Duodécima Estación
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
1. LA ESTACIÓN
G. Duodécima estación: Jesús, después de perdonar a todos, muere en la Cruz.
M. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
T. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
G. Felices a quienes perdonaron sus faltas y cubrieron sus pecados.
T. Por tu amor y tu pasión, ten piedad de mí, Señor.
2. PALABRA DE DIOS
Lucas 23, 44-49
Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y diciendo esto, expiró.
3. RESPUESTA A LA PALABRA
M. ¡Sálvanos, Señor, porque ya no hay gente buena,/ ha desaparecido la lealtad entre los hombres!
T. No hacen más que mentirse unos a otros,/ hablan con labios engañosos y doblez de corazón.
G. “Me levantaré, dice el Señor, a dar mi ayuda al que suspira por ella”.
T. Tú nos protegerás, Señor, y nos preservarás para siempre.
4. CONTEMPLAMOS A JESÚS
M. El misterio de la encarnación reluce en la muerte del Señor.
T. Porque compartió nuestra suerte en todo, menos en el pecado.
G. La espada anunciada por Simeón a María...
T. Se clava ahora en el corazón de la llena de gracia.
G. Verdaderamente este hombre clavado en la Cruz...
T. Era el Hijo de Dios, el Salvador, el Redentor, el Buen Pastor.
5. CON LA MADRE DOLOROSA
M. Madre Dolorosa, ahí estás tú, al pie de la Cruz de tu hijo... firme, de pie. Al lado de tu hijo, ofreciéndote tú como sacrificio de consolación.
T. Y ves cómo un soldado traspasa con una lanza el corazón de tu hijo... y tu corazón María es en ese momento traspasado espiritualmente por la misma lanza...
G. La unión indisoluble de tu corazón con el corazón de Jesús, queda revelada para toda la eternidad. Tu corazón recibe místicamente los efectos del traspaso del corazón de tu Hijo.
T. Tu hijo ha muerto, y sientes el dolor, la soledad, pero también el descanso de saber que ya el mundo no le pueden hacer mas daño.
G. Qué grande eres María; tú, igual que tu hijo Jesús, llegaste hasta el final. Es en esa cruz donde tu hijo es elevado en su trono de Rey, que tú te conviertes en Reina.
T. Tu reinado María, lo alcanza tu gran amor y tu fidelidad en el dolor. Todo lo guardaste en tu corazón. ¡Todo lo hiciste porque confiabas en el amor del Padre!
6. PEDIMOS PERDÓN
M. Te pedimos perdón, Señor, porque al contemplarte crucificado...
T. Con frecuencia lo tomamos como una locura o un escándalo.
G. Perdón por no descubrir que en tu muerte se cumplía el plan de Dios.
T. Plan que habían anunciado, desde antiguo, tus santos profetas.
G. Perdón, Padre Celestial, porque siendo de Cristo, no hemos crucificado la carne con sus impulsos y deseos.
T. Por no dejar el nombre viejo.
7. ELEVAMOS SÚPLICAS
M. Concede, Señor, que nos gloriemos solo en tu Cruz.
T. Porque levantado en ella, atraes a todos los hombres a tu amor.
G. El hombre viejo que está en cada uno de nosotros...
T. Sea crucificado contigo, Señor, para que seamos hombres nuevos.
G. La disponibilidad al perdón esté en nosotros cada día de nuestra vida...
T. Para que imitándote, perdonemos a todos los que nos ofenden.
8. AGRADECEMOS AL SEÑOR
M. Gracias, Jesús, porque das la vida, para que la tengamos en abundancia.
T. Diste la vida por la reconciliación de la humanidad con Dios Padre y por la reconciliación fraterna.
G. Gracias por llamarnos y ayudarnos a la reconciliación fraterna y generosa.
T. Nos das vida nueva, corazón nuevo: por medio de la gracia del bautismo y demás sacramentos.
G. Gracias por llamarnos a vivir en comunidad, a servir con los hermanos a los más necesitados.
T. Único Pastor de las ovejas, quieres un solo rebaño.
9. NOS COMPROMETEMOS
M. Decidimos no conocer más que a Jesús, el Mesías; y éste, crucificado.
T. Fuimos crucificados con Cristo, ya no vivimos nosotros, es Cristo quien vive en nosotros.
G. Todo lo que vivimos en lo humano lo vivimos con la fe en el Hijo de Dios:
T. Que nos amó y se entregó por nosotros desde el árbol de la Cruz.
G. Queremos sentirnos orgullosos, Señor, sólo de tu Cruz.
T. Éramos ovejas perdidas, ahora volvemos al Pastor de nuestra vida.
10. CONCLUSIÓN
M. Oremos./ Padre Celestial, tu Hijo que murió en el árbol de la Cruz para que nosotros viviéramos nos conceda un espíritu abierto a la gracia que haga de nosotros nuevas criaturas.
T. Te lo pedimos a ti, por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
(Padrenuestro, Avemaría, Gloria.)