La música pura, también conocida como música absoluta, es un concepto que surgió en el siglo XIX como una reacción al romanticismo programático, que vinculaba la música con historias o imágenes externas. Esta corriente propone la música como un fin en sí misma, enfocándose en su estructura, forma y belleza intrínseca, sin necesidad de representar algo más allá de su propio sonido.
Aunque la música pura se aleja de las narrativas externas, no significa que ignore las influencias del pasado. De hecho, muchos compositores románticos que adoptaron este enfoque mostraron una profunda admiración por el clasicismo musical, retomando sus principios de equilibrio, claridad y simetría. Por ejemplo, compositores como Johannes Brahms y Felix Mendelssohn incorporaron estructuras clásicas en sus obras, fusionando la profundidad emocional del romanticismo con la forma y disciplina del clasicismo.
Sinfonía No. 2 en Re mayor, Op. 73
Conocida por su tono pastoral y optimista, esta sinfonía refleja la influencia de Beethoven y el clasicismo.
Las Hébridas (Obertura en Fa menor, Op. 26)
Una obra inspirada en las islas Hébridas de Escocia, que muestra la habilidad de Mendelssohn para evocar paisajes a través de la música.