Esteban Rodríguez Zamora / Turrialba Hoy
Gabriela Montenegro es una joven que un día decidió darle un giro a su vida y desde hace 3 años y medio cambió la ciudad en el valle central, por una hermosa casa en La Selva de la Suiza. Internada en un lugar mucho más cerca de la naturaleza y la tranquilidad de vivir en zona rural, se instaló y ha convertido a Turrialba en su hogar. La campiña se ganó su corazón.
“La razón principal fue la búsqueda de un espacio donde la naturaleza abunda, precios bajos de renta y donde me pueda desarrollar artísticamente” dijo Montenegro. Al consultarle las cosas positivas acerca de convertirse en turrialbeña, Gabriela comentó, “el cambio de estilo de vida viniendo de una ciudad es enorme. La calidad de los productos frescos, los paisajes enamoran, negocios dirigidos por familias turrialbeñas, el turismo no está (aún) explotando el espacio, conciencia y protección ante los ríos, el ciclismo y deportes de aventura están activos”.
Durante el 2021, Gabriela decidió abrir las puertas de un negocio llamado “Dimonte” una galería de arte y tienda donde se venden solo artículos hechos por manos turrialbeñas para impulsar su arte y el de muchas otras personas jóvenes.
Irse de la ciudad indefinidamente
Dejar el valle central e instalarse en nuestro cantón por algunos meses o tiempo indefinido es una tendencia que fue creciendo conforme fue avanzando el año 2020 con la llegada de la pandemia por Covid. El teletrabajo en empresa privada o estatal devolvió a muchos turrialbeños a sus hogares, ante la incertidumbre de los meses que pasaban y sobre todo para bajar el costo de alquileres muy altos en el valle central.
Sumado a eso empezó una ola de personas que sin ser de nuestro cantón optaron por convertirlo en su casa y lugar de trabajo. Muchos y muchas aprovechando la virtualidad, como es el caso de la pareja conformada por Alejandra López y Marcos Pitti, quienes en el 2020 y debido a la pandemia tuvieron que cerrar su negocio llamado Carpe Chepe. En ese momento decidieron aprovechar la oportunidad para vender todo lo que pudiera e irse de San José indefinidamente. Actualmente llevan ya año y medio moviéndose por el país viviendo por periodos largos de tiempo. Primero en Guanacaste, luego en La Fortuna para luego establecerse en Turrialba.
“La elección del lugar realmente responde a que me salió una oportunidad laboral de venir a ayudar en unos proyectos en una empresa operadora de turismo como consultor. Todo sucedió justo cuando estábamos por cambiar de lugar donde vivir. Cosas que nos gustan han sido en gran parte el apartamento que alquilamos, pequeño pero rodeado de naturaleza y que parte de las ganancias que hacen sus dueños es para facilitar el acceso a salud mental para personas que no pueden costear los gastos” dijo Marcos.
Para ellos lo valioso de vivir en Turrialba son las diversas opciones de actividades al aire libre que se pueden tener en distancia cortas. “Nos gusta bastante ir por ejemplo a las ventas el fin de semana a comprar producto fresco y en general no podría mencionar cosas negativas de nuestro paso por Turrialba” finalizó.
Nómadas digitales
Denisse Campos es originaria de Alajuela y en el 2021 decidió junto a su pareja y sus dos hijas ubicarse en Turrialba, específicamente en La Esmeralda. “Surgió la oportunidad de una casa bellísima en la montaña y algo que siempre busqué para mis hijas fue lugares rurales para vivir y Turrialba ha sido de los lugares más lindos. Turri tiene un clima muy impredecible, hay que tener chanclas, botas de hule y tenis porque uno nunca sabe, así como abrigos o ropa para el calor y eso me parece algo muy exótico y hermoso”, dijo Campos. Ella también se suma a la lista de nómadas digitales, ya que su trabajo lo puede realizar desde cualquier lugar con conexión a internet.
Esta madre y artista dedicada a la percusión a lo largo de su vida, cree que a los niños hay que darles espacios mas abiertos y más naturaleza para que desarrollen nuevas habilidades y muchos más gustos por el medio ambiente. “Yo me enamoré de la gente. Los turrialbeños tienen algo que yo no he encontrado en otros lugares donde he vivido. Uno se monta en un taxi y hace un amigo, va a la pulpería y siente que hace otro amigo o amiga. Aquí en la Esmeralda he encontrado gente tan generosa, dispuestas a ayudar y colaborativas en todo sentido”, comentó.
Felipe Cordero Ramirez es originario de Heredia y llegó a Turrialba en agosto del año anterior, buscando alejarse de los mismos ambientes de siempre en el valle central. Trabaja también remoto para una compañía internacional desde su casa en el barrio Nuevos Horizontes y según comentó había algo que lo llamaba a vivir “afuera de la casa”.
“Al llegar la pandemia pensé en venirme a Turrialba, me pareció que también era la oportunidad de reabrir un negocio de manufactura y por supuesto el agravante de que mi pareja es de aquí” dijo Cordero. “Dentro de lo positivo (de vivir en Turrialba) es el ritmo de vida, al ser un "puerto sin mar" se nota la poca prisa y el disfrute de su gente hasta a la hora de conducir, acá nada urge, tiene una economía la cual es un secreto a voces, basada en el trueque y la informalidad y creo que sigue siendo la casa del círculo de poetas del 29, sin duda hay una idiosincrasia muy marcada”, finalizó.
Sidhartta Mejía Guzmán es un artista plástico a quien la pandemia lo sorprendió de camino a hacer unos proyectos a Panamá. Allá cancelaron todo y regresó a tiempo al país justo antes de que cerraran los aeropuertos. En ese momento unos amigos alquilaron una cabaña en Santa Elena, camino a la Esmeralda y decidió venirse por unos meses para alejarse de la ciudad ante la incertidumbre de la pandemia. Ellos se mudaron y así le quedo la cabaña, decidiendo quedarse más tiempo e instalar su taller acá donde lleva viviendo 2 años.
“He tenido mucho contacto con cosas que normalmente en Curridabat no estaban tan presentes como las dinámicas de vivir más cerca de la naturaleza, la posibilidad de sembrar, valorar las vivencias de los campesinos y la ruralidad. Aprendo de la zona, Turrialba me atrapó, es un lugar maravilloso para vivir con la cantidad de micro climas que tenemos. El volcán lo puedo ver desde mi casa, el centro de Turrialba también, puedo hacer caminatas, recorrer cataratas, ríos y pozas”, mencionó.
Mejía señaló que le ha sorprendido mucho la sepa tan importante de artistas, de músicos, literatura, pintores y eso le ha parecido muy particular y le ha encantado saber que hay muchas otras cosas por descubrir.
Lo negativo
Para los entrevistados hay un gran trabajo que hacer en diferentes temas como la recolección de deshechos y el reciclaje, mejorar la red vial del cantón, que las escuelas de pueblos más alejados tengan un mejor acompañamiento de parte de las autoridades para aumentar la calidad de los servicios que dan y que tengan un acceso digno a temas como la conexión a internet.
Otros temas que indicaron de suma importante para atender es la falta de oportunidad laboral, demora en mejorar vías de ciclismo y falta de horarios en el transporte público.
Para Sidhartta, es necesario crear enlaces o redes de artistas, deportivos que podrían aumentar la oferta artística local, como puntos de encuentro para las diversas manifestaciones culturales de Turrialba.
Para Felipe Cordero por ejemplo lo malo, es que no hay voluntad política de avance, de resucitar un pueblo que fue embargado con el ferrocarril y la angostura y estocado con la 32. Turrialba lo tiene todo, menos el mar, tiene aventura, naturaleza, turismo rural y una comunidad ansiosa de liderazgo, y que finalmente es más que una ciudad dormitorio.
Los entrevistados señalaron también serios problemas en temas de infraestructura del centro del cantón y suciedad en las calles, pero en general admitieron que son problemas que enfrentan muchas de las comunidades o cantones del país.
Fabiola Alfaro
1- ¿Por qué Turri?
Cuando la gente me hace esta pregunta yo les cambio la pregunta por ¿Por qué no Turrialba? A mí me trajo un gringo (mi pareja) a Turrialba. Yo nací y viví toda mi vida en Heredia, en un pueblito de Santa Bárbara. Bastante rural -creo que por eso fue fácil hacer la transición acá. Al principio veníamos mucho a pasear porque practicamos kayaking y en Turrialba la escena de este deporte es muy grande. Siempre estábamos haciendo viajes al Pacuare y a Pejibaye. Además, yo soy ciclista y Turrialba tiene lugares increíbles para realizar este deporte. ¡Es la primera ciudad deportiva del país! Eventualmente se nos presentó la oportunidad de comprar en una zona con vista y alejada -pero cerca al mismo tiempo- del centro. Y sin pensarlo dos veces, nos instalamos en este pueblo.
Actualmente tenemos un proyecto de reforestación, hemos sembrado alrededor de 400 árboles de diversas especies y esto no corresponde ni a un 20% de lo que esperamos sembrar. Hemos sembrado el árbol de Tirrá que ahora es escaso en la zona. La idea de vivir acá es seguir protegiendo los recursos y utilizarlos de manera consciente para la producción de algunos de nuestros alimentos.
La gente se sorprende cuando escucha que una pareja de personas jóvenes se vino de Heredia/USA a vivir a Turrialba, especialmente porque las oportunidades laborales son escasas. No obstante, parte del éxito en nuestra fórmula es que ambos tenemos trabajos con empresas extranjeras los cuales nos permiten trabajar desde nuestro hogar.
Uno de mis sueños es poder desarrollar algunos proyectos con la comunidad sorda de la zona, yo hablo LESCO y, curiosamente, aquí hay una población bastante grande de sordos. La idea es ofrecer clases de ejercicios funcionales o rutinas de gimnasio guiadas en LESCO.
Hacer estos espacios inclusivos para ellos y combatir el sedentarismo. Aunado a esto, queremos apoyar a la niñez para que siga practicando los deportes en el río. El río en esta zona representa oportunidad de empleo, es también una actividad recreativa sana, y abre las puertas al bilingüismo y al mundo.
2- Cosas positivas
Turrialba tiene una riqueza cultural muy importante. No hay nada más lindo que caminar por las calles del centro y ver las facciones cabécares (pueblos originarios), su dialecto y su autenticidad. Por otra parte, la gran influencia que tiene del Caribe. Es como un puerto sin mar. El volcán Turrialba, Guayabo, Aquiares, la feria del agricultor, los ríos, cataratas, la humildad y simpatía de la gente, el parque, el clima, el arte de los postes. Turri es un pueblo muy lindo, pero no deja de ser un pueblo. Para mudarse a Turrialba, hay que tener afinidad por lo simple, la vida tranquila y la naturaleza. Ruralmente auténtico, así como lo describe su eslogan. A pesar de ello, el centro de Turrialba cuenta con todos los servicios, es una ciudad muy completa.
De Turrialba han salido y existen artistas de renombre, el poeta Jorge Debravo, el pintor de la técnica naif don Juan Castillo Ramírez, artistas de la modificación corporal, cantantes y músicos, periodistas, entre otros.
3- Por mejorar
En Turrialba hay demasiada pobreza. Tiene números altísimos de robos “chicos” y lo más lamentable es que hay mercado para vender los objetos robados. Mucha gente en situación de calle: alcohólicos, drogadictos.
Uno de los temas más importantes es el desempleo. Esto debería de ser el principal objeto de estudio de los gobiernos locales. La oferta gastronómica es bastante limitada. Los supermercados no ofrecen productos de calidad ni tampoco variedad. (En nuestro caso hacemos las compras en Tres Ríos)