Por Ramiro Rodríguez Vargas
La muerte de Marco Aguilar Sanabria, además de dolorosa y conmovedora, me hace reflexionar sobre el paso por la vida y la ineludible fecha final de la existencia. ¿qué nos llevamos?, ¿Qué dejamos?, ¿qué logramos?
Marco sin duda no se lleva nada, porque así fue su existencia, apacible, tranquila, empática, sin aspavientos inefables, siempre en su mundo de sonetos y figuras literarias, intentando conmover el pensamiento y la sensibilidad de quienes tuvimos la dicha de leer sus trabajos y más aún de compartir amenos ratos de tertulia, porque hay que decirlo, conversando con Marco, se pasaba un rato de solaz aventura dialógica.
Por eso, a la hora de medir la trascendencia de nuestro paso vital, lo importante no es lo que nos llevamos, si no lo que dejamos, eso es lo que puede hacer la diferencia entre un ser que pasó por la vida, siendo parte del experimento de la naturaleza, pero sin aportarle algo a ese proceso evolutivo o alguien como Marco, que deja huellas imborrables y recuerdos que vivirán por siempre.
Vivirá en esa capacidad para trascender lo lineal, para transitar con el sol por encima de lo superficial, y en ese virtuosismo para explorar diversos y diferentes ángulos de la semiótica, jugar con perspicacia con verbos, adjetivos, artículos, sustantivos y otros elementos del lenguaje español, para presentarlos a su modo y manera, casi siempre acompañados de un elemento sorpresa inédito.
Desdichadamente en este lindo terruño somos más asiduos a reconocer lo ajeno que lo propio, y con Marco también se cometió el pecado de invisibilizarlo, en lugar de enaltecerlo, excepto entre el grupo de amigos que en muchas oportunidades arropamos su trabajo y reconocimos, aunque fuera en silencio, sus dotes de bardo y su infinita inspiración. También creo que Marco, en razón de su humildad, le hubiese hecho un “oooole”, a cualquier iniciativa para encumbrarlo al lugar que merecía.
Marco Aguilar Sanabria, vivirás por siempre en nuestra memoria, hasta que el tiempo nos envíe a compartir de nuevo en ese sitio desconocido que es la eternidad, con el legado que dejas, sin duda cumpliste tu misión. Me duele por quienes no le conocieron.