Inicios
A finales de los años 60 y principios de los 70 se construyó la casa de Don Alex Pirie, edificio que hoy ocupa el Hotel Villa Florencia. Es así como nace la famosa “Casona“, la cual luego fue habitada por doña Isabel Chanto y su esposo Carlos, quienes le comunicaron a Gustavo Obando Luna e Ida Herrera Rodríguez, la inquietud de que compraran la propiedad.
El mismo Carlos cada vez que se encontraba con Gustavo le hacia el comentario, “Porqué no compran la casona? Y Obando le contestaba, a modo de broma, “usted lo que quiere es vernos en la cárcel”,aunque Gustavo reconoce que a él la idea le revoloteaba en la cabeza.
El tiempo pasó y como un chispazo de suerte llegó el día en que Gustavo y su esposa Ida tuvieron que atender un evento del Catie con su Catering Service en la famosa casa. “Desde que íbamos entrando por el portón principal sentí algo diferente, (Este lugar tiene algo especial, es una bendición para la familia y para cada persona que lo visita) es algo que nunca había sentido.
Desde el momento que recorrímos la propiedad me nació la inquietud de saber si el lugar podría servir para emprender algo, dijo Gustavo, recordando aquellos primeros pasos al interior de lo que se convertiría, tiempo después, en la realización de su sueño.
Con los propietarios creció una amistad mientras la joven pareja atendía la cafetería del Catie. Fue así como empezaron a nacer más formalmente los ofrecimientos para tomarla. “Querían que adquiriéramos la propiedad, la cuidáramos, la convirtiéramos en algo más que una casa antigua” dice Gustavo.
Iniciaban los años 2000 y el matrimonio salía adelante entre la cafetería y la venta de repostería por parte de Gustavo, por lo que un día recorriendo los pasillos de las oficinas del Catie, se topa a la abogada Clarita Solano y ella también le propone comprar la propiedad.
Sabiendo que era todo un reto y sacrificio para la familia, se arrollaron las mangas para salir adelante. “La propiedad estuvo 5 años en remate y nadie vino, estaba muy deteriorada y sabíamos que había mucho por hacer. Con Ida embarazada de Gabriela, nos dispusimos a trabajar durante el día en la cafetería del Catie donde fuimos concesionarios por 17 años y por las tardes en la limpieza y acondicionamiento de las habitaciones de lo que sería el hotel. Pasabamos las noches cuidando y soñando con cada momento y cada inversion” recuerda Gustavo.
La decisión no fue fácil, era mucho dinero de por medio, mucho trabajo de inversión y sobre todo una gran incertidumbre sobre el futuro turístico en la zona, por lo que fueron días y noches de mucha angustia, pero al final del túnel había luz.
“Con la bendición de Dios tuvimos clientes que adoptaron este lugar como su casa, compañias como Gas Natura Fenosa de España y Caterpilar Tuneling Canada dieron su voto de confianza para contratar los servicios de hospedaje y alimentación, lo que ayudó al crecimiento de lo que hoy es Hotel Villa Florencia, sin dejar de lado instituciones publicas y clientes turrialbeños” señala Obando.
En el l año 2004 Gustavo e Ida toman la Casona como se le llamaba, pero no hubo una gran fiesta de celebración, todo lo contrario, los recibieron zacatales, labores de construcción, convirtiéndose en peones de finca, ser sus propios guardas nocturnos luego de salir del trabajo y sobre todo pasar las primeras noches en este lugar en medio de una naturaleza profunda y bendecida. Fue así como por las noches una gran cantidad de sonidos que desconocían les tomaban por sorpresa.
Los primeros pasos
En septiembre del 2005 abre sus puertas el Hotel Villa Florencia con apenas 9 habitaciones. Inician con las mejores energías de forjar un futuro para esta familia, dotados de mucho amor y determinación para enfrentar todo un reto.
Y aunque no tenían restaurante en aquellos primeros y emocionantes días, si los recibía por la mañana un delicioso desayuno nacido de las ganas de dar la mejor impresión. “Desde aquel lejano arranque, lo principal era hacer todo con mucho cariño, estar presentes para cada una de las personas que llegaran a hospedarse, dando el mejor servicio y transmitiendo que no solo éramos un negocio, sino una experiencia.
Queríamos fomentar el ponerse en los zapatos del cliente, desde el jardinero hasta el gerente de operaciones y ante todo que quienes los recibían era una familia” señala Gustavo.
Mantenerse en el negocio fue el primer escalón, luego vino la fase de crecer, ver hacia adelante y las bendiciones empezaron a llegar. “Yo soñé con un día ver una piscina, luego imaginé una sala de eventos, y gracias al esfuerzo de nuestra familia, podemos ver como hoy nosotros ayudamos a la gente a convertir sus sueños realidad, con matrimonios, quince años y graduaciones. Hoy damos gracias a Dios por eso” comenta.
Actualmente, el Hotel Villa Florencia cuenta con 24 habitaciones, donde además de la estructura original de la Casa Pirie, hay ampliaciones, pero también un edificio de 10 habitaciones, un restaurante (abierto al público) y la ya mencionada piscina.
Un hotel rodeado por cañaverales y un cafetal de donde además se recoge una jugosa cosecha a la venta en el mismo negocio, jardines y zonas verdes constantemente cuidadas y aumentadas para brindar ese ambiente único a montaña.
A estos edificios se suma además un salón de eventos como pocos en el cantón.“ Cuando uno tiene sueños, hay que empezar a trabajar por ellos. Para mí la atención inicia por una buena cama donde dormir, una buena almohada donde recostar la cabeza.
Somos bendecidos con este paraíso que además es el hogar de muchísimas aves oropéndolas, quienes encuentran en los árboles de la propiedad el lugar ideal para su reproducción, ¿que mensajes más bellos nos aportan cierto?”, comenta Gustavo mientras el canto de las aves se extiende por toda la propiedad.
“El Hotel Villa Florencia ofrece algo más que un hospedaje, ofrece una experiencia. Pocos son los lugares donde se puede despertar y tener el canto de las aves, un amanecer envidiable en la zona, en un lugar rústico, folclórico, cargado de historia y con un grupo de colaboradores cargados de un carisma familiar que nos reta cada día a honrar nuestros valores (respeto, integridad y servicio)” mencionó Obando.
El futuro es hoy
El Hotel Villa Florencia también enfrentó momentos difíciles durante la emergencia sanitaria por la pandemia del covid 19, la ausencia total de turistas durante unos 3 meses fueron un duro golpe económico y emocional, sin embargo, siempre se mantuvo la esperanza de seguir adelante y esperar que todo mejorara.
Hoy Turrialba y sobre todo el área en donde se encuentra el hotel es protagonista de uno de los mayores avances en infraestructura de la historia con la llegada del nuevo Hospital William Allen, por lo que desde su administración se observa muy claramente el desarrollo de la zona, a la espera de un ofrecimiento comercial siempre con un concepto de la mano con la naturaleza.
Con la esperanza de ser líderes y promotores de la generación de empleo y la conciencia ambiental, el hotel continúa trabajos tan ejemplares como los programas de sostenibilidad turística, impulsando la utilización de las instalaciones para todas las personas y las diferentes discapacidades, a través de la creación de rampas y accesibilidad total.
“Hoy doy gracias primero a Diosa Ida, a mis hijas (María Jose y Gabriela) a todos nuestros familiares, en especial a Doña Miriam, madre de Ida y a don Rafael Herrera que de Dios gocen, a mis padres Yadira y Otton por ser parte de este proyecto familiar y por supuesto que a todos nuestros colaboradores” finalizó Gustavo.