Esteban Rodríguez Zamora / Turrialba Hoy
Juan Castillo Ramírez está seguro que mucho antes de aprender a leer y escribir, ya pintaba. Desde que llegó la maestra a matricularlo a su casa en el viejo pueblo de Florencia, lo primero que hizo fue mostrarle sus primeros bocetos.
Durante toda su escuela dibujó y dibujó sin cesar, tanto que del mismo centro educativo le invitaban a ilustrar los diferentes momentos históricos y celebraciones que iban teniendo durante el año. Al colegio nunca fue, pero trabajando en los años 80 en San José se enamoraba viendo las obras que se exponían en la Galería “Octubre 8” en Paseo Colón. Un día tomó valor y entró al lugar, decisión que marcaría su vida porque desde ese momento resolvió que lo suyo era la pintura y hoy 38 años después es uno de los más importantes pintores turrialbeños.
Juan Castillo es lo que se conoce como un pintor de arte Naif, que significa ingenuo o infantil. Y esto se debe a esta particular forma de creación de sus obras, donde con estilo propio retrata hasta el día de hoy su visión de la época más linda que recuerda, su niñez en Florencia. “Para mí es una gran satisfacción crear cada nuevo cuadro, siento lo mismo como cuando niño hacía mis primeras líneas en la escuela. Son los paisajes, las tradiciones, las costumbres que yo recuerdo de la vieja Florencia. El tren, las mascaradas, las carretas, los trapiches, lo que significaba vivir en una hacienda” mencionó el artista.
Estilo propio
Juan es un artista que ha recorrido el camino de la pintura imponiendo su estilo único. Desconoce hasta el día de hoy alguna otra persona que se dedique específicamente al arte naif y aunque nunca recibió una clase en su vida, es una persona realizada por que sus obras nacen de lo más profundo de sus recuerdos.
Actualmente expone más de 40 obras en la Marquetería Turrialba de Enrique Salazar. Su técnica es la de acrílico sobre lienzo y durante los últimos 38 años sus pinturas han sido convertidas en posters, tarjetas, rompecabezas y serigrafías.
“Mi niñez fue muy linda, llena de juegos, donde vivir al campo abierto fue un privilegio. Quiero dejar esa sensación quien las futuras generaciones. Yo amé la escuela y por eso siempre le hago un campito en mis pinturas, pero también podemos descubrir los cultivos más importantes del cantón, los personajes, sus fiestas, sus medios de comunicación, los árboles más representativos y muchos pájaros también”, dijo Castillo.
“Es muy difícil vivir del arte, pero es muy satisfactorio” finalizó el pintor, quien asegura que en su taller ubicado en Carmen Lyra es donde pasa horas dejándose llevar por los recuerdos entre colores y trazos.