Por Ramiro Rodríguez Vargas / Turrialba Hoy
El presbítero Juan Garrido hizo un estudio para el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en el que busca razones para entender la merma que se evidencia en los candidatos a consagrar su vida a predicar la palabra y servir a los demás. El trabajo se llama “La Crisis Vocacional, una mirada desde la realidad”.
Es un hecho, los cambios sociales han provocado una disminución de interesados, básicamente porque han variado conceptos como “familia”, “religiosidad”, “relaciones interpersonales”, “sexualidad”, “autoridad paterna” y otros, que se perciben de una forma diferente y provocan en la juventud aspiraciones diferentes a las del pasado, cuando estudiar más allá de la secundaria era casi equivalente a consagrar la vida al Señor, se extrae del texto mencionado.
Rogelio Díaz, turrialbeño que recién se ordenó como Diácono de la orden de los Vicentinos, relata que efectivamente su grupo era pequeño y que no son todos los que inician estudios en estas actividades quienes terminan su formación, “hemos cambiado de una cultura de bases religiosas sólidas a una en la que las convicciones son débiles y fluctuantes, líquidas, según el sociólogo, Zygmunt Bauman, y eso tiene un efecto sobre la posibilidad de adquirir compromisos para toda la vida”, expresó Díaz.
Para Díaz ese cambio en las estructuras sociales, hace que la gente prefiera lo que le da placer inmediato o a corto plazo, le da miedo comprometerse de manera permanente, y como las vocaciones religiosas llevan implícito una dedicación para toda la vida, pues claro que eso afecta la aparición de candidatos con ese compromiso. Recordemos que una vocación es un llamado a servir que Dios le hace a una persona, no es exclusiva para sacerdotes o monjas, hay otras formas y otras actividades donde la vocación está presente, porque también es un llamado del Ser Supremo, comentó el Diácono.
De la Misma Manera Sor Flor María, de la congregación de hermanas de SION, consideró que efectivamente enfrentan una realidad en la que las aspirantes a novicias disminuyen en comparación con el pasado, pero en su criterio, hay otras maneras en que se puede enfrentar esa situación, por ejemplo ellas han encontrado una alternativa en los carismas, agrupaciones, comunidades, movimientos, misioneros, hermandades y otras, que permiten incorporar a los laicos en el servicio que tradicionalmente han ofrecido las Hermanas de Sión. “Dios no da la misión y nos da los medios para lograrla”, dijo la religiosa.
RELIGIOSOS Y MISIONEROS
Normalmente la carrera sacerdotal implica una formación basada en la religión y la espiritualidad, sin dejar de lado la parte humanística, pero hay diferencias dependiendo de las congregaciones, unos estudian para llegar a ser sacerdotes y tener a cargo una parroquia, otros, como en el caso de Rogelio, tienen otra orientación, aunque pueden oficiar misa, lo principal es la misión que les encomiendan, generalmente en zonas donde las limitaciones son la constante, como los territorios indígenas y las comunidades en riesgo social.
En esas realidades ellos no van a imponer creencias, ni a cambiar costumbres o rituales culturales, van a participar sobre la base del respeto a las tradiciones, a ser parte de la comunidad y, siempre que las comunidades lo permitan, ayudar en la solución de los problemas que enfrentan, sin alterar el modo de vida de los habitantes.
Es cierto hay una situación distinta, disminuyen los interesados en las actividades religiosas, lo que obliga a ser creativo y buscar alternativas para mantener la espiritualidad, componente esencial del ser humano.