa en la que la región pasó a denominarse Palæstina bajo dominio romano.
Durante la Edad Media y la dominación islámica fue parte de los califatos árabes y del Imperio Otomano, que gobernó la región durante casi cuatro siglos. A lo largo de este tiempo, coexistieron musulmanes, cristianos y judíos en un equilibrio frágil, interrumpido por las cruzadas. Con la disolución del Imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial, el Mandato Británico de Palestina (1920-1948) hizo que crecieran tanto el movimiento sionista como la conciencia nacional árabe palestina. Las tensiones derivadas de la partición propuesta por la ONU en 1947 y la creación del Estado de Israel¹ en 1948 desencadenaron guerras y desplazamientos masivos.
Desde los Acuerdos de Oslo de 1993, parte de los territorios de Cisjordania y Gaza quedaron bajo administración de la Autoridad Nacional Palestina. Sin embargo, la división política entre Fatah y Hamás, el bloqueo de Gaza y los asentamientos israelíes han dificultado la consolidación de un Estado palestino. A pesar de los desafíos mantiene una identidad cultural arraigada, expresada en su arte, literatura, la búsqueda de reconocimiento internacional y la aspiración a la paz con el Estado de Israel.
• Ciudades y pueblos
Ramala, ubicada en las colinas de Cisjordania, se ha consolidado como el principal centro político y administrativo de la Autoridad Nacional Palestina. Su origen se remonta al siglo XVI como una pequeña aldea cristiana, aunque la región circundante estuvo habitada desde épocas mucho más antiguas. Durante el dominio otomano y bajo el mandato británico, Ramala creció como núcleo comercial y cultural. Tras 1948, y después de los Acuerdos de Oslo, la ciudad se convirtió en sede de instituciones palestinas y en un símbolo de la identidad nacional moderna. Su trazado urbano combina arquitectura tradicional en piedra caliza con edificios contemporáneos, reflejo de la transición de una ciudad histórica hacia un centro político dinámico en medio de un contexto complejo.
Belén, ciudad bíblica situada en Cisjordania, es una de las ciudades más sagradas del cristianismo por ser el lugar de nacimiento de Jesucristo. Su historia se entrelaza con las raíces del pueblo hebreo y con la expansión del cristianismo en época romana. Durante siglos, fue un importante punto de peregrinación, en torno a la Basílica de la Natividad, construida en el siglo IV por orden de Constantino y ampliada por Justiniano. La ciudad pasó por dominios cruzados, mamelucos y otomanos, manteniendo su carácter religioso. En el siglo XX, Belén se integró en el territorio de Cisjordania bajo administración de la ANP. Hoy es también un centro artesanal destacado, célebre por sus tallas en madera de olivo y su ambiente devocional que la conecta con la historia universal del cristianismo.
Hebrón, ciudad bíblica ubicada en Cisjordania, es una de las ciudades más antiguas del mundo, ya que cuenta con una historia de más de cuatro milenios. Fue un importante enclave cananeo antes de convertirse, según la tradición bíblica, en la ciudad de Abraham y en el lugar donde reposan los patriarcas del pueblo hebreo, en la Cueva de Macpela. Conquistada por David, Hebrón ha sido un punto clave para las tres religiones monoteístas. Bajo los imperios islámico, cruzado y otomano, mantuvo su prestigio religioso y comercial, destacando por su producción de vidrio y cerámica. En la actualidad, su casco antiguo conserva una arquitectura de piedra densa y laberíntica, en torno a los santuarios compartidos y disputados por judíos y musulmanes.
Jericó, ciudad bíblica ubicada en Cisjordania, es considerada una de las ciudades más antiguas habitadas del planeta, ya que tiene raíces que se remontan a más de diez mil años. Su posición estratégica y su abundancia de agua la convirtieron en un centro agrícola y urbano desde el Neolítico. En la Biblia es recordada por la conquista israelita bajo Josué y por sus murallas legendarias. Las excavaciones de Tell es-Sultan revelan sucesivas capas de civilización, desde los primeros asentamientos agrícolas hasta épocas helenísticas y romanas. En tiempos de Herodes el Grande se construyeron palacios y acueductos que atestiguan su importancia. Hoy combina ruinas, paisajes de oasis y vida rural, representando un vínculo entre el pasado y el presente de la humanidad.
Naplusa, situada en la región de Cisjordania, fue fundada en el siglo I d. C. por el emperador Vespasiano con el nombre de Flavia Neapolis, sobre una antigua ciudad samaritana. Desde entonces, ha sido un núcleo urbano clave de Samaria, caracterizado por su diversidad religiosa y cultural. Durante la Edad Media prosperó como centro comercial en las rutas entre Galilea y Jerusalén, destacando por su producción de jabón de aceite de oliva y sus zocos tradicionales. Las casas de piedra y los patios interiores reflejan la arquitectura otomana que aún domina su casco histórico. A pesar de los conflictos del siglo XX, Naplusa mantiene un fuerte dinamismo educativo y económico, siendo sede de la Universidad Nacional An-Najah.
Siló, situada en las colinas de Samaria, fue uno de los centros religiosos más importantes del antiguo Israel antes de la fundación de Jerusalén como capital. Según la tradición bíblica, aquí reposó el Arca de la Alianza durante varios siglos, convirtiendo el lugar en santuario principal de las tribus israelitas. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz restos de fortificaciones, viviendas y estructuras de culto que confirman su relevancia durante la Edad del Hierro. Siló fue destruida en torno al siglo XI a. C., posiblemente durante los conflictos con los filisteos, pero su memoria permaneció viva en la tradición hebrea. En época romana y bizantina se erigieron templos y una basílica cristiana sobre las ruinas, señal del continuo valor espiritual del sitio.
La Gran Laura de San Sabas, conocida también como Mar Saba, es uno de los monasterios más antiguos y emblemáticos del cristianismo oriental. Fundado en el siglo V por San Sabas en el árido desierto de Judea, se alza sobre un abrupto desfiladero del valle de Cedrón, combinando espiritualidad, aislamiento y belleza arquitectónica. Durante siglos fue un centro de erudición y misticismo, cuna de liturgias, manuscritos y tradiciones que influyeron en el monacato bizantino. A lo largo de su historia, soportó invasiones persas, árabes y otomanas, manteniendo su función como lugar de retiro para monjes griegos ortodoxos. El complejo, parcialmente excavado en la roca, conserva iglesias, celdas y un osario donde reposan los restos del santo fundador.
Herodión, una monumental fortaleza-palacio mandada construir por Herodes el Grande en el siglo I a. C., se erige como una de las obras más ambiciosas del periodo helenístico en Judea. Situada en una colina artificial al sureste de Jerusalén, combina elementos defensivos con lujos arquitectónicos dignos de una residencia real. El recinto contaba con torres, termas, jardines, cisternas y una gran escalinata que conducía al interior de la colina, donde se hallaron vestigios del mausoleo atribuido al propio Herodes. Tras su muerte, el lugar fue ocupado por los romanos y posteriormente por los rebeldes judíos durante la Gran Revuelta. En época bizantina se levantó una iglesia sobre las ruinas, reflejo de la cristianización del territorio.
El Monasterio de San Teodosio, también conocido como Deir Dosi, se encuentra en el desierto de Judea y fue fundado en el siglo V por San Teodosio el Cenobiarca, uno de los padres del monacato oriental. Concebido como una comunidad cenobítica, albergó a cientos de monjes procedentes de diversas regiones de Bizancio y se convirtió en modelo de vida ascética organizada. Su iglesia, dedicada a la Virgen María, fue reconstruida tras las destrucciones sufridas por invasiones persas y árabes. El monasterio conserva criptas con tumbas de monjes y santos, así como frescos y mosaicos bizantinos. Rodeado de colinas áridas, San Teodosio combina misticismo, historia y arquitectura, siendo un testimonio del cristianismo y de la continuidad de la tradición monástica en Tierra Santa.
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