Redacción TW.- En el extremo sur de la isla se encuentra Arona, un municipio con una extensión de 81,79 km² y una población de aproximadamente 80.000 habitantes. Antiguamente, esta área formaba parte del menceyato o reino de Abona, que quedó marcado en la historia como un refugio para los guanches cuyo reino había sido conquistado. La llegada de los conquistadores a la cala de Los Cristianos marcó el fin de esta resistencia.
En 1625, don Antón Domínguez y su hijo recibieron la tierra que ahora conocemos como Arona y decidieron construir la ermita de San Antonio Abad, sin darse cuenta de que estaban sentando las bases de una nueva población. Hasta ese momento, esta área estaba bajo la jurisdicción de Vilaflor. Fue en 1798 cuando se estableció el primer ayuntamiento de Arona en el pueblo.
La costa de Arona, que había sido escenario de conquistas y reconquistas, así como de ataques piratas británicos y berberiscos, se convirtió en un motor clave para el turismo en Canarias. Destacan en este sentido Playa de Las Américas y Los Cristianos.
A pesar de la actividad agrícola en el Valle de San Lorenzo, donde se cultiva plátano, tomate y flores, entre otros productos, más de la mitad de la población trabaja en el sector de servicios.
Hoy en día, la costa de Arona, a pesar de su topografía accidentada, ha sido acondicionada para recibir a un gran número de visitantes. Mientras que las zonas de Costa del Silencio y Las Galletas mantienen su carácter más conservador y son núcleos turísticos más pequeños, Playa de Las Américas, Los Cristianos y Pal-Mar han experimentado un desarrollo espectacular. A pesar de esto, todas estas áreas conservan el encanto de su historia, que se ha extendido desde las montañas y valles hasta llegar al mar.